Autor: Gordon Pérez, Mercedes. 
   La ONU aprueba un proyecto de declaración contra intolerancia religiosa     
 
 Ya.    18/03/1981.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La ONU aprueba un proyecto de declaración contra intolerancia religiosa

CIUDAD DEL VATICANO

Mercedes Gordon

Mientras Juan Pablo II dedicó la jornada de ayer, suspendiendo audiencias públicas y privadas, a la

preparación de su audiencia general de hoy y de su visita, mañana jueves, a la ciudad industrial de Terni,

llegan noticias desde Suiza, país del próximo viaje pastoral del Papa, de que la ONU, en su sede de

Ginebra, ha aprobado un proyecto de declaración contra la intolerancia religiosa. Han hecho falta

diecisiete años de discusiones para que la Comisión de la ONU para los derechos humanos haya podido

aprobar este proyecto de declaración, que irá recomendado a la Asamblea General de las Naciones Unidas

de 1982 para su declaración oficial.

Resulta significativo conocer que han votado a favor 33 países miembros de la Comisión. Que no ha

habido ningún voto en contra. Y que se han abstenido cinco países comunistas (URSS, Bielorrusia,

Polonia, Bulgaria y Mongolia). Se ha sabido que en las últimas sesiones el delegado soviético ha

solicitado en vano la introducción en la declaración de un principio dirigido a precisar explícitamente que

en él concepto de «religión y convicción» debía entenderse incluido el concepto de «convicciones ateas».

El presidente de la Comisión lo ha rechazado por «superfino».

Cuatro son los principios, diríamos básicos, de este nuevo documento: cada cual tendrá derecho a la

libertad de pensamiento, conciencia y razonamiento y a la libertad de manifestar su religión o

convicciones. Nadie debe ser objeto de discriminación por motivos religiosos. Todos los Estados

adoptaran medidas eficaces para prevenir la discriminación. Todo niño tendrá derecho a acceder a la

educación sobre cuestiones religiosas conforme a los deseos de sus padres o tutores. Unos principios,

según queda a la vista, no respetados precisamente en los países que se han abstenido de promoverlos a la

hora de la votación.

La Iglesia defiende la vida

La vida humana, amenazada por la violencia, por las nostalgias de la pena de muerte y por los

proselitistas del aborto, es defendida enérgicamente por los 60 obispos italianos reunidos en la comisión

permanente de la Conferencia Episcopal. Precisamente, cuando en este país se conmemora el tercer

aniversario del asesinato de Aldo Moro, cumbre de violencia terrorista; cuando en plena calle se produce

una campaña masiva de recogida de firmas para la reimplantación de la pena de muerte, como arma

contra el terrorismo —síntoma preocupante, dicen, recurrir a esto como factor de paz—, y cuando los

italianos se enfrentan al referéndum sobre la ley del aborto, que convoca a la urnas para primavera, con

valentía, la Iglesia defiende la vida. Denuncia la difusión de «una cultura de muerte», enraizada en las

dificultades del momento y en la desorientación ideológica y moral. La Iglesia recuerda, en nombre del

Señor, que no es lícito matar y que hay que distanciarse de quienes cultivan perspectivas de muerte. El

hombre que mata golpea a una criatura imagen de Dios.

Denuncian los obispos italianos la plaga del aborto y la difusión de la mentalidad abortista, que se

propone reconocer la legalidad del aborto. Y se pregunta, ¿por qué la sociedad contemporánea ya no se

horroriza cuando está ante la muerte? Con claridad recuerdan que el aborto voluntario es el asesinato de

una criatura inocente. Nadie debe quedar pasivo frente a la realidad del aborto. Es gravemente ilícito.

Ninguna norma que reconozca legítima la muerte directa de la criatura en el seno materno es compatible

con la visión cristiana de la vida, por" lo que las leyes abortivas son moralmente ilícitas y, aunque sean

promulgadas, deben ser superadas por todos los medios oportunos legítimos.

Concretamente, los obispos italianos dicen a los cristianos del país, ante las preguntas del referénfum, que

deben rechazar la propuesta de una ley más permisiva que liberaliza aún más el aborto y dicen que es

gravemente obligatorio para la conciencia de un católico responder a la pregunta denominada mínima y

moralmente lícita de la abrogación, porque mediante la abrogación de la ley, y en la medida de lo posible,

se restringe la amplitud abortista y se salvan vidas humanas.

Independiente del éxito que tenga o no el resultado "del referéndum, los católicos están llamados a

afrontar con responsabilidad sus compromisos cívicos, conscientes de que su misión es también la

evangelización de la vida con la fuerza de la palabra y las obras de la justicia y la caridad. Les exhortan a

esforzarse por «inscribir la ley divina en la vida de la ciudad terrena» sin desanimarse. Los obispos se

refieren a la delincuencia, a la droga, al comercio de armas, que Italia exporta, y a la inconsciencia de los

automovilistas.

 

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