Autor: Miravitlles i Navarra, Jaume. 
 Ayer, hoy y mañana. 
 Cataluña, motor de la democracia española     
 
 La Vanguardia.    20/03/1980.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Ayer, hoy y mañana

Cataluña, motor de la democracia española

DESPUÉS de la guerra da Sucesión española, ganada por la coalición Francia-Castilla, y perdida por los

aliados de Cataluña, Inglaterra y el Imperio central europeo, s« promulga el Decrete de Nova Planta en

virtud del cual Cataluña pierde todas sus atribuciones autonómicas y queda integrada a una estructura

política y administrativa de tipo centralista y unitario. Felipe V, el nuevo rey español, es nieto de Luis

XIV, el Rey-Sol, que pasará a ¡a historia bajo el lema de el Estado soy yo. Es a partir de entonces que

Cataluña pierde sus órganos propios de poder, pero, al mismo tiempo, tiene Jugar un fenómeno

económico contradictorio: el nuevo régimen es proteccionista en un momento en que superado el

monopolio atlántico vuelve a valorarse el Mediterráneo, mar que ha sido desde siglos el que mejor se

prestaba a la expansión catalana.

Por otra parte, uno de los sucesores de Felipe V, Carlos III, perteneciente a lo que podríamos llamar una

«monarquía civilizada», abre a los catalanes e! comeroió de las Amaneas del que habían sido, en

principio, eliminados, y contribuye a una relativa prosperidad catalana que, a la larga, servirá para ¡iniciar

el período de su renacimiento político y cultural. La ¡historia es una cordillera del tiempo con dos

vertientes y en muchas ocasiones se produce una oposición implícita entre Ja política y la economía,

factores que no son tan interdependíentes como lo afirman los marxistes...

La invasión napoleónica fue otro de estos fenómenos contradictorios: si los soldados del Gran Corso

llevaban Ja libertad en la punta -de sus bayonetas, exaltaron también una resistencia patriótica inesperada

que culminó en la creación de unas «juntas autónomas», una Junta Central y finalmente una Constitución,

aprobada en las Cortes de Cádiz, presididas por el catalán Dou, e Inspiradas teóricamente por el catalán

Capmany. Nació ´históricamente la «guerrilla nacional»,´ algo así como los partisanos de Tito que, con la

ayuda de una potencia extranjera, Inglaterra, vence a Napoleón. Después, los cien mil Hijos de San Luis

vuelven a la carga y actúan exactamente al revés de los soldados de Bonaparte.

Todas aquellas convulsiones tienen un efecto común: España no encuentra su sistema nacional y pasa por

la revolución de 1868 de la que el genera! catalán Prim es el más significativo protagonista; se intenta una

monarquía liberal con un rey de procedencia italiana y triunfa cinco años más tarde1 un criterio catalán

con una República, ciertamente prematura y poco adaptada a la circunstancia histórica, en la que brillan

efímeramente apellidos catalanes entre ellos, ej federal «proudhoniano» Pi y Maragall, Figueres y Sunyer

Capdevila... (de este último nace la dinastía de los P¡-Sunyer...) Mi abuelo, Enríe, fue contemporáneo de

aquellos sucesos y «federal de toda la vida».

Al empezar el siglo actual, y después del desastre de Cuba y la pérdida total del imperio, se inicia en

España un siglo XX grávido de «desesperanzas». Nadie ni nada se mueve, el pesimismo más profundo

invade ´los corazones y las mentes de los hombres más responsables. España ha perdido la brújula y es un

barco vacío que va a la derive. Y es entonces, ¡oh paradoja!, el país económicamente más perjudicado por

la pérdida de Cuba y Puerto Rico, cuando se levanta la voz de Cataluña. En les elecciones de principios

del si-glo XX, se presenta una candidatura de los Cuatro Presidentes de las entidades económicas y

culturales de la comunidad barcelonesa y logran un triunfo deslumbrante1. Poco más tarde asistimos al

fenómeno de Solidari-tat Catalana y la lucha por la autonomía. Sólo la guerra europea, convertida en la

Primera Guerra Mundial, entorpece eque! «renacimiento».

