Autor: Marín López, Carmen (KARMENTXU). 
 Los procedimientos iniciados ante los tribunales eclesiásticos por la vía civil. 
 El Congreso aprueba el proyecto de ley de Divorcio     
 
 El País.    08/04/1981.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL PAÍS, miércoles 8 de abril de 1981

PARLAMENTO NACIÓNAL/17

Los procedimientos iniciados ante los tribunales eclesiásticos pueden continuar por la vía civil

El Congreso aprueba el proyecto de ley de Divorcio

KARMENTXU MARÍN

Entre la sonrisa del ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez; los abrazos y los whiskies de los

socialdemócratas y las caras serías del ponente José Antonio Escartín, del portavoz del Grupo Centrista,

Miguel Herrero, y de algunos diputados democristianos, el Pleno del Congreso de los Diputados aprobaba

poco antes de las 20.30 horas de ayer el proyecto de ley de Divorcio. Salió adelante el procedimiento de

divorcio del texto de la comisión y se suprimió la disposición adicional décima, que impedía a quienes

tuvieran un procedimiento iniciado ante los tribunales eclesiásticos pasarse a la jurisdicción civil.

Tras esta intervención, José Antonio Escartin abandonó el puesto que, junto a sus compañeros ponentes,

María Dolores Pelayo y Javier Moscoso, vino ocupando durante el desarrollo de las sesiones del Pleno.

Joaquín Satrústegui propuso al procedimiento del texto de la comisión una enmienda transaccional que

«no tiende, como el procedimiento del señor Escartín, a que el fiscal intervenga desde el mismo principio

del procedimiento, a que se convierta en un defensor del vínculo, y se aleja también en parte de la

propuesta de la comisión que admite sólo pruebas documentales para los casos en que los cónyuges

acuden a la separación o al divorcio de común acuerdo». Satrústegui puso como ejemplo el de

matrimonio con más de diez años de separación de hecho; pero que no tenga documentos que lo

acrediten, lo que, a su juicio, podría imposibilitarles para divorciarse, por lo que proponía que en algunos

supuestos «pudiera admitirse cualquier otra prueba, por ejemplo, la utilización de testigos».

Su compañero centrista, Javier Moscoso, le contestó que el procedimiento que se regula en la disposición

adicional sexta contempla a dos personas que acuden a la auto-

ridad judicial para instar una sentencia de divorcio sin oposición entre las partes. «El procedimiento

probatorio», dijo Moscoso, «es para cuando una parte alega un hecho y la otra lo niega. ¿Como podíamos,

entonces dar por válida esta fórmula, que corresponde al procedimiento contradictorio? El procedimiento

del señor Satrústegui, con testigos, sería más complicado, y, de aceptarlo, potenciaríamos la comedia

judicial sin admitir más garantía».

La aprobación del procedimiento sin enfrentamiento o litigio para los casos de mutuo acuerdo de los

cónyuges estuvo precedida de un descanso en la sesión, en el que hubo múltiples reuniones de Escartín

con Satrústegui, este último con el presidente de UCD, Agustín Rodríguez Sahagún, Miguel Herrero con

Fernández Ordóñez, Iñigo Cavero con Díaz Pinés y Javier Moscoso, y todos entre sí con Luis Apostua.

El otro tema de la tarde fue la supresión de la disposición adicional décima. El hecho de que esta

disposición impidiera a los cónyuges que habían iniciado un procedimiento ante la jurisdicción canónica

pasar a la ordinaria hizo intervenir a comunistas y socialistas pidiendo su supresión; El comunista Solé

Tura manifestó que dicha disposición infringía el principio de unidad jurisdiccional contemplado en el

artículo 117.5 de la Constitución. Virgilio Zapatero, en nombre de los socialistas, calificó esta disposición

de «una especie de cepo, de castillo de Irás y no Volverás, claramente inconstitucional». Incluso anunció

que si no se rectificaba a tiempo, «y a tiempo es ahora», los socialistas estarían dispuestos a presentar un

recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional. «En esto, el proyecto de UCD», siguió

Virgilio Zapatero, «es más papista que el Papa y va más allá de los propios acuerdos con la Santa Sede».

