Autor: Sáenz de Miera, Antonio. 
   La Universidad ante el reto de la educación permanente     
 
 Ya.    15/12/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

La Universidad ante el reto de la educación permanente

EL entendimiento y la aceptación de su papel ante el fenómeno de la educación permanente es

probablemente el reto más Importante y crucial que presenta nuestro tiempo a 1» institución universitaria.

Pueden existir, y da hecho existen, hoy en la "Universidad problemas más urgentes e incluso,

aparentemente, de más entidad que este reto! es evidente y cualquiera que viva la actual situación

universitaria estará de acuerdo con ello. Lo preocupante, a mi Juicio, es que la atención, por demás

justificada y exigida, que se presta a tales problemas monopolice generalmente el esfuerzo de anos y de

otros sin que parezca vislumbrarse la. forma de salir de un círculo en exceso cerrado. Lo que yo quisiera

apuntar en estas líneas, en relación con la educación permanente y la Universidad, es lo siguiente: ía

posibilidad de que la Universidad tratase de encontrar un sitio al sol en el amplio campo de la educación

permanente no sólo no significaría un desgaste de energías que la dejase aún peor preparada para atender

a lo que se consideran sus obligaciones tradicionales y propias—la formación de los jóvenes en el ciclo

universitario—, sirio que podría convertirse en un medio eficaz para que la Universidad pudiera

enfrentarse en mejores condiciones con aquellas obligaciones. Trataré de explicarlo.

La educación permanente parte de un .axioma que, de ser admitido, habría de producir profundas

implicaciones en todo el sistema educativo: los hombres y las mujeres de nuestro algo necesitarán

actualizar sus conocimientos a lo largo de toda, su vida. La aplicación As este principio de

funcionamiento tradicional de la enseñanza superior produciría, entre otras, dos consecuencias de suma

importancia:

1 Dejaría de ser cierto el postillado de que la formación que reciben, ios jóvenes en su periodo

universitario, periodo que termina normalmente a los veinte y pocos años, constituye un fondo que puede

servirles para el resto de su vida activa. En el seminario recientemente celebrado en El Paular, sobre el

tema de la Universidad y la formación permanente, se hizo referencia, por ejemplo, a. la obligación

impuesta en algunos estados USA de obtener "relicenciamientos" periódicos para poder desempeñar

ciertas profesiones.

2 No parece admisible en una sociedad dinámica—como la que plantea la exigencia de la educación

permanente—y efectivamente democrática una situación como la actual, en la que la posibilidad de

beneficiarse de los recursos y facilidades de la Universidad se presenta, en general, en un solo momento

de la vida y precisamente cuando los condicionamientos económico-sociales juegan un papel más

decisivo.

RENOVARSE O INCAPACITARSE

TENGO que resumir: sí ambas consecuencias se admiten y son tenidas en cuenta a la. hora

de redefinir el papel de la Universidad en la sociedad actual, no podrá aquélla reducir sus aspiraciones y

sus preocupaciones al cumplimiento de unos objetivos, llamémosles tradicionales, que, en el nuevo

contexto educacional y social, ocupan un lugar y un puesto diferentes al que tenían cuando la Universidad

ostentaba el monopolio de la educación superior. Quiero decir con esto que el no salir de sus antiguos

límites, cuando el campo se ha ampliado, podría producir, a la larga, la incapacidad de la Universidad

para cumplir su función creadora e innovadora en la sociedad.

AHORA, bien: probablemente uno de los Medios más eficaces—quizá hoy por hoy el único— que puede

encontrar la Universidad para salir de su creciente aislamiento y entrar en contacto con los problemas

reales de la sociedad y del mundo del trabajo sea su entrada decidida en el campo de la educación perma-

nente, es decir, en el campo de la formación de las personas que al enfrentarse coa los problemas de su

trabajo sienten la necesidad de una actualización de sus conocimientos (pensemos en las diferencias entre

la actitud de éstos y la de aquellos otros, hoy únicos usufructarios de la Universidad, que en su mayoría

llegan a la Universidad porque sí>, el de la reconversión para paliar e] problema del paro en ciertas

profesiones, el de la preparación del personal de las empresas para la promoción o e] cambio,

NO es pensable, ciertamente, que la Universidad pudiese actuar en este campo con el carácter de

exclusividad con el que generalmente ha operado en el de la enseñanza superior, pero tampoco sería

mínimamente razonable pretender dejarle extramuros de las nuevas tareas educativas. En el seminario del

que antes hablaba, el director general de Política Científica, profesor Sánchez del Río, se refirió a la

modestia con la que la Universidad tenía que, contemplar su competencia en algunos campos muy

concretos en relación con los expertos de las empresas; sin embargo, decía, la Universidad como conjunto

interdiscíplinario puede ofrecer servicios insustituibles.

PLENO DIALOGO CON LA SOCIEDAD

LO que ocurre es que para enfrentarse con este nuevo reto la Universidad tendría que acometer, o le

tendrían que d&-jar que acometiera, un replanteamiento de sus estructuras organizativas, una

actualización de sus métodos pedagógicos y un nuevo enfoque de sus. relaciones con el mundo del trabajo

en su sentido´ más amplio. Un solo ejemplo: hablaba antes del "relicenciamiento" que se exigía en loa

Estados Unidos a ciertos profesionales; pensando en e] estamento profesional universitario, ¿se podría

imaginar una actualización responsable de la Universidad en las tareas de la formación permanente de

adultos sin una continua exigencia de actualización de los conocimientos de los propios profesores?

TERMINO aquí mi, en exceso esquemático, razonamiento: si la Universidad lograse entrar plenamente en

diálogo con la sociedad por el camino de la formación permanente y -alcanzase a realizar para ello los

ajustes necesarios en sus estructuras y en sus métodos, los primeros beneficiarios serían los propios

estudiantes de ia enseñanza superior al encontrarse con una institución rejuvenecida y conectada con los

problemas del mundo de hoy. No es cuestión de pensar que la Universidad pudiese abandonar aquellas

tareas que hemos llamado tradicionales, sino de tratar de salir del ambiente enrarecido y con frecuencia

asfixiante que las circunstancias políticas, sociales y educativas han creado en su entorno. Lo que yo he

intentado decir—y sobra ello serla útil entablar una discusión más amplia—es que ambas tareas, la

tradicional y la nueva, relacionada con la educación permanente, no sólo no «on incompatibles, sino que

son, en muchos sentidos, obligadamente complementarias.

Antonio SAENZ DE MIERA

(Director de la Fundación Universidad-Empresa)

 

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