Autor: ;Aradillas, Antonio. 
 La moral pública y la moral privada. Del divorcio a la marginación social. 
 ¿Cómo entiende usted el concepto de moralidad pública en España?     
 
 Pueblo.    20/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

¿COMO ENTIENDE USTED EL CONCEPTO DE MORALIDAD PUBLICA EN ESPAÑA?

ANTONIO ARADILLAS,, sacerdote y periodista

«Personalmente lamento confesar, sin rebozo alguno, que la moralidad pública en España está por los

suelos y que, aunque las comparaciones sean siempre no sólo odiosas, sino arriesgadas, en nuestro país es

«no de los que menos aprecio se le tiene a tal moralidad, entendiéndosela, además, incorrectamente.

Aquí se está convencida de que la moralidad pública ha de estar elaborada sobre la base de represiones,

sobre todo sexuales, negatividades en todos los frentes de la vida, exteriorismos y, por encima de todo,

orden, macho orden, aunque éste tenga que ser alcanzado hoy y sostenido con el mayor despliegue po-

sible de fuerzas internas y externas.Aquí se está convencido de que la moralidad pública -—tal moralidad

pública— es un bien y una salvaguarda del Estado —-de tal Estado—- que hay que defender, al igual que

se defenderla» las fronteras patrias contra cualquier invasión enemiga. La moralidad pública ha sido

estructurada a la medida de intereses estatales, o mejor, de intereses máximamente coinci-dentes con los

de las personas y grupos que detentaban el poder.

Y ha ocurrido —y ocurre— que, constitucionalmente católicos, la imagen de la moralidad pública se la

hacía coincidir más con aquellas apariencias religiosas que se circunscribían al rito, a la ceremonia, a la

fiesta y a las proclamaciones sociales, de las que, con desdichada frecuencia, el espiritu evangélica se

encontrato totalmente ausente, tanto porque éste era incompatible con la frialdad e inoperancia de unos

gestos, como porgue su dinámica hubiera exigido un cambio profundo en el planteamiento de la

moralidad pública, a la búsqueda de sus motivaciones reales.

Por todo fo cual, no resulta difícil cerciorarse de que en nuestro país, despreciando olímpicamente la

moralidad de loa demás países no católicos, por considerarla sólo natural e insuficientemente válida,

cultivamos una moral llamada cristiana,pero que sólo tiene de cristiana su cobertura externa, manipulando

además sus principios y sus exigencias hasta pretender adecuarlas a intereses oficiales o paraoficiales.

Considerada la religión como instrumento de moderación y de orden público hasta el presente, la

concepción de la moralidad pública en conformidad con estos postuladas resulta ser lo más normal y

explicable. Pero, por si no nos valieran estas razones, convencer-nos de ello es fácil, sólo coa tfue nos

decidamos a tomarle el pulso a las instituciones, a los organismos oficiales y a las personas que de una

manera o de otra, los encarnan... El desbarajuste institucional público en nuestro pais es de antología y

los affaires que han saltado a la opinión pública, aun con dimensiones de auténtico escándalo, son sólo

anécdotas y breves capítulos.

En todo este contexto de falta de moralidad pública, centrar la atención en el divorcio, en el desnudismo,

en el aborto, en la homosexualidad, en el desenfreno de los espectáculos..., y en otras zonas de la relación

entre las personas, coíncidentes casi siempre con lo sexual, me parece poco serio o demasiado ínteresado,

por pensar que se pretende seguir sosteniendo una cortina de humo pseudoangelical entre la ley y la

realidad de la vida.

La moralidad pública, y más al ésta pretende llamarse y ser cristiana, ha de basarse ante todo en el respeto

a la libertad del hombre, en la primacía del amor que se sitúa según la lógica de la Cruz, en la

predilección de les pobres y los marginados a nivel individual comunitario e institucional, y en la lucha

contra la lógica del poder como la concentración institucional de la expropiación y de la alineación. Estos

son los puntos básicos sobre los que se edificará la verdadera moralidad publica cristiana. Prescindir de

ellos, consciente o inconscientemente, supondrá descalificar tal moralidad y reducirla al nivel de los

prehomínidos, aunque se obligue a conservar la ceremonia y el rito.»

"La imagen de la moralidad pública, ha sido confeccionada a la medida de los intereses de las personas y

grupos que han ´detentado el poder".

 

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