Texto íntegro de la Comisión Episcopal sobre el divorcio     
 
 El País.    05/02/1981.  Páginas: 2. Párrafos: 23. 

El matrimonio sacramental, indisoluble ante Dios y ante la Iglesia

7.Conviene recordar, por último, que el divorcio civil en ningún caso puede disolver delante de Dios el

vinculo matrimonial de quienes se casan por la Iglesia. Ante Dios y ante la Iglesia este vínculo

matrimonial seguirá subsistiendo. Por ello conserva para nosotros plena actualidad la enseñanza de

Pablo VI en su discurso navideño de 1970 al Sacro Colegio de Cardenales: «La Iglesia, en efecto, no

puede dejar de proclamar el altísimo principio que, inscrito ya en el derecho natural, ha sido confirmado y

reforzado para los cristianos por la ley del Evangelio, donde Cristo advierte que el hombre no puede

atreverse a separar lo que Dios mismo ha unido. Ni puede la Iglesia dejar de recordar que la observancia

de una ley tan solemne y elevada es, para el hombre y en particular para el cristiano, no sólo un deber,

sino una garantía de bien: el bien que dimana, precisamente, de la tutela que la indisolubilidad del vínculo

matrimonial garantiza a la estabilidad, a la seguridad, a la serenidad de la familia, célula natural de la

sociedad humana, y especialmente de los hijos». (Pablo VI: Enseñanzas al Pueblo de Dios, Librería

Editrice Vatica-na-BAC, p. 456; cfr. Ecclesia, 2 de enero de 1971, pág. 7.)

Llamada a la responsabilidad

8. Ofrecemos estos puntos de reflexión, como hicimos en nuestra pasada intervención, pidiendo «a

cuantos puedan influir en la modificación de nuestro derecho de familia, especialmente a los legisladores,

que mediten muy sinceramente sus determinaciones». Estimamos que la oscilación extremosa de las leyes

no ayuda a la convivencia respetuosa de los ciudadanos ni asegura un futuro de paz y de verdadero

progreso para las familias y para la sociedad.

En estos momentos de tan decisiva importancia para el porvenir de la institución matrimonial en nuestro

país, suplicamos al Señor que conceda a todos el discernimiento y la fortaleza necesarios para que las

decisiones legislativas sean en verdad un servicio positivo a la familia y al bien común. Madrid, 3 de

febrero de 1981.

(1) Proyecto de ley: Modificación de la regulación del matrimonio en el Código Civil y determinación

del procedimiento a seguir en las causas de nulidad, separación y divorcio, Boletín Oficial de las Cortes

Generales, Congreso de los Diputados, 30 de diciembre de 1980. Número 123-11.

(2) Entre los documentos de la Conferencia Episcopal sobre problemas concretos de moral social y

política podemos citar: «Algunos principios cristianos relativos al sindicalismo» (3-VIII-1968); «Sobre la

Iglesia y la comunidad política» (23-1-1973); «Los valores religiosos y morales de la Constitución» (26-

XI-1977).

(3) El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social en las cuales los hombres,

las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección (C.

Vaticano II, G.S. 74, cfr. Juan XXIII, Mater et Ma-gistraAAS53(1961)417).

(4) Cfr. Proyecto de ley, artículos 81,1°; 82,5°; 86 bis; 87. Tampoco el proyecto de ley remitido por el

Gobierno al Congreso de los Diputados evitaba la posibilidad del divorcio por mera decisión y consenso

de los cónyuges, ni respetaba de modo suficiente las exigencias de libertad del matrimonio canónico (cfr.

artículo 81, 2° con artículo 86,2°, etcétera). Pero hay que admitir que el proyecto dictaminado por la

comisión empeora decisivamente, desde el punto de vista de la valoración moral, el proyecto de ley del

Gobierno.

(5) Cfr. proyecto de ley, artículos 60, 63; 49,2°; disposición adicional segunda número 2.

 

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