Autor: Pol Girbal, Jaime. 
   El fracaso de las cabinas     
 
 El Correo Catalán.    21/03/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El fracaso de las cabinas...

Me entero, a las tantísimas, de que ha sido rotundo el fracaso de las cabinas. A primera hora de la tarde

me habla qae-dado sorprendido, en Folguero-les, ante esa misma circunstancia, de la que doy cuenta en

mi pápela de la página nueve. Me dije: «—Será que en Folguero-les no hay misterios políticos».

Recuerdo que los tres jóvenes barbudos de la mesa coincidieron en sus cuentas al decirme estas dos cosas:

que ya hahía votado más de la cuarta parte de la gente y que, no obstante, sólo se habían aislado dos

personas.

Todo el tiempo que estuve en el único colegio de Santa María de Folgueroles, observé que la gente,

perdón, los electores, no hacía ninguna especie de remilgos: cada cual iba al montón que le interesaba, de

modo que, por otra pane, al no haber sido sistemáticamente renovadas las pilas que tenían más éxito, se

notaba, de buenas a primeras, que listas tenían gancho.

Ahora resulla, por lo que voy sabiendo según pasan las horas y se amontonan datos, que el fracaso de las

cabinas ha sido genera!, salvo excepciones, útiles para confirmar esta extraña y nada democrática regla

característica del gran día catalán en que la primavera tuvo más papeletas que hojas. El fenómeno de

Folgueroles se ha generalizado en detrimento de lo que debiera de ser asunto muy discreto.

De Pirineos para arriba hay, por lo menos, dos cabinas por colegio, a objeto de que incluso cuando un

matrimonio va a votar, cada cual pueda aislarse y decidirse, en plan estrictamente secretísimo. Además,

tanto en Francia y en Suiza, como en Alemania Federal y en los países del Benelux, cada votante

se hace con un ejemplar de cada papeleta o lista antes de introducirse en la cabina; con lo cual, sólo él

sabe cuál de esos ejemplares terminará dentro del sobre antes de caer en la urna. La única referencia que,

even-tualmente, puede ser localizada por los indecisos y los influen-ciables, está en las pilas ds papeletas

yacentes en el suelo. Una lista muy pisoteada es una lista que las pasa muy canutas. Precisamente por lo

dicho, siempre hay un delegado de partido que hace de barrendero voluntario.

Ignoro si es obligatorio meterse en la cabina. Creo que en Francia, sí que lo es. Y me parece bien. Me

parece perfectamente justo que a los Vicente, se les impida la facilidad ds aborregarse yendo, porque sí, a

donde va la "gente.

Seria cosa muy fina y muy decente estudiar ei problema. Hay que votar detrás de una cortina. Y hay que

votar dejando un mínimo de trazas. No hay que asaltar las fortalezas débiles. Cada cual, ha de ser su

propio juez, en su alma y conciencia.

Que reflexionen nuestros hombres políticos, por favor...

Jaume Pol Girbal

 

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