Las listas de UCD para el Congreso...     
 
 El País.    24/01/1979.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Las Usías de UCD para el Congreso...

LAS LISTAS para el Congreso de UCD, hechas públicas el pasado sábado, ofrecen dos particularidades

dignas de comentario: la composición de la candidatura por Madrid y el éxodo del equipo ministerial a las

circunscripciones provinciales.

La lista madrileña aparece claramente dominada, al menos en el tramo; donde se agrupan los candidatos

con posibilidades de lograr un escaño, por la tendencia más conservadora de UCD, Nombres como los de

Calvo Sotelo, Antonio Fontán (el más eficaz vendedor de la nueva imagen del Opus Dei tras la fatal

obsolescencia de la que acuñaron López-Rodó y los tecnócratas del franquismo tardío), José Luis

Álvarez, Miguel Herrero, Osear Alzaga, Luis Apostúa y José Luis Ruiz Navarro (vinculados, estos

últimos, a las diversas empresas y variantes de la corriente demócrata-cristiana) acumulan excesiva carga

en el platillo moderado de la balanza. La completa ausencia de personalidades de la tendencia social-

demócrata pone todavía más de relieve el escoramiento hacia la prudencia de la lista gubernamental para

la Cámara baj a en Madrid.

Seria, sin embargo, apresurado extraer conclusiones demasiado generales o tajantes a partir de ese dato.

De un lado, la candidatura de UCD por la capital es fundamentalmente Adolfo Suárez, solista de un

espectáculo en el que sus compañeros de lista sólo forman el coro. De otro, no es improbable que el

presidente del Gobierno, preocupado por la decisión de Coalición Democrática de situar a sus tres únicos

pesos pesados en el ring madrileño y por el descenso desde el Sinaí hasta el Manzanares de los dos

mesiánicos líderes —mitad caudillos, mitad notarios— de las llamadas Fuerzas Nacionales, haya decidido

reforzar la respetabilidad de su candidatura acumulando altos ejecutivos, miembros de órdenes religiosas

e inequívocos demócrata-cristianos en torno suyo.

Aun así, no le va a resultar fácil a UCD ganarla «batalla de Madrid». Si bien queda por despejar la

incógnita del electorado que votó al profesor Tierno en junio de 1977, no es probable que el conjunto de

los sufragios socialistas y comunistas sufra un retroceso significativo, aunque sé opere en su interior una

redistribución de lealtades partidistas. Y no es imposible que la suma de votos de Coalición Democrática

y de las llamadas Fuerzas Nacionales logre superar el porcentaje obtenido por Alianza Popular en la

anterior convocatoria.

Seguramente ese temor explica la decisión de UCD de desparramar a todo el equipo ministerial- (con la

única excepción del ministro de Defensa y del señor Calvo Sotelo) por las provincias. El partido del

Gobierno es consciente de que el sufragio desigual, consecuencia del diferente peso demográfico de las

circunscripciones y de la ley Electoral, privilegia a las zonas y regiones donde se hallan los escaños que

pueden dar a UCD la victoria la estampida de ministros para ocupar cabeceras provinciales queda

sobradamente justificada por el refuerzo que para esas candidaturas implica el inercial respeto de los

ciudadanos por quienes ocupan el poder y la publicidad ya hecha de quienes son habituales protagonistas

de los telediarios.

Esta perspicaz medida de estrategia electoral denuncia, sin embargo, la débil implantación en el tejido

social del partido gubernamental, que en este terreno no mejora el desarraigo de algunos de sus

competidores. Aunque en ciertos casos los candidatos hayan nacido, estudiado o veraneado en las

circunscripciones que les han sido asignadas, el envío a las provincias de políticos que viven y trabajan en

la capital se asemeja más a un destino-administrativo que a una vuelta a los orígenes. Por lo demás, ese

artificial espaldarazo de los ministros como barones provinciales puede crear en los beneficiarios la

ilusión de que se les extiende un seguro de vida político, una especie de garantía de permanencia

indefinida en los alto círculos —carteras, presidencias de bancos oficiales o de empresas públicas,

embajadas de la Administración Pública. Si esa expectativa fuera confirmada por los hechos (y hay ya

precedentes para temerlo), estaríamos asistiendo al renacimiento de la concepción patrimonial del Estado.

Con el mal añadido de que la ocupación de las provincias por el star system de la política madrileña

ahogaría toda posibilidad de que la gran mayoría del país considerara como algo propio la vida pública.

 

< Volver