Autor: Oliva Santos, Andrés de la . 
 Universidad de Alcalá: sigue la polémica. 
 El error del profesor Calvo     
 
 Ya.    08/12/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL ERROR DEL PROFESOR CALVO

Felipe Calvo ha cometido un gran error, un grave pecado contra la nueva moralidad de los neofascistas

marxistas y contra el oportunismo de los ganapanes de la política. Felipe Calvo, profesor universitario ha

incurrido en la ilusión de querer ir poniendo, a 29 kilómetros de Madrid, las bases de una universidad.

Nada menos. Yo no digo que en Alcalá de Henares -todo marchase sobre ruedas. Me consta que se ha

tenido que improvisar. Sin embargo, el meollo de lo sucedido—y de lo que venga—estriba en que Felipe

Calvo se estaba dedicando con ardor universitario a poner cimientos firmes para el futuro. Pero el ardor

universitario es tan admirable y escaso como la entereza de. los mártires. Y eso es lo que lleva camino de

ser el profesor Calvo, el último o penúltimo mártir importante de la demolición universitaria.

Dicen algunos que Felipe Calvo no tiene mano izquierda. Por lo visto, para hacer una universidad la mano

izquierda es, como si dijéramos, mano de santo; La mano derecha debe ser la de mártir. Todo es muy

congruente, el país progresa, los ciudadanos son felices, pero yo no entiendo nada. Para hacer una

universidad no hacen falta profesores solventes, ni estudiantes de verdad, ni dirigentes con criterio sobre

lo que han sido y son las instituciones universitarias que van quedando. No hace falta saber las cuatro

reglas para pasar a los quebrados. No tiene sentido plantearse la moralidad de costaría al contribuyente

entre 120.000 y 200.000 pesetas al año para no aprobar después ni una asignatura. Para hacer una

universidad lo que importa no es que se enseñe y se aprenda con seriedad. Para hacer una universidad lo

que importa es saber negociar. Antes, negociar era cosa de tipo mercantil, para lo que no se requería

ningún título. Ahora, según se ve, ha adquirido la superior categoría universitaria, tos rectores y los

decanos tienen que ser negociantes. Y ios profesores, en lugar de saber Hacienda Pública o economía o

literatura inglesa, tienen que saber obedecer, sonreír y decir que llueve cuando suceden otras cosas. Se

negocia "meter" dos mil personas donde se ha dicho que, como máximo, cabían sólo mil (no Importa que

luego no aparezcan más que quinientas). Se negocia permitir al sufrido estudiante una"permanencia

indefinida en su rol de "trabajador intelectual". Se negocia que profesores Ignorantes aparenten enseñar a

alumnos que no pueden o no quieren aprender. Se negocia el aprobado general, "político" o "apolítico". Y

la Universidad ofrece el siguiente panorama: una serie de islotes donde se han recluido a trabajar los

verdaderos profesores y una constelación de alumnos que se encierran a estudiar por su cuenta y acceden

de vez en cuando a las cátedras, los departamentos, las bibliotecas y los laboratorios que funcionan. Fuera

de eso, una masa que pulula por recintos de paredes pintadas, tachadas y vueltas a pintar, recintos

cochambrosos e Inhóspitos, en los que . cuelgan proclamas y carteles y en los que los partidos políticos

celebran gratuitamente mítines diarios.

PRESIÓN HACIA CINCO METAS

Por supuesto que todo lo anterior cuesta dinero. Mucho dinero, pagado por todos. Pero lo grotesco es que

la dilapidación de los caudales públicos se produce, no por Un interés particular de lucro, sino por el

irresistible empuje de sectores sociales muy amplios: padres obcecados y partidos y sindicatos en busca

duce no por un interés particu->Je votos. Y, siendo la situación tan grave y nosotros tan radica´ les como

somos, en vez de adoptar medidas tajantes, la Universidad eufre presiones fortísimas que apuntan a los

siguientes objetivos:

1) Introducir por vías de hecho un sistema de "gobierno" universitaria, supuestamente democrático y

simplemente irracional, que es el de la "cogestión paritaria"; 2) convertir al profesorado Interino y

temporal en profesorado permanente mediante mecanismos de máxima facilidad. También en este punto

se actúa por vías de hecho y al margen de la ley, si no con violación abierta de ella. Ahí está muy

avanzado el proceso de aprobación de un Estatuto del profesorado en la UC de Barcelona» Estatuto

elaborado por un grupo de los llamados PNN. Para muestra de la calidad y de la intención del tal Estatuto,

basta conocer que en el epígrafe sobre "control del profesorado" se prevé tener en cuenta "su actividad

como universitario en aquellas tareas extrauniversitarias que a la Universidad le competen..."; 3) controlar

Intelectual e ideológicamente el mayor número de Universidades al socaire de su normativa propia y de

su autonomía. No hablo a humo de pajas, sino que poseo datos muy concretos demostrativos de lo que

acabo de decir y de las presiones ejercidas sobre quienes no han sido considerados partícipes de la "nueva

ortodoxia"; 4) impedir que se implanten las necesarias pruebas de aptitud en los centros universitarios; 5)

apoyar una valoración de rendimientos prácticamente nula, por vía de coacciones graves a los profesores

que se atreven a suspender al que no sabe. En resumen, y como se puede apreciar, exactamente todo lo

contrario de lo que reclaman la razón, la escasez de nuestros recursos, la moral colectiva y la Justicia

social. Exactamente lo contrario de lo que el país necesita. ¿Necesita recuperar una Universidad seria?

¡Pues no se escatiman esfuerzos hasta destrozarla! Y esto sucede porque unos ttenen extraordinario inte-

rés en quedarse solos con establecimientos aptos para adoctrinar masas, mientras otros no entienden, ni

han entendido nunca, ni minea entenderán, nada que no revierta inmediatamente en satisfacción de su

ambición y de su bolsillo.

Aún se atreverá algún escalar fonado a sostener que exagero. Sepa el lector que ésos que no reconocen

cómo están las cosas, que no batallan, que no tienen dignidad y que (¡tantas veces!) no cumplen su deber,

ésos son los panlaguados dé siempre, los de ayer, los de hoy y los de pasado mañana. Esos mantienen

ante el país la mentira interesada de que la Universidad sigue funcionando. Interesada digo, porque su

principal interés universitario es el de adornarse con los honores y abalarlos académicos.

Pero la realidad muestra que los grupos influyentes de la sociedad española y los políticos indígenas, en

general, no quieren Universidad. Pues, una de dos: o les dejamos deshacer y nos retiramos a disfrutar lo

que da de sí la nómina mecanizada ("peor para España", decía Laín Entralgo en magistral artículo

reciente), o respondemos con ei único elemento que entienden: la encerrona, la sentada, la huelga y la

protesta. Aquí, desengañémonos, se ha contundido la democracia con otro cantar. La confusión es tan

llamativa que sus ecos han llegado hasta el "Washington Post". Aquí no rige ni la razón ni el derecho.

Aqui se gobierna en función de los decibelios. Sepámoslo y seamos más congruentes, menos timoratos y

menos afónicos.

Desde una referencia particular, estas líneas se han alargado a todo nuestro horizonte universitario.

Confío en que susciten alguna meditación provechosa y constituyan un aceptable homenaje a los

profesores que, como Felipe Calvo, se mantienen empecinados en no perder su identidad.

Andrés DE LA OLIVA SANTOS

 

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