Autor: Santos, Roberto. 
 Jaime de Aguilar Otermín, nuevo síndico de Madrid. 
 Los 4 pecados de la Bolsa  :   
 Concentración sectorial, estrechez de la reglamentación, falta de información y organización del sistema de agentes. 
 Arriba.    06/02/1977.  Páginas: 4. Párrafos: 34. 

Jaime de Aguilar Otermín, nuevo síndico de Madrid

LOS 4 PECADOS DE LA BOLSA

Concentración sectorial, estrechez

de la reglamentación, falto de

información y organización

del sistema de agentes

EL sonido del timbre se esparce por última vez en la sala. Apenas diez minutos mas y una nueva sesión

de la Bolsa reflejará la decepción y el índice de incertidumbre que atesora un país que intenta caminar

hacia la democracia. Un hormigueo bullicioso y desordenado, en el imperio de la corbata y la cartera,

levanta tímidamente sus cuencas oscuras hacia el panel. En la calle, con la plaza de la Lealtad apretada de

automóviles indiferentes, los chóferes y una vieja lotera —paradojas de la vida— miran con aire receloso

la compacta figura del vetusto edificio. En su vientre alborotado las bilis coyunturales amarillean el

semblante de tres millones de españoles.

La Bolsa, esa gran señora ensortijada que sólo unos pocos entienden, caprichosa y embaucadora de

capitales ávidos de fortuna, ha perdido poco a poco, en los dos últimos años, su atractivo ante la

preocupación y desencanto de capitalistas, estudiosos, del pueblo y del propio Gobierno. Sin conocer tal

vez un nuevo mínimo del año dejo atrás la sala de la oferta y la demanda, las corbatas y el ejército de

guarismos terriblemente indiferentes.

UN RELEVO IMPORTANTE

Con el nuevo año un relevo importante se ha producido en la dirección de la Bolsa madrileña. Pedro

Rodríguez Ponga, un síndico que, tras doce año, sesión a sesión, se había convertido en parte integrante

de la propia Bolsa, hasta el punto de que era prácticamente imposible referirse a uno sin hablar del otro, y

viceversa, ha dejado paso a Jaime Aguílar Otermin. Elegido el pasado día 9 por sus compañeros, tomó

posesión de su cargo como nuevo síndico del mercado bursátil de la capital de España el 20 de enero.

Sin embargo, aunque sólo fuera por cortesía, la alicaida señora no ha querido recibir a su nuevo síndico

con sus mejores gafas. Caminando por debajo de la par, el mercado de valores madrileño ha asistido al

relevo sin apenas protocolo, tal vez sumido en su propia desventura, que es la de un buen puñada de

Inversores.

•—En la Bolsa española ocurre que después de una época de una gran brilIantez de cambio han

aparecido, en 1976, dos clases de incertidumbres, que han operado de una manera negativa: una serie de

incertidumbres políticas, que han incidido, sobre todo, en el primer semestre del año, y unas

incertidumbres económicas, registradas, sobre todo, en el segundo semestre, que han situado a la Bolsa en

una línea de cambios muy baja con respecto a 197S, y han colocado igualmente a la Bolsa en una

situación de expectativa, de cierta Inseguridad; una situación que he calificado de flotación, que

corresponde a una etapa incierta, en la que se mezclan la esperanza y la incertidumbre en qué estamos

todos insertos.

Esperanza e inseguridad, un binomio que define exactamente la situación anímica de un país que intenta

poner a las a la democracia. El señor Aguilar. un hombre tal vez tímido, pero tremendamente optimista,

quiere limar asperezas, suavizar la carga emotiva que polariza esa pregunta que está en la mente de todos:

¿Qué pasa en la Bolsa? ¿Qué ocurre verdaderamente en el mercado bursátil español?

LA REACTIVACION NO ESTA PRÓXIMA

—Señor Aguilar, usted alude a la esperanza como elemento reactivar dor; pero, ¿hasta cuándo? ¿Cuándo

tocará fondo esta difícil situación? ¿Para cuándo la reactivación bursátil? Rodríguez Ponga también era

optimista, y en octubre del 75 manifestaba publicamente que la reactivación estaba cerca.

—La reactivación yo creo qué no se ve próxima porque los problemas económicos provocados por la

crisis del petróleo se han vuelto a replantear, y entonces yo entiendo que ésta es una circunstancia

importante, muy importante, para que la reactivación quede aplazada. Me parece que en estos momentos

lo que ¡hay que esperar más bien es una situación oscilante, de pequeños movimientos de recuperación y

de desfallecimientos, hasta que realmente las grandes incógnitas de la política y de la economía nacional e

internacional se encaucen, lo que al principio de los años setenta parecía que iba a ser una línea continua,

indudablemente en 1973 se quebró y ahora se ha vuelto a quebrar, no con la misma importancia que en el

73, y, por lo tanto, tenemos que esperar a ver cómo se encaja este «shok.

