Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
 Analisís político. 
 UCD sigue respirando     
 
 Mundo Diario.    16/03/1980.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Análisis político

UCD sigue respirando

El desenlace parlamentario, en el pleno del Congreso de los Diputados, del Estatuto de Centros Escolares,

a pesar de haber sido favorable al partido del Gobierno, ha constituido el penúltimo capítulo de esta seria

crisis que envuelve a UCD desde hace por lóamenos dos meses, acelerada a partir de la famosa decisión

de reconducir los procesos autonómicos por la vía del artículo 143 de la Constitución. Digo «penúltimo»

porque todo el mundo da por seguro que el próximo jueves — elecciones parlamentarias catalanas—

asistiremos ai último.

Hasta el propio presidente Adolfo Suárez ha tenido que intervenir directamente para conseguir que una

serie de diputados «disidentes» votaran «sí» al Estatuto de Centros. ¿Se imaginan ustedes lo que habría

sucedido en el caso de que los Fernández Ordóñez, los Ignacios Camuñas y otros representantes de las

corrientes socialdemócrata y liberal hubieran persistido hasta el fin en su amenaza de no apoyar el texto

de la ley orgánica del Estatuto de Centros en la votación final sobre la globalidad? Por supuesto que el

partido habría quedado roto.

Las razones de Suárez y de Fernando Abril les debieron convencer de la necesidad del voto favorable, tal

vez por las seguridades dadas sobre una prioridad a los centros estatales en la financiación pública de los

centros escolares. Por tratarse de una ley orgánica, se requería la mayoría absoluta (mínimo de 176

diputados) para ser aprobada. Al Gobierno sólo le sobraron once votos, y gracias al apoyo de la Minoría

Catalana y de Coalición Democrática. En la noche del jueves el Gobierno Suárez corrió un serio peligró

de perder aquella trascendental votación.

Todo ello explica el tremendo nerviosismo que se venía observando entre los ministros y los altos jefes de

UCD. Es verdad que en esa ley se jugaba un aspecto dei «modelo de sociedad» ofrecido por los partidos

de centro-derecha y por los partidos de izquierda, bastante diferenciado en este caso, quizá porque

muchas de las grandes polémicas tradicionales se habían desplazado hacia la «cuestión escolar». No había

nada más que escuchar los magníficos discursos de Luis Gómez Llórente y de Miguel Herrero de Miñón

para darse cuenta de ello.

Euzkadi: Fuera cicaterías

Respirar solamente. Porque aquí nadie había asumido todavía los resultados de las elecciones al

Parlamento de Euzkadi. Quiero decir casi nadie. Quien hubiera efectuado un análisis pormenorizado y

desapasionado del proceso político anterior, la verdad es que no podía sorprenderse de aquellos

resultados. El nacionalismo ha venido siendo el soporte fundamental no sólo de la autonomía sino de la

recuperación de las señas de identidad de un pueblo. ¿A quién le va a extrañar que se haya producido ese

corrimiento en favor de los partidos nacionalistas en las elecciones para un Parlamento cuya razón de ser

es la expresión de una voluntad nacionalista?

Vamos a dejar ya la literatura sobre el hundimiento de los partidos de ámbito estatal, pues ésta ha sido la

canción más repetida desde la madrugada del lunes. Ahora la cuestión es encarar el inmediato futuro de

Euzkadi en relación con el Estado del que forma parte, en relación con España. Mala receta es pensar en

cambalaches de estilo pedestre, como muchos preconizan por aquí, a ver «si engañamos a estos chicos de

Garaikoetxea y les llevamos al jardín».

El PNV contrae una doble y pesada responsabilidad a partir del 9 de marzo. Por una p irte, tiene que

protagonizar la reconstrucción y la pacificación de Euzkadi. Por otra, tiene que conseguir un óptimo nivel

de relaciones con e! poder central, con el Gobierno de Madrid. Y el Gobierno Suárez debe dejarse de

lamentaciones y adoptar un espíritu positivo y constructivo ante la nueva realidad política naciente, de

manera que tenga siempre presente que Euzkadi es «también» una parte del Estado y que e! Gobierno de

Euzkadi es «también» una institución —como el Parlamento recién elegido, como las demás instituciones

vascas— del Estado español.

La cicaterías y los recelos deben quedar arrumbados para las dos partes. De lo contrario, nos

eternizaríamos en una pugna verbal y política que haría imposible ponerse a trabajar duramente sobre los

problemas que aguardan. El espíritu de cooperación tiene que sustituir para siempre al fantasma de la

confrontación permanente. Las heridas o los arañazos de la campaña electoral tienen que curarse

rápidamente, aunque sea con alcohol de quemar. Como siempre sucede, es el partido vencedor el más

obligado a facilitar el retorno del sentido de la solidaridad y el olvido de todo lo que se dijo y que no se

debió decir.

Desde el primer instante todos deben demostrar que no tienen sentido esas declaraciones del honorable

Tarradellas en un periódico lisboeta. Una intervención militar no sólo sería un tremendo disparate: sería el

principio del fin de la paz y de la democracia en España.

Los fantasmas se disipan

Cuando los valencianos se despierten el jueves, con los ecos de la «crema» todavía en los oídos, los

catalanes habrán comenzado a acudir a las urnas para elegir su «Parlament». Así como en el País Vasco

se ha ido decantando la opción del Gobierno monocolor en manos del PNV, en Catalunya las cosas están

menos claras, aunque los resultados de las elecciones difieren poco de los cálculos ahora más autorizados.

Sin embargo, puede ocurrir que el PSC-PSOE, virtual ganador, intente gobernar también en solitario.

Lo t|ue sucede es que las expectativas de los nacionalistas catalanes de Convergencia i Unió parece que

han crecido considerablemente, hasta el punto de que ellos hablan de un gran acortamiento de distancias

con el PSC. Tal tendencia podría conducir —en pura teoría política— a un Gobierno de coalición

nacionalista-socialista. Tal cosa es mucho más fácil en Catalunya que en Euzkadi, ya que mientras que en

ésta las concepciones nacionalistas son más estrictas, en Catalunya casi todos los partidos llevan encima

una tradición y una carga nacionalista que acerca más las posiciones desde esa vertiente. Es el caso del

PSC, del PSUC y de Esquerra Republicana.

Parece que ha sonado la hora de la disipación de los fantasmas. En Euzkadi se diluye aquel rumoreado

«frente abertzale» que ha tenido sin dormir a la clase política durante días. En Catalunya no se concreta la

posibilidad de una coalición de socialistas y comunistas, lo que los nostálgicos llaman «frente popular» y

que entraña la versión catalana de esta guerra de los fantasmas. A menudo parece que los españoles no

tenemos otra cosa que hacer que no sea ver visiones y desenterrar todos los viejos motivos de nuestras

querellas fratricidas. Ya está bien, señores. ¿Por qué no vamos pensando todos en ponernos a trabajar

seriamente en la pacificación, en la consolidación de la democracia, en la redención de ia economía y en

la solución del paro?

PEDRO CALVO HERNANDO

 

< Volver