...Y las candidaturas del PSOE     
 
 El País.    24/01/1979.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL PAÍS, miércoles 24 de enero de 1979

... y las candidaturas del PSOE

LOS VIENTOS de fronda que han desencadenado en Galicia las listas electorales del PSOE no se

circunscriben a ese partido —también UCD ha visto cundir la rebeldía en Orense y Pontevedra— ni se

detienen en esa región. Constituyen, en cierto modo, un preocupante síntoma de las debilidades y

carencias del sistema de partidos y de democracia representativa en todo el país.

Las inextricables vinculaciones entre la Administración pública y UCD, nacida desde el Gobierno y

nutrida por la élite de los grandes cuerpos del servicio civil, pueden servir de explicación a la confección

de sus candidaturas desde el Poder, aunque sólo el realismo cínico puede transmutar ese defecto en virtud.

Las tradicionales prácticas de centralismo —piadosamente llamado democrático— de los partidos

comunistas, debilitadas pero en modo alguno desaparecidas con el eurocomunismo, como demostró hace

unos meses la purga asturiana, hacían también previsibles la decisiva influencia de la dirección del PCE

en cada circunscripción y la resignada aceptación por los comités provinciales de tales intervenciones.

Pero la luz verde dada por el Partido Socialista a la propagación en su seno de los hábitos caciquiles del

vértice de la pirámide significa un paso atrás en la maduración de la democracia. Porque los partidarios dé

la disciplina férrea en el PCE, o de la omnipotencia del Gobierno en UCD encontrarán en esos

comportamientos del PSOE la mejor coartada para sus propias posiciones autoritarias.

Para los ciudadanos sin militancia partidista, pero dotados de convicciones democráticas, constituye un

espectáculo sorprendente que las direcciones1 de los partidos políticos, sobre los que descansa el peso

entero del sistema parlamentario, prediquen para la sociedad global la libertad de expresión y él derecho a

elegir a los gobernantes mientras sofocan las discusiones en su seno, aplican medidas disciplinarias contra

los disidentes (hasta llegar a la expulsión, como ha sucedido ahora con Seara y Fortes) y fortalecen su

poder al convertirse en electores de quienes deberían elegirlos. Desde que Robert Michels publicara su

estudio acerca de la tendencia de los partidos a constituir cerradas oligarquías en sus puestos de dirección,

nadie se hace excesivas ilusiones en torno a la participación de las bases militantes en la adopción de

decisiones; Pero una cosa es presentar demagógicamente como factible la inmediata y espectacular

elevación de los índices de movilidad, transparencia y representatividad en el interior de los partidos, y

otra muy distinta aceptar como irremediables las fuertes corrientes antidemocráticas dentro de esos

colectivos o falsear descaradamente esa terca realidad negando los hechos y simulando que lo negro es

blanco: Las críticas contra la «partitocracia» y contra los «politicastros» disparadas desde la ultraderecha

tienen evidentes propósitos antidemocráticos y se basa en el aborrecimiento de las libertades que han

acabado con su monopolio del Estado. Pero las prácticas caciquiles, habituales en el sistema de partidos,

no pueden "ser ocultadas o disculpadas con el argumento de que suministran munición al fuego graneado

de esos sectores involucionistas, que desean su destrucción v no su perfeccionamiento.

El PSOE inicia su actividad electoral bajo el eslogan de «honradez y eficacia». Durante los mítines de la

anterior campaña sus partidarios coreaban la consigna «Socialismo es libertad». Nada dice en su favor

que la actual arranque con las protestas de las organizaciones socialistas de Galicia y de otras zonas por

las purgas de los candidatos electorales propuestos por las bases y sustituidos por otros impuestos desde

Madrid. La prepotencia de los organismos de dirección de los partidos, su tendencia a exportar ¡a libertad

de expresión y los hábitos democráticos fuera de su ámbito, la costumbre de señalar la paja en el ojo

ajeno y ocultar la viga en el propio, q el irritado reflejo de atribuir las críticas-a maniobras de la compe-

tencia no son, ciertamente rasgos exclusivos del PSOE, sino prácticas generalizadas en el resto de las

formaciones políticas. Sin embargo, la sospecha de que la designación imperativa de candidatos

socialistas se ha realizado mediante el doble criterio de escoger hombres seguros, leales y obedientes,

cualesquiera que sean su capacidad e idoneidad para las tareas parlamentarias, y de excluir a quienes

reúnen sobradas dotes para ese trabajo, pero no ofrecen las garantías de incondicionalidad y ciega disci-

plina que los líderes exigen, constituiría, caso de confirmarse, un regalo envenenado al sistema de

democracia representativa y una inequívoca muestra de inseguridad de la dirección del PSOE.

 

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