Bolsa: así fue la semana.. 
 Cotizó la violencia  :   
 Dos mínimas anuales y la cifra más baja de negocio. El índice general bajó 2,61 puntos. 
 Arriba.    30/01/1977.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA SEMANA ECONÓMICA

LA SEMANA NACIONAL

COSTE DE VIDA: AUMENTO DEL 19,77 POR 100, LA PEOR NOTICIA DEL AÑO

Es necesario frenar la inflación a toda costa

LA peor noticia del año, aunque presentida, «cantada», nos la ha dado el Instituto Nacional de

Estadística: el índice del coste de vida, en 1976, ha aumentado en un 19,77 por 100. Práctimamente,

en un 20 por 100, ¡nada menos! ¿Es necesario decir que estamos ante nuestro enemigo público número

uno? El presidente de los Estados Unidos decía, en 1974, ante las dos Cámaras del Congreso: «Si no

vencemos la inflación, destruirá nuestra "país, nuestros hogares, nuestras libertades, nuestras propiedades

y, finalmente, nuestro orgullo nacional, tan seguramente como cualquier enemigo bien armado en tiempo

de guerra.» ¡Y eso que la inflación en Estados Unidos apenas sobrepasaba los dos dígitos!

En España, voces tan autorizadas como el gobernador del Banco de España han hablado de nuestra

inflación —del 20 por 100— como algo más que un dato objetivado y distinto. La inflación constituye un

problema diario para cada familia, para cada empresa, para cada institución y también para el propio

Estado. ¿Seguiremos subestimando los costes de la inflación? la misma autoridad económica se refería a

la alteración arbitraria que la inflación produce en la distribución de la renta y de la riqueza. El alza

continuada de los precios ahoga los presupuestos familiares modestos, beneficia a los deudores,

distorsiona los mercados de mercancías y financieros, convirtiéndose en un factor de profundo

descontento y disolución social. La lucha entre dos distintos grupos por mejorar su participación en el P.

N. B. mediante la elevación de sus precios o de sus retribuciones acelera el proceso inflacionista,

imponiendo un reparto de la renta nacional injusto, y replanteando diariamente, con grave daño, la

estructura total de precios y salarios.

RECORD

ESE 19,77 por 100 de aumento del coste de vida es, desde luego, un récord en nuestra historia

económica reciente:

1963 4,9% 1970 6,8%

1964 13,5 » 1971 9,7 1965 9,4 » 1972 7,3

1966 5,3 » 1973 14,2

1967 6,5 » 1974 17,3

1968 2,8 » 1975 14,1

1969 3,5 » 1976 19,7

La participación de los distintos componentes en 1976 oscila entre el 10,5 por 100 de gastos de vivienda y

el 22 por 100 de alimentación, que, como de costumbre, ha sido el componente de mayor incidencia en el

aumento global del índice. Pero le siguen muy cérea vivienda y calzado, que se anota un 21,87, y gastos

diversos, con un 17,9.

Las inversiones no se realzan con expectativas de aumento continuado de los precios

Gastos de casa contribuye con un 16,3, y vivienda con el 10,5. Piensen ustedes lo que puede ser el índice

de 1977 a la vista de los artículos que esperan subidas de precios, tanto en alimentación como, sobre todo,

en gastos diversos, donde se contabilizan desde los gastos de servicios sanitarios hasta los de aseo

personal, pasando por enseñanza, tabaco, café y bar, cultura y recreo, transporte colectivo,

comunicaciones, libros de texto, periódicos, teléfono, servicio doméstico, etc.

HACER ALGO

YO haría algo antes de las elecciones, ahora mismo», decía ayer el profesor Irastotza. En esta opinión

parecen coincidir algunos informes bancarlos, aunque consideran injustificado el «exacerbado pesimismo

existente de cara a 1977». La atonía inversora actual se basa en un problema de confianza, y una

característica de los problemas de confianza es que pueden enderezarse con rapidez inusitada. Por eso

piden algo menos ambicioso que grandes definiciones de opciones económicas: un programa financiero

para los próximos doce meses. Este programa comportaría una previsión del crecimiento de los recursos

monetarios en 1977 y un objetivo de reservas internacionales, que este año debería ser modesto. La

autoridad económica debería decidir las proporciones del crédito disponible para el sector público y

privado. La ejecución del presupuesto fiscal concretaría las previsiones respecto a los principales

capítulos de financiación: Banco emisor, endeudamiento extranjero y sector privado. Por último, sería

preciso que la autoridad económica definiese los rasgos de la política de balanza de pagos, partiendo del

objetivo de reservas Internacionales y previsiones sobre la cuenta corriente. Este programa financiero del

Banco Hispano Americano, como cualquier otro, sin embargo requiere de una condición «sine qua non»:

que los distintos grupos sociales lo .acepten y, sobre todo, que el empresario, que es el motor principal,

tenga ante si unas expectativas como las que podría proporcionarle el decidido propósito, mencionado

anteriormente, de acabar -de una vea por todas con el ritmo enloquecido de inflación.—Juan Antonio

FRANCO OLIVAN.

FRENAZO

ESTO está ocurriendo realmente -en nuestro país. ¿No se están peleando todos los grupos sociales por

llevarse la mayor parte del P. N. B., como decía ayer en estas páginas el profesor Prados Arrarte? Y

añadía: «Hay que parar en seco, pegar un frenazo a la inflación. Es necesario que el país entero se

convenza, a través de un Gobierno que tenga capacidad de convicción suficiente, de qué no va a haber

mas Inflación; que jure y perjure que no ya a contraer déficit en el presupuesto, y que todo el mundo se

comprometa, en un pacto social sagrado, a que vamos a acabar con la Inflación en un plazo de seis meses.

Es preciso, en efecto, crear expectativas de estabilidad, para que la inversión reanude su camino y el

ahorro recobré la confianza. Lo decía el profesor Lasuén en el mismo ABC de ayer: «La gente actúa

dentro de la más estricta ortodoxia inflacionaria. Es un problema de expectativas. Hasta que el Gobierno

no convenza a los españoles de qué va a parar la Inflación, éstos no reducirán el gasto.» Es preciso

concienciar: al país, por todas las razones dichas y porque, en definitiva, toda Inflación fuerte y duradera

como la nuestra genera, a la larga, hostilidad manifiesta contra el sistema politico-económico en que se

produce.

 

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