Autor: Medina González, Guillermo. 
   La opción electoral reformista     
 
 El País.    03/02/1979.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

TRIBUNA LIBRE

La opción electoral reformista

GUILLERMO MEDINA Secretaría de información y Prensa de VCD

Es hora de clarificación y de definiciones. Aunque sólo fuera por lo que tienen de eslabón entre la etapa

del consenso constitucional y la de la confrontación democrática, las próximas elecciones generales son

un hecho necesario del proceso político. Las elecciones son el puente ´obligado entre la etapa de la

transición y la etapa de la consolidación posconstitucional, pues todo Gobierno que quiera hacer frente a

los problemas del país —que de eso se trata ahora— necesita apoyarse en la legitimidad electoral nueva.

Cuando se escriba con perspectiva histórica lo sucedido durante los tres últimos años, creo que el período

consensual de la transición —aquel que va de las elecciones del 15 de junio del 77 al referéndum del

pasado 6 de diciembre— será considerado como una etapa quizá excesivamente dilatada, pero ple-

namente positiva. La Constitución de la concordia, el más notable fruto de un período que ha enfriado

pasiones y moderado actitudes, no es la panacea ni la solución por sí misma de los problemas, pero no

hay soluciones duraderas sin previo consenso constitucional. Por eso es tan injusta y falsa la acusación de

«contradictorio y negativo» que hace la derecha del balance del. año y medio de Gobierno. Ni lo uno ni lo

otro. Sentar las bases de un nuevo Estado, reducir notoriamente la inflación, encauzar impaciencias ante

mil problemas viejos que se presentan como nuevos, impulsar y sostener un diálogo constructivo entre las

fuerzas políticas y sociales, encauzar el problema de las autonomías, iniciarla reforma fiscal, de las

fuerzas armadas, etcétera, ni es poca cosa, ni ha sido fácil, ni es contradictorio con lo que UCD prometió

a los electores hace sólo quince meses.

Consenso y confrontación

Habernos puesto de acuerdo los españoles sobre un modelo de convivencia y haber llevado a cabo una

determinada estrategia de cambio democrático pacífico nos permite ahora situarnos ante una nueva

encrucijada: escoger entre distintos modelos de sociedad —todos ellos constitucionales— y entre di-

ferentes hipótesis de consolidación de la democracia. La campaña del 15 de junio fue necesariamente

ambigua, de tanteo. Los partidos no se enfrentaron abiertamente con sus ofertas ideológicas y sus

programas. La situación estuvo dominada por una dialéctica de franquismo antifranquismo, reforma-

ruptura, período constituyente no constituyente, qué hoy está superada. La Constitución hace posible hoy

.una confrontación qué hace dos años pudo haber sido disolvente.

El período constituyente^ gracias al denostado consenso, ha limado muchas aristas y ha restado acritud a

la vida política española, lo cual decepciona a los partidarios de la política-espectáculo, pero sirve a los

intereses de la convivencia pacífica. Hay mucho menos odio personal e incomprensión que el 15 de junio,

y todo ello va a permitir una mejor identificación partir dos-electores y ha producido ya una moderación

de las ofertas políticas.

El colchón constitucional va a hacer posible que la batalla sea más dura y clarificadora, sobre todo entre

los adversarios principales: Unión del Centro Democrático y PSOE. Lo que se dilucida en las próximas

elecciones es cuál de estos dos partidos va a dominar el terreno político durante los decisivos cuatro

próximos años.

Se trata de optar entre una sociedad socialista o una sociedad liberal reformista. No nos equivoquemos

sobre la puesta en juego, porque si el partido de la rosa y el puño habla ahora de «Gobierno fuerte y

eficaz» —eslogan que podría emplear un partido de derecha—, hoy puede decirse del socialismo español

que oscila entre la utopía y el posibilismo, entre la ideología oficial del partido revolucionario, auto-

gestionario, marxista y de clase, y la disposición de sus dirigentes a abandonar el dogma por una par-

ticipación en el poder.

Hay que evitar la confusión y la ambigüedad. Olvidemos las siglas y concretemos las ofertas políticas

reales, que no son más que estas: involución, conservación, re forma y revolución. El centro es el

reformismo y el reformismo estará el primero de marzo en la UCD. Como opción política, el centro

aparece claramente decantado de la actitud meramente conservadora, al tiempo que es un partido en

abierta confrontación electoral y política con la izquierda, caracterizada en estos momentos por el

desdoblamiento entre sus convicciones y objetivos estratégicos, y el tacticismo de su moderación

electoral. Desde su perspectiva liberal y progresista, la UCD aparece enfrentada al socialismo y esto es

posible porque progresismo y socialismo no son términos sinónimos. Y desde una perspectiva de partido

moderado, la UCD se distingue del conservadurismo por su vocación reformista.

