Autor: Mestre, Carmen. 
 Elecciones 1979. 
 Feminismo y elecciones     
 
 El País.    07/02/1979.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Feminismo y elecciones

CARMEN MESTRE

Frente de Liberación de la Mujer

El tema de las elecciones preocupa a los partidos políticos y a las personas allegadas a las esferas de po-

der. Sin embargo, no parece que provoque esperanzas o ilusiones en el ciudadano medio, sin duda por el

desencanto que han ido produciendo los meses transcurridos desde las primeras elecciones.

Uno de los grupos sociales con más motivos para sentir este desencanto es el de las mujeres feministas;

Después de-la lucha llevada a cabo durante la dictadura para construir una sociedad que enterrara el poder

y privilegios de unos ciudadanos sobre otros y, en especial, de un sexo sobre el otro, cabía esperar que los

partidos políticos cuya ideología debería traducirse en la defensa de los oprimidos aprovecharan su parti-

cipación en el juego político para contribuir decididamente a esta. transformación social.

Sin embargo, el mecanismo del consenso se ha utilizado en muchas ocasiones para ceder la defensa de

derechos y transformaciones reales de la situación de la mujer, por otros aspectos que a los señores

consensuadores les han parecido más importantes. Y, así, mientras los partidos se muestran orgullosos de

una Constitución que habla de la defensa del consumidor, del medio ambiente, etcétera, consideran que

han cumplido respecto a las mujeres con las declaraciones genéricas de igualdad. Porque nunca han

querido entender que las situaciones de discriminación no se superan con declaraciones genéricas de

igualdad, a la que no pueden acceder los oprimidos, precisamente por los mecanismos sociales que

reproducen las situaciones de desventaja. ¿Qué significado tiene una igualdad en el papel de derechos

laborales frente a la realidad de que las mujeres se siguen haciendo cargo de las tareas domésticas?

Si a esto se añade que incluso estas declaraciones genéricas se han suprimido en aspectos muy

´importantes para nuestras vidas, precisamente porque han sido «materia de fácil consenso», se podrá

comprender que lo que estos partidos puedan ofrecer en el futuro no nos inspira esperanzas.

Los partidos políticos, incluso los de izquierda, se han mostrado como estructuras sociales machistas, es

decir, como estructuras sociales que reproducen y mantienen una situación de inferioridad social y

política para la mujer. Eso queda muy claro si tenemos en cuenta:

1. Las posibilidades de acceso al poder de las mujeres dentro de los partidos son extremadamente li-

mitadas. No sólo hay pocas mujeres en las ejecutivas y ninguna es «secretario general» o «secretario de

organización», sino que, incluso, en otras esferas que representan otra cara del poder, están escasísima o

nulamente admitidas. Tal es el caso, por ejemplo, de las listas de diputados. Las noticias que a este

respecto han aparecido en la prensa son realmente tristes: hay pocas mujeres —parece que incluso menos

que en las anteriores elecciones—, y la mayor parte de ellas sin contacto con la lucha feminista. O bien

son una coartada «para que no se diga», o han hecho más méritos que otros de los posibles candidatos, en

los campos en que han desarrollado su actividad.

Este hecho supone que tanto las directivas de los partidos —que son las que de verdad deciden las lis-

tas—, como las bases, no consideran relevante la liberación de la mujer para la consecución del objetivo

social que propugnan. Como ya he dicho, no están dispuestos a utilizar todas las posibilidades que les

otorga el juego político actual, para potenciar esta lucha y conseguir el reconocimiento real de una

situación de opresión.

En definitiva, los partidos salvaguardan el poder de los que lo han tomado. Comprender este hecho

exigiría hacer una reflexión sobre la naturaleza del poder, tema básico —lo mismo que el del placer—

para comprender la ideología feminista y el modelo de sociedad que las feministas propugnamos.

2. Los programas políticos, por lo menos los que se hicieron públicos en las anteriores elecciones, no

tienen precisamente como objetivo final la construcción de un mundo sin desigualdades originadas en la

dominación de un sexo por el otro. Simplemente, tratan de recoger las reivindicaciones —muchas veces

mínimas— que les permiten hablar a las mujeres como si se sintieran preocupados por su situación o

identificados con quienes luchan por superarla. De esta forma, temas que han saltado a la calle por el

esfuerzo de los grupos feministas se toman fácilmente por los partidos en sus campañas y, luego, ni

siquiera se molestan en defenderlos, sean cuales sean sus consecuencias. Parece, pues, que el objetivo

final es el de ganar votos, no el de cambiarla sociedad.

La tendencia de los partidos después de la muerte de Franco a olvidarse de sus principios ideológicos para

desarrollar el «realismo y pragmatismo», en el caso de las reivindicaciones de las mujeres ha tenido los

mismos efectos negativos que en muchos otros campos. Se propugna exclusivamente lo que la sociedad

bienpensante puede aceptar.

Para colmo, se autoproclaman protagonistas en la lucha por la liberación de la mujer u otras

desvergüenzas similares. Sólo si el movimiento feminista es capaz de impulsar esta lucha hasta que se

gane directamente, o hasta que no quede más remedio que asumirla por todos los que detentan el poder,

sólo en este caso se conseguirán cambios decisivos.

Lo que no parece que se pueda esperar es que quienes detentan privilegios, sean capaces de llevar

adelante transformaciones en su vida personal y en su vida social que supongan realmente el reconoci-

miento de unos derechos, hasta ahora ignorados. Y esto vale tanto para las personas como para los grupos

de poder.

Finalmente, una palabra de aliento para las feministas encuadradas en partidos políticos, cuya labor es

difícilmente comprendida por sus compañeros. No hay duda de que la lucha por ^liberación de la mujer

debe tener lugar en todos los ámbitos de la sociedad y, por tanto, dentro de los partidos. Sin embargo, es

importante señalar que el trabajo de estas mujeres no alcanzará todos los resultados apetecidos si no tiene

en cuenta el movimiento feminista que se desarrolla autónomamente y que hasta ahora ha ido planteando

reivindicaciones que suponen caminos de lucha para todas las mujeres con el entusiasmo propio de quien

trabaja por conseguir para sí mismo un puesto en una sociedad libre, justa y fraternal.

 

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