—Bien, pero esta situación, si no lo es ya, ´llegará un momento en que se haga insostenible. El

retraimiento inversor, el dinero inmovilizado, la fuga de capitales y el decaimiento de la actividad

industrial son fieles indicadores de la actividad del mercado bursátil. ¿Qué soluciones viables se

vislumbran a corto plazo? En estos momentos, ¿se hace necesaria una intervención deI Banco de España?

—´La intervención del ¡Banco de España es algo que escapa no a mi opinión, pero, por supuesto, a mis

atribuciones. Es lógica una actitud vigilante del mercado por parte del Banco, sobre todo teniendo en

cuenta el volumen dé personas interesadas. Creo que en estos momentos está mucho más atento que

actuante. Está en una posición vigilante, como, en definitiva, estamos todos, preveyendo quizá ¡la

posibilidad de frenar algún movimiento exagerado de pánico, que de momento no se observa. Por otra

parte, las únicas medidas que en este momento ¡hay que aplicar a la situación son las de paciencia,

prudencia y esperar a que las incógnitas a las que me he referido antes se vayan resolviendo. Nosotros

como técnicos estamos aprovechando la ocasión para perfeccionar nuestro sistema de liquidación, las

normas de contratación, analizando nuestra propia estructura y preparándonos para el momento en el que

el mercado adquiera un desarrollo optimista, alegre y más confiado, que, sin duda, ya ¡o veremos.

REFORMA DE LA BOLSA

—Desde hace algunos años, especialmente en los últimos meses, sistemáticamente, técnicos y estudiosos

del tema han señalado la necesidad de reformar la Bolsa española. Nuestro mercado bursátil apenas ha

evolucionado para adecuarse al momento presente y adolece o conserva algunos desfases Internos. A

tenor de estos juicios, ¿es necesaria una reforma? ¿Qué hay que modificar en la Bolsa española?

—En realidad yo creo que en el terreno de la información, en el plano de estimular a que vengan nuevas

empresas al mercado, al analizar nuestra propia estructura profesional; a considerar detenidamente la

oportunidad de incorporar nuestra operatoria del mercado a plazo y, por supuesto, a mejorar nuestros

métodos

—labor en la cual estamos realizando un importante esfuerzo, y con unos frutos ya importantes—, me

parece que son las medidas más oportunas por las que estamos luchando e intentado mejorar en el

mercado en estos momentos.

Serio, e incluso pensativo, Jaime Aguilar echa un vistazo a las cotizaciones del día que le acaban de pasar.

El tema de la reforma, en este tiempo en el que este vocablo se ha convertido en el eje de la propia

realidad del país, es tal vez demasiado complicado para el hombre de la calle. Sin embargo, me gustaría

citarle cuatro grandes pecados de los que se acusa a la Bolsa.

—En primer lugar se le acusa de una desmesurada concentración sectorial y dimensional. Escasa

diversificación: tan sólo unas quinientas empresas de las veinte mil censadas en el año 1975 (el 2,5 por

ciento) están admitidas a cotización.

—Efectivamente, la concentración sectorial supone una crítica muy razonable. En la Bolsa únicamente la

cuarta parte de las sociedades que se cotizan pertenecen al sector industrial; casi las tres cuartas partes

restantes son sociedades de servicios: financieros, eléctricos, monopolios, etc. ´De manera que la

concentración sectorial es una realidad. El ideal es, indudablemente, que -las,sociedades que necesiten

gran capital acudan a la ¡Bolsa. ¿Cómo sé puede conseguir esto? Yo creo que es un problema más bien de

mentalización. Una vez superada la fase de que la financiación de las empresas corresponda a los grupos

familiares o a unos grupos minoritarios, cuando empiecen a convencerse de que la Bolsa es un sistema de

financiación importante y lo descubran, pues poco a poco las empresas irán acudiendo al mercado, y es

entonces cuando se podrá atajar esta crítica de la concentración sectorial que usted me ha planteado.

EL PAPEL

DE LA BANCA

—En segundo lugar se acusa a la Bolsa de la estrechez de su reglamentación. El papel que juegan los

Bancos es desmesurado en relación con la contrapartida de la escasa responsabilidad que tienen.

