Autor: Gor, Francisco. 
   Tras la ruptura de Silva con la ultraderecha     
 
 El País.    19/01/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Tras la ruptura de Silva con la ultraderecha

FRANCISCO GOR

La ruptura definitiva de la ya disuelta coalición de Silva con las fuerzas que se agrupan en torno a Blas

Pinar, Fernández-Cuesta y Girón, bajo el nombre de Unión Nacional, beneficia a la vez a Unión de

Centro Democrático (UCD) y a la Coalición Democrática, que integran Fraga, Areilza y Osorio. La

imposibilidad de formar en la práctica una supercoalición electoral entre Derecha Democrática Española

y piñaristas, falangistas y ex combatientes ha constituido, de rechazo, un importante triunfo, electoral y

político del partido de Suárez y de las fuerzas que le disputan el terreno por su derecha.

El fracaso de Silva va a llevar, aunque a regañadientes, a un sector de la derecha sociológica, radicalizado

por el problema de las nacionalidades, pero al que le asusta el estilo y la simbología ultra, al terreno

electoral de la Coalición Democrática. En el supuesto de que hubiera cuajado la supercoalición DDE-

Unión Nacional, este sector de la derecha, arropado por la personalidad y la imagen de Silva o Fernández

de la Mora, no hubiera puesto demasiadas pegas a juntar sus votos con los de las llamadas fuerzas

nacionales. Esto hubiera ocurrido claramente en las provincias castellanas y leonesas.

UCD, por su parte, ve desaparecer el peligro de un segundo centro, representado por la Coalición De-

mocrática, que hubiera surgido inevitablemente en la geografía electoral en caso de una unión Silva-

Piñar. Ahora, tras el fracaso de esta unión, UCD puede acentuar más fácilmente el carácter derechista de

la Coalición Democrática y tratar más claramente a las fuerzas ultras como lo que son. La coalición que

forman estas fuerzas va a seguir teniendo su clientela electoral después de la ruptura con DDE, aunque el

acuerdo con ésta le hubiera aportado los votos del sector de la derecha antedicho.

Respecto a la fórmula de Gobierno que se adopte tras las elecciones, la ruptura de las fuerzas de Silva con

la Unión Nacional abre más posibilidades a un Gobierno de centro-derecha, con tal de que UCD no logre

un éxito electoral rotundo y que los resultados qué obtenga la Coalición Democrática no constituyan un

fracaso estrepitoso.

La operación intentada por Silva, con .el asesoramiento de Luis de Jaúdenes, estaba basada, al menos,

en dos malentendidos: que Blas Pinar, principal figura de las llamadas fuerzas nacionales, Tío le

disputaría el liderazgo de la derecha naciente tras el trauma de la muerte de Franco y de la aparición del

régimen democrático, y que las fuerzas agrupadas a su alrededor le seguirían si daba el paso de pactar con

Pinar. Ni uno ni otro supuesto se ha cumplido. El líder de Fuerza Nueva, fortalecido por los éxitos de su

partido en el último año, ha juzgado que su situación era más ventajosa que la de Silva y ha mantenido

firmemente la postura de que él debía ser el primero en la candidatura por Madrid.

Tampoco Silva contabilizó bien las fuerzas que le seguirían en caso de aliarse con Pinar. Una parte de

ellas, muy principalmente Unión Demócrata Cristiana, que dirige Jesús Barros de Lis, se ha opuesto a que

esta unión adoptase la forma de coalición,, que les hubiera entregado, en frase del señor Barros de Lis,

«atados de pies y manos a Pinar». La tesis de estas fuerzas, reacias a la coalición con Pinar, era que si se

acentuaba la unión con el líder ultraderechista se reducía su capacidad de maniobra en las negociaciones

con la coalición de Fraga, Areilza y Osorio. El resultado para Silva de este mal planteamiento era

insoportable políticamente: pasar a ocupar una posición secundaria respecto a Pinar y reducir

peligrosamente sus fuerzas de apoyo, abandonándole precisamente aquéllas que mejor imagen podían dar

en los sectores aledaños a las llamadas fuerzas nacionales, pero que no se identifican con ellas.

Estas fuerzas de Silva reacias a la coalición con Pinar planteaban, por el contrario, una estrategia de

acuerdos de carácter exclusivamente territorial tanto a su derecha, con las llamadas Fuerzas Nacionales,

como a su izquierda, con la Coalición Democrática. Esta estrategia, de haber sido posible, hubiera

supuesto un grave riesgo para Unión de Centro Democrático.

Efectivamente, la presentación de una sola candidatura de derecha en cada circunscripción electoral, bien

bajo las siglas de la Coalición Democrática, de Derecha Democrática Española o de la Unión Nacional,

hubiera llevado al Parlamento a un nutrido grupo de representantes de las distintas derechas españolas.

Sin embargo, los personalismos y los intereses particulares hicieron también imposible-la puesta en

práctica de esta estrategia.

 

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