El futuro se construye con el voto     
 
 La Vanguardia.    20/03/1980.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

El futuro se construye con el voto

HOY Cataluña centra de nuevo la atención política en unas elecciones que han desbordado el

marco geográfico. La contienda electoral para ocupar los 135 escaños del Parlament se ha

convertido en un «test» político español, del que se pretenden sacar consecuencias que nada

tienen que ver con el gobierno de la comunidad autónoma.

Hubiéramos preferido que no se cayera en esta tentación y que los comicios hubieran

movilizado solamente las conciencias de los votantes. Porque, en definitiva, las urnas se abren

esta vez para dar a la Cataluña autónoma el organismo parlamentario, deliberante, creador y

ordenador de los instrumentos de autogobierno que ofrece el Estatuto de Autonomía y, en

última y suprema instancia, la Constitución española.

Después de una dilatada etapa de centralismo como sistema, unas veces más atenuado que

otras, la monarquía ha optado por un Estado abierto y realista que reflejara la pluralidad original

de España, cerrando el ciclo de las afirmaciones platónicas y las heridas abiertas.

Con la Constitución aprobada unánimemente, con ínfimas y poco relevantes excepciones,

España pasó a ser un Estado de Autonomías, en el que la unidad, que nadie discutió, y la

solidaridad nacen de la voluntad y no de la imposición. Para llegar a estas autonomías había

unas regiones o nacionalidades —término constitucional— que estaban mejor preparadas por

su historia, su cultura, su economía y su deseo de presencia singular en la fraterna unión de los

pueblos hispanos. Una de ellas, y nos atreveríamos a decir que la más madura, más política y

más dispuesta es, sin duda, Cataluña.

Por ello fue restablecida inmediatamente la Generalitat, aunque con carácter provisional, y se

puso al frente de la institución a un hombre que unía a la legitimidad del nombramiento regio, la

legitimidad histórica. Durante estos dos años y medio, Cataluña ha sido un ejemplo de

concordia, de habilidad política, de trabajo sordo y tenaz para convertir en comunidad

dialogante y de objetivos una mezcla de ciudadanía que podía ser peligrosa si alguien

intentaba manipularla con finalidades disgregado-ras. Cataluña ha triunfado y ofrece un pueblo

distinto, pero compacto. Nadie ha conseguido el enfrentamiento de comunidades que durante

un tiempo se temió.

Y hoy, con un pueblo unido, se va a síegir el Parlament.Porque unido no quiere decir único y

las opciones son varias y distintas las preferencias, y no hay ningún programa en el que no se

pretenda el bien y la prosperidad de Cataluña y de todos sus ciudadanos. Este es el gran

triunfo de estos años de trabajo fraterno.

No hemos llegado todavía a la etapa del voto cívico, es cierto. Aún hay componentes de clase

en la decisión y esto, casi siempre, es perjudicial. Nos falta llegar al grado de madurez de las

democracias sin adjetivos, en las cuales es posible y natural que en un momento dado, como

en Gran Bretaña, los obreros voten a la señora Thatcher, considerando que es lo mejor para el

país en aquella coyuntura. O los empresarios alemanes a Helmut Schmidt. Pero todo llegará si

sabemos mantener vivo el amor a la libertad, que es la base de toda organización democrática.

Queda otro grave problema de falta de madurez: la abstención. Sería incomprensible además

de grave— que mucha gente rehuyera la responsabilidad del voto. La masa de abstencionistas

es la coartada moral de cuantos no quieren la democracia y la combaten. No podemos caer en

la trampa ni sentirnos avestruces si de veras queremos para España —y en esta ocasión, para

Cataluña— un sistema político avanzado, europeo y libre. El marchamo de garantía de nuestra

democracia está en la capacidad de presencia y en una exigua voluntad de inhibición.

En Cataluña posiblemente nos jugamos menos de lo que dicen los asustadizos y los

demagogos. Pero nos jugamos la calidad del gobierno autonómico y esto ya es suficiente para

que se movilicen conciencias y voluntades. Un buen gobierno, que sepa ordenar con autoridad

y flexibilidad la vida autonómica, es el mejor don que podemos desear. Cataluña es una vieja

tierra que sabe de los beneficios de la prudencia v de los peligros de la pasión. Sabe que la

andadura será difícil, pero la mira animosa.

Esta mañana las urnas son un enigma que se desvelará por la noche. ¿Tenemos aue añadir

que Queremos lo mejor para Cataluña y para España? En las manos de todos está.

 

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