Autor: Gomis, Juan. 
   A un indeciso     
 
 El Correo Catalán.    16/03/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

A un indeciso

Está usted indeciso. Sobre dos cuestiones: acerca de qué partido o coalición votar entre las que presentan

su candidatura al Parlament de Catalunya, y acerca de si votar o no. Y ambas dudas están relacionadas:

Seguramente si viera con mayor claridad su disminuiría su indecisión soÓre si votar o no votar.

Acerca de su primera duda poco le voy a decir. Naturalmente que me parece lícita la propaganda sobre las

diversas opciones. Pero hay otra actitud que también creo licita y es la del alentar, mediante el respeto

más estricto, la decisión personal. La de considerar que es usted, y no yo, quien tiene que decidir cuál es

su voto. Votar es un gran progreso social que al mismo tiempo valora la conciencia personal, el individuo.

Si su voto es auténtico me parecerá bien, aunque su voto sea diferente y aun opuesto al mío. Demasiado

se ha desconocido el valor de la conciencia para que no deje de juzgar útil que en una cuestión

importante, como lo es una votación de este tipo, se acentúe que se trata de una decisión personal. Me dis

culpará, pues, que en este punto le deje a solas con su conciencia. Y no creo que sea desatención: es

considerarlo responsable. Usted resolverá esta cuestión.

Pero acerca de la otra indeci-sión si quiero hacer algunas consideraciones. Su duda entre votar o

abstenerse no está motivada por despreocupación de nuestros problemas políticos, sociales y económicos.

Lo que ocurre es, según me dice, que está confuso ante el panorama y que juzga que en general los

partidos o coaliciones que se presentan no están a la altura de la situación.

Y aún me dice que a veces piensa que abstenerse puede ser el modo mejor de que los partidos, ante una

abstención muy numerosa, se t decidan a profundizar más en los problemas, a despertar de ciertas

superficialidades y ciertas inmediateces. Acaso podría serlo si la abstención tuviera realmente y se le

diera este significado. Pero es muy dudoso que toda la abstención lo tenga. Y ocurre que el sistema de

representación ciudadana por medio del sufragio universal canalizado por partidos no tiene buena

alternativa, por lo menos en un largo futuro.

No tiene buena alternativa. Lo cual quiere decir que sí tiene alternativa mala: cualquier sistema de los

diversos posibles que coinciden en eliminar la democracia política. Y así su abstención, en vez de

colaborar a que ios partidos experimentaran un sobresalto saludable, podría colaborar a que algún día

todos tuviéramos un sobresalto nada saludable, sino cuanto menos dramático.

Ya sabe que soy partidario decidido del sistema de partidos políticos y al mismo tiempo por lo menos más

bien crítico con la actuación general de los nuestros, de los de Catalunya y también de los llamados

estatales. Creo que en conjunto llevaron bien, y aun de modo excelente, la etapa de tránsito a la

democracia política. Después —después de la Constitución, si se quiere poner una fecha— creo que la

nota que merecen ha bajado.

Tal vez porque en general estaban más preparados para cuestiones inmediatas que para visiones y

caminos más a largo plazo. Pero hay que recordar dos cosas. Primero que cada vez, y no por azar sino

coincidiendo con e! agotamiento de situaciones reaccionarias, que en España se intenta instaurar un

sistema político democrático las condiciones económicas son adversas. Segundo que, junto a la crisis

económica, hay en el mundo una crisis de civilización, y que en los demás países partidos con mucha

mayor fuerza que los nuestros no se muestran tampoco demasiado imaginativos ante estas crisis.

Por otra parte, aunque no militemos en ninguno, los partidos que tenemos son en buena medida nuestros.

Quiero decir producto de una sociedad de la que formamos parte todos. No no son ajenos. ¿En qué

medida son un espejo a la derecha, al centro y a la izquierda? sin duda en alguna. Es lo que tenemos, lo

cual no significa desde luego sustraerlo a la critica que por lo dicho también es examen- de conciencia, ni

renunciar a mejorarlo incluso de modo radical.

«No es optativo, estamos embarcados», decía Pascal ante cierta apuesta. Cambiando lo que haya que

cambiar me parece aplicable a este caso. Estamos embarcados, afortunadamente, en una democracia

política que es la buena singladura para conseguir una futura democracia social y económica.

Probablemente votará usted sin entusiasmo especial. Pero votará, ¿no es cierto?

Juan Gomis

 

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