Autor: Vilar, Sergio. 
   Autonomía y solidaridad     
 
 Mundo Diario.    15/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Autonomía y solidaridad

Con la celebración de las elecciones al Parlament de Catalunya, por fin vamos a consolidar el

proceso autonómico de estas tierras. La larga lucha de tantos catalanes y de otros españoles

residentes en nuestras latitudes conseguirá tal objetivo. La autonomización de las

nacionalidades históricas, así como la de otras comunidades diferenciadas, es una innegable

necesidad.

Necesidad para cuantos trabajan en las zonas periféricas: ésta es la necesidad fundamental;

pero la autonomía también es necesaria para el propio Estado centralista, sumergido hasta la

actualidad por el maremágnum burocrático concentrado, en sus jerarquías primordiales, en una

sola ciudad.

Desde hace varios lustros, en el concepto de la autonomía venimos depositando muchas

esperanzas. Dios y Marx —también Fourier-quieran que esas esperanzas no resulten

defraudadas en la práctica. Porque en las últimas etapas hemos podido observar fenómenos

alarmantes respecto a la utilización de unas u otras estructuras autónomas.

También hemos leído - y escuchado— opiniones inquietantes, tanto más preocupantes por

cuanto pertenecen a dirigentes de partidos políticos, que apuntan visiones y programas

autonómicos, que no me parecen racionales, coherentes ni justos en el mundo en el que

vivimos.

Entre otras transformaciones, la autonomía debe producir una reestructuración administrativa

que acerque los centros de poder al ciudadano, que establezca nuevas relaciones

democráticas y que acelere la solución de los problemas concretos. Sin embargo, ya en las

coyunturas preautonómicas nos hemos dado cuenta de la reproducción del espíritu burocrático

centralista en algunas de las instituciones públicas de Catalunya. Si los principales

responsables de los partidos no cortan de raíz esa tendencia a la reproducción de la burocracia

y del corporativismo, evidentemente también aquí prolife-rarán esos males. El hecho de que

esas prácticas se hagan hablando en catalán, evidentemente no las justifica, no las exime de

culpa o, por lo menos, no las hace «más tolerables», como algunos parece ser que pretenden.

La burocracia y el corporativismo son en todo caso condenables hablen en castellano, en

catalán o en chino.

De manera más o menos explícita o implícita, también circula la tendencia a confundir la

autonomía con la independencia. En democracia, todas las opiniones son respetables, así

como deben serlo todas las críticas. Respecto a esa confusión hay que clarificar que no todas

las tesis para-independentistas son de izquierdas, ni siquiera progresistas. Existen

autonomistas de espíritu «monroista» (Monroe: «América para los americanos»), que con maso

menos contundencia o claridad dicen: «Catalunya para los catalanes», o sea: que toda la

riqueza que aquí se produce, se quede aquí.

No debe confundirse la autonomía con los señoríos feudales; no ha de confundirse la tendencia

hacia la creación de un sistema más o menos federal con el retorno a los reinos de taifas

medievales. No vivimos en el siglo XII ni en el XIV, etc. Avanzamos hacia las postrimerías del

siglo XX, el siglo que ha producido y sigue produciendo más cambios en la organización de la

existencia humana.

Y para que la humanidad siga viviendo en paz y sin hambre, para que la humanidad supere los

grandes desequilibrios socioeconómicos entre unos pueblos y otros, cada día se hace más

necesaria la práctica de otro concepto: el de la solidaridad. Los políticos y toda persona con

sensibilidad histórica deberían colocar entre sus preocupaciones permanentes y principales, la

preocupación de acortar las grandes distancias socioeconómicas que existen entre los países

altamente industrializados y las naciones subdesarrolladas y agrarias: tanto más debería ser

así porque, en el interior de cada país también existen esos graves desequilibrios, como saben

no sin dolor andaluces, extremeños, gallegos...

Autonomía, sí y mil veces sí: pero con solidaridad Ínter-regional e internacional.

Autonomía, sí y mil veces sí: pero evitando que se creen nuevos centralismos burocráticos.

Autonomía, sí: para acabar con los privilegios del centralismo y para evitar los nuevos

privilegios que pretenden instalarse en la periferia.

Sergio Mar

 

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