Zapatero propuso que, en última instancia, se asegurara que los jueces eclesiásticos sólo seguirían

entendiendo de los procesos iniciados ante ellos mientras los cónyuges estuvieran de acuerdo en esta

jurisdicción.

El centrista Javier Moscoso manifestó, en respuesta a Solé Tura y a Zapatero, que «sabemos lo que hemos

querido decir en esta disposición, aunque quizá no lo hemos hecho de forma suficientemente explícita».

Moscoso explicó que, efectivamente, su grupo presentaba una enmienda transaccional para consagrar la

posibilidad de que acudieran a la legislación canónica todas las personas que quisieran, pero que no

pudiera impedírseles su paso a la jurisdicción civil.

El hecho de que el diputado de Coalición Democrática Juan Luis de la Vallina se opusiera a la admisión a

trámite de esta enmienda transaccional planteó la curiosa situación de que venciera una tesis aún más

contraria a la modificación del texto: su supresión, como pedía la oposición. Gregorio Peces-Barba, en

nombre del Grupo Parlamentario Socialista, pidió que la votación al respecto fuera secreta y por el

procedimiento electrónico, para imposibilitar que se supiera quién rompía la disciplina de voto. Los

resultados de la votación fueron 155 diputados a favor de la supresion de la disposición adicional, 107 en

contra y tres abstenciones, lo que fue acogido con los aplausos de la izquierda y, posteriormente, con las

sonrisas sin disimulos de los propios diputados socialdemócratas.

Las disposiciones adicionales segunda y quinta plantearon también un cierto grado de debate,

especialmente la primera de ellas, que trata de la ejecución en el orden civil de las sentencias sobre

nulidad de matrimonio canónico dictadas por los tribunales eclesiásticos. El texto de la comisión

establece que esas sentencias tengan eficacia en el orden civil siempre que se haya oído a los interesados

si no hay oposición de alguno de ellos y si se ajustan al derecho del Estado, entre otros requisitos, lo que

hizo pedir al representante de Coalición Democrática, Juan Luis de la Vallina, que se respetara la

jurisdicción canónica, y oponerse a este punto al comunista Solé Tura, quien pidió que se publicaran las

demandas antes de ser homologadas en la legislación civil, que el juez pudiera reclamar los autos a la

jurisdicción canónica para mejor proveer y ciertas garantías en la homologación de esas sentencias.

E1 presidente del Congreso, Landelmo Lavilla, puso en marcha el acuerdo de la Junta de Portavoces de la

mañana de limitar el tiempo de debate de cada artículo, porque el divorcio estaba en el Pleno desde e!

pasado 17 de marzo.

Dos disposiciones adicionales, la sexta que contempla el procedimiento de divorcio sin litigio para casos

en que los cónyuges actúen de mutuo acuerdo, y la ya citada disposición adicional décima consumieron la

mayor parte de los debales de la tarde. El hecho de que el procedimiento de divorcio se aprobara por 102

votos a favor, veintidós en contra y 117 abstenciones hizo decir, al término de los debales, a José Antonio

Escartín, que retiró su voto particular, que «mi petición de abstención ha sido la que más votos ha

obtenido, lo que obliga a revisar el mal procedimiento que hemos aprobado y que va a dificultar esta ley».

i Escartin explicó la retirada de su voto particular diciendo que «para un hombre de partido que cree en la

disciplina» el mantenimiento de su voto había sido «un acto particularmente duro». «No había», siguió en

su intervención ante la Cámara, «una posición adoptada al respecto en los órganos del Gobierno ni en los

del partido. Pensé que el tiempo transcurrido desde la ponencia y la comisión podía haber permitido un

debate amplio, pero las razones políticas, jurídicas y sociales de la ley que motivaron mi voto particular

subsisten hoy, e incrementadas. Aunque en este momento no hay una decisión colectiva de los órganos

del Gobierno o del partido, por lo que todavía no se si soy disciplinado o indisciplinado, quiero que la ley

salga pronto, por lo que retiro mi voto particular. Se me podrá pedir, como mucho, un discreto silencio o

una abstención».

 

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