Autor: Casas, Carmen. 
   Así fue el apacible 20-M de los presidenciables     
 
 El Correo Catalán.    21/03/1980.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Así fiíe el apacible 20-M de los presidenciables

Durante la mañana del día de las elecciones, el temido y esperado 20 de marzo -por cierto, feliz

primavera-, las horas transcurrieron, como quien no quiere la cosa, bajo el signo de la apacibilidad, en un

relajado ambiente muy «d ´estar per casa», bastante a tono con estas elecciones al Parlament de

Catalunya.

Mientras el president Tarra-dellas embalaba sus enseres personales y se preparaba para la reunión que, a

partir de las diez y media de la noche, tendría lugar en el Palau de la placa de Sant Jaume, el lider

socialista Joan Revemos sostenía una entrevista de casi dos horas de duración, para la revista «Playboy»,

con José Luis de Vilallonga. Un poco de frivolidad no le vendrá mal ai nuevo Parlament; que Tarradellas,

sus peculiares declaraciones aparte, nos tenía un tanto amodorrados.

Por su parte, Benet permaneció, después de votar, en su domicilio; almorzó apaciblemente en compañía

de Florencia, su mujer, y se manifestó partidario de dormir la siesta hasta media tarde, iniciando luego el

periplo ciudadano alrededor de las ocho. La calma de los futuros «parlamentaria», como podrá comprobar

el lector, pasaba de «chicha».

Pujol estuvo en la sede de su partido parte de la mañana, dedicándose más tarde a repartir «entrepans» de

butifarra catalana entre sus interventores ubicados en los distintos colegios electorales, procurando que no

se le colara ningún socialista. Echevarría, a su vez, intentaba que en tanto que durara su parlamento, nadie

diera la señal de atacar et «buffet», a fin de no quedarse compuesto y sin novia, tal y como le sucedió en

su último mitin en el Princesa Sofía, recepción a la que invitó a cenar al público en general, ingrato y

desagradecido.

Jaume Dalmau, el hombre de Heribert Barrera, almorzaba tranquilamente en el restaurante II Gíardinetto,

sin prisa ni manifestación de nerviosismo alguna, en solidaría compañía. En otra sala del mencionado

restaurante, Antonio de Senillo-sa (dos veces ausente: de las elecciones y del propio almuerzo) se

recuperaba de una fiesta celebrada en el día de San José; fiesta familiar, intima, privada e intranscribible.

¿Qué haría Cañellas? Alguien aseguró haberle visto en su joyería, sacándole punta a una perla negra,

teléfono rojo en mano, al habla, ininterrumpidamente, con Suárez.

Carmen Casas

 

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