Cataluña logra en 19)4, a través de una mínima reforma de la Administración Local, un estatuto reducido

que, con e! nombre muy significativo de Mancomunitat, recibe del Estado unas pocas atribuciones

autonómicas. Pero un hombre excepcional la convierte en una fuente creadora. Prat de la Riba muere en

la tare´a sin poder llegar hasta el fin de su término legal y le sucede otro hombre ilustre, Puig y Cadafalch,

que tampoco podrá llegar al fin de su mandato, pues el golpe de Estado del general Primo de Rivera de

1923 culmina con su expulsión de la Mancomunitat y finalmente con la disolución de aquel organismo

que venia a reparar algunos de )os destrozos del Decreto de Nova Planta,

Pero Cataluña encontraba otra vez, no se sabe cómo, la fuerza necesaria para continuar su carrera

histórica: cuando el ministro del rey Alfonso XIII, el conde de Romanónos, se entera de que desde el

palacio del Ayuntamiento de Barcelona, Lluís Companys acaba de proclamar .la República & la una y

treinta y cinco minutos de la tarde del 14 de1 abril de 1931 y de que, poco después, desde el balcón de la

Diputación Provincial, Maciá proclamaba la República catalana, admite que todo está perdido.

Don Alfonso tuvo la serenidad de aceptar el significado profundo de centenares de ayuntamientos

catalanes y del resto de España que se manifestaban de la misma manera y. para evitar ríos de sangre, se

merchó del país. «España se había ido a dormir monárquica y se´ despertaba republicana...» Cataluña

había contribuido muy directamente en la maduración democrática de aquella etapa histórica.

Pero Maciá también moría en una triste Navidad de 1933 sin cumplir integramente su mandato y subía

Lluís Companys. Seis de octubre de 1934, Companys en la cárcel acusado as rebelión contra un Estado;

16 de febrero de 1936, gran triunfo electoral de las fuerzas populares; llegada poco después, desde el

Penal de Santa María del Mar, junto a Cádiz, de Companys y su gobierno de la Generalitat recibidos

clamorosamente en Barcelona. Pero la paz debía durar poco y estallaba el golpe de Estado de 1936 con

una guerra civil que duraba hasta marzo de 1939. Exiliado en Francia, la policía alemana detenía a

Companys en La Baule, junto al Atlántico, lo entregaba a Franco y era fusilado en Barcelona.

El Estatuto de Cataluña había sido anulado por Franco, por decreto, en el instante en que sus tropas

ponían el pie sobre la tierra catalana de Lérida. Pero el Parlamento catalán en el exilio elige, sobre un

territorio de extraterritorialidad que era la Embajada en Méjico, cuyas relaciones diplomáticas con la

España en el exilio no habían sido interrumpidas, a Josep Tarradeílas como presidente de lai Generalitat.

Y, ¡milagro de la historia!, el sucesor en linea directa de Prat de la Riba-Puig i Ca-dafach-Macia

Companys y Irla, era reconocido legal y legítimamente por el nieto de Alfonso XIII y Cataluña

recuperaba, en el seno de una España democrática, sus libertades centenarias. Vemos, pues, en una corta y

quizá demasiado larga exposición, todo un proceso histórico que se inicia con la guerra de Sucesión a

principios del siglo XVIII ,y continúa hasta el próximo jueves. Cataluña ha estado siempre en la primera

línea del combate por la libertad, su libertad, y la de todos los ofros pueblos de España. En 1931 fue

Cataluña, con el único estatuto que se presentó a ´la aprobación de las Cortes españolas, la que inició una

reestructuración del Estado español y que abrió el camino para que el centralismo asfixiante fuera

superado. Vinieron inmediatamente en su ayuda Galicia y el País Vasco.

Durante la guerra civil del período 1936-39 se refugiaron en Barcelona ¡el Gobierno central de la

República, el Gobierno vasco, la Junta Gallega, de la que era principal protagonista e! tierno Castelao,

casi ciego ya, y el Consejo de Aragón. La España de (os pueblos que hoy está cristalizando bajo te

libertad democrática ya estaba prefigurada en la Barcelona mártir y acogedora de aquellos días. Es esta

España, basada en sus regiones naturales, la que asegurará la convivencia en la paz. Cabe el legítimo

orgullo a los catalanes de haber sido los iniciadores de aquella trascendental mutación. No podrán nunca

ser acusados de separatistas precisamente aquellos que unen a los pueblos por encima de las viejas y

superadas jerarquías burocráticas del Estado.

En esta campaña ´electoral hemos visto cómo todos -los partidos españoles, con la inclusión del propio

presidente del Gobierno, han venido a Cataluña para lograr una votación que ellos saben decisiva para el

refor-zamisnto de la libertad y la justicia social en toda España. Abstenerse en esta hora mágica del

destino común, sería un pecado que no nos perdonarían las generaciones futuras.

Jaume MIRAVITLLES

 

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