Voto útil y voto equivocado

En este contexto se ha planteado la cuestión del voto útil. Para un elector no marxista.´partidario de

reformas en un marco progresista y liberal, votar a UCD no es cuestión de utilidad, sino de coherencia.

Un voto reformista a un partido como el PSOE o como la Coalición Democrática no es que sea un voto

inútil, sino que es un voto equivocado.

La cuestión parece plantearse más bien al elector que es tentado desde la derecha de UCD. A este

ciudadano hay que exponerle las siguientes consideraciones:

— La verdadera opción del primero de marzo es entre UCD y PSOE, incluso podríamos ir más lejos:

entre Adolfo Suárez o Felipe González como candidatos a la presidencia del futuro Gobierno de la

nación.

— Coalición Democrática es la Alianza Popular, ampliada con algunas personalidades políticas. Si la CD

es un partido derechista, entonces defrauda políticamente al intentar ofrecer una imagen «casi» centrista,

incluso recurriendo al equívoco fonético de la sigla «cede». Si realmente se inclinara al centro, entonces

su táctica divisionista parecería dictada por el interés de la izquierda. Pues desde este ángulo, dar el voto a

CD no sería inutilizar un voto, sino emitir un voto útil... al PSOE.

— Para un elector moderado, reformista, el voto más coherente, eficaz y lógico es el voto á UCD. Para

un elector derechista es legítimo y comprensible votar a un partido derechista, aunque sí puede plantearse

entonces la utilidad de su voto, al ser sustraído a la opción más cercana ideológicamente dentro de la

confrontación UCD-PSOE.

— La CD, al fomentar el voto-protesta con argumentos tan erróneos como rebatibles y dirigir sus ataques

contra el centro y no contra la izquierda, con la pretensión-de restar a UCD algunos votos, está actuando

como aliada objetiva de la izquierda, está equivocando nuevamente sus objetivos —como el 15 de junio

del 77— y está actuando contra los más profundos intereses de sus potenciales electorales.

— Desde la derecha se pretende restar votos a UCD- pero no en base a una alternativa coherente y sólida,

sino con un comportamiento más propio de un antipartido que de un partido. Y así, todo se va en

acusaciones a UCD, trazando una imagen de ésta fabricada a la medida de las conveniencias del

adversario. Se pretende presentar un balance negativo del gobierno de UCD, cuando los hechos cantan lo

contrario, como reconocen estas frases de uno de los líderes de CD: «El balance de estos dos años de

gobierno del señor Suárez ofrece mucho de positivo; en un plazo corto ha hecho el tránsito de la dictadura

a la democracia con un coste social mínimo. Todo eso era muy arriesgado, y lo ha hecho muy bien.» (José

María de Areilza, 7-VII-78).

— No es la discusión sobre el gobierno de UCD la parte más censurable de las afirmaciones derechistas.

Es más equívoco el esfuerzo por presentar como política izquierdante lo que para cualquier observador

imparcial, y desde luego así lo ha entendido la UCD, ha sido una política de negociación y diálogo

coherentemente con la naturaleza del proceso de transición y del consenso constitucional. Así lo ha

explicado UCD innumerables veces, señalando que, tras la Constitución, la política de partido se

impondría a la política de consenso, y hemos comenzado por decir que ese cambio de escena es lo que

motiva en medida importante las elecciones.

La síntesis centrista

UCU se presenta a las urnas consciente de cuál es su espacio, con una oferta programática

ideológicamente diferenciada y que desea llevar a la práctica desde el Gobierno. UCD es consciente de

que la sociedad española aspira ala estabilidad y la seguridad y desea soluciones eficaces a los problemas

concretos del ciudadano. Pero la sociedad no se opone a las reformas, sino que percibe que una actitud

meramente conservadora no sólo sería una estrategia ineficaz de solución de los problemas, sino que

terminaría incluso por dar al traste con la convivencia. La sociedad no sólo no se opone a las reformas,

sino que éstas son necesarias en un esquema de soluciones modernas y eficaces.

Pero la insistencia de UCD en las reformas no significa que UCD olvide o relegue los conceptos de orden,

disciplina social, responsabilidad, productividad... No son éstos valores que pertenezcan a la derecha, sino

que por ser necesidades «objetivas» del momento y por respetar a aspiraciones vivamente sentidas por

amplios sectores de la sociedad son objetivos asumidos desde una óptica política centrista. UCD no tiene

intenciones de renunciar a nada ni de ocultar que nos espera un enorme esfuerzo colectivo porque

construir el futuro requiere trabajar más, ser más responsables y arrojar lejos la demagogia. Pero todo esto

con una particularidad remarcable: que desde la perspectiva del centro los sacrificios y las aspiraciones

pueden y deben ser planteados sin sacrificar las reformas, la justicia y la libertad. Esa es la. síntesis que el

centro político representa en la encrucijada del primero de marzo.

 

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