—Como sector, indudablemente, los Bancos es el sector más importante del mercado, y creo que con ello

han conseguido una difusión de la propiedad mobiliaria, que es muy de agradecer. Yo la última cifra que

recuerdo, por ser la más reciente, es la información que nos facilitó hace unos días el señor Termes en el

Banco Popular, que decía que contaba con cien mil accionistas. Creo, pues, que en este sentido los

Bancos han hecho un importantísimo servicio al mercado. El hecho de que tengan un papel preponderante

en la Bolsa habría que atribuirlo más bien a que todavía las empresas industriales no han reconocido el

valor de la Bolsa como sistema de financiación. Cuando, junto con los Bancos, acudan más empresas, la

situación quedará equilibrada.

—El futuro de la Bolsa como mercado seguirá siendo problemático mientras la función de los agentes de

cambio no experimente drásticos cambios. Dado su ingente trabajo burocrático resulta difícil justificar el

decreto de 23 de agosto del 75, por el que se limita a ciento setenta el número de agentes en activo para

las tres Bolsas hasta 1985. Este es el tercer pecado.

—Bueno, en este aspecto le diré que, concretamente la ¡Bolsa de Madrid, en un ¡período de diez o doce

años, el cuerpo de agentes ha pasado de cincuenta a ochenta y seis. Este es, sin duda, un salto bastante

importante. A mí me parece que el problema más importante no está en el número, sino en conseguir una

organización más perfecta; y esto sí que está en el telar, porque creo que tendremos que avanzar, y

avanzaremos, a través de unas asociaciones profesionales; asociaciones de agentes que permitan mayor y

mejor funcionalidad, mayor continuidad en el tiempo, la Incorporación de servicios de análisis y

divulgación. Por dio, a mi me parece que eI problema es más importante en el aspecto cuatitativo que

cuantitativo.

—Un problema citado: de pasada ; y que constituye otro de los grandes contras de la Bolsa. Me refiero a

la información. El inversor, el hombre que, expone su dinero, carece de información.

—Indudablemente es un tema en el que tenemos que mejorar. Sin embargo, habría que reconocer que en

estos últimos años los ! medios informativos, los Bancos, las sociedades de gestión, las sociedades de

cartera, los fondos de inversión, los servicios de estudios de los Colegios de Agentes de Cambio y Bolsa

han aportado su esfuerzo en pro de la divulgación, y en este momento está a disposición del público, y los

analistas, y gestores en general, una información que, si bien no podemos calificar, ni mucho menos, de

perfecta, sí muchísimo mejor y más importante que con la que hace unos años contábamos.

Creo, sin embargo, que en este terreno hay que seguir avanzando.

POLITICA

BURSÁTIL

—Señor Aguilar, dejando al margen los pecados, que, sin duda, son importantes, la Bolsa, en especial en

los últimos tiempos, se ha convertido en uno de los protagonistas destacados de las tablas nacionales. El

pasado lunes, organizado por las Cajas de Ahorros, se celebró un coloquio, en el que intervinieron

diversas personalidades de! mundo financiero, en el que se puso de manifiesto la necesidad de una

política bursátil.

—Yo creo que todos los puntos que hasta ahora hemos analizado —de estimular :la información,

fortalecer el estatuto profesional de los agentes, perfeccionar Ja liquidación, establecer unos sistemas cada

vez más perfectos de contratación, estimular a las empresas para que acudan al mercado y la propia

actuación del Banco emisor—, todo ello, combinado, constituye una política bursátil a la cual se le está

prestando ya desde ahora una atención creciente, que yo creo que se podrá mejorar, y que se mejorará, sin

duda, en el futuro.

—Desde hace algún tiempo, sobre todo desde el paulatino perfeccionamiento de los medios de

comunicación, existe algún sector técnico partidario de la centralización de la Bolsa. Abundando en este

tema, ¿es perfecta la interrelación de las tres Bolsas españolas?

—En primer lugar yo no creo que sea necesaria la centralización de la Bolsa. El que haya diversas Bolsas

en el país, incluso Bolsines, tiene la ventaja de que acerca el mercado al público, especialmente en zonas

propicias. Ahora bien; esta diversidad de Bolsas debe ser combinada con una gran interrelación y una

gran colaboración entre ellas, adoptando modos iguales de operar, de intercambiarse información, de

estimular el arbitraje. La interrelación entre las tres Bolsas me parece, por lo tanto, la consecuencia

evidente de la oportunidad de que de hecho existan varios mercados.

—Hablemos ahora de la categoría internacional de la -Bolsa española. Creo recordar que en mayo de

1973. en el contexto del crecimiento de las Bolsas mundiales, España ocupaba la tercera posición. ¿Tiene

interés la Bolsa española para el inversor ex tranjero?

—Durante muchos años el inversor extranjero se ha visto fuertemente atraído por nuestra Bolsa. Es

evidente que después de los años florecientes, los años comprendidos entre 1958 y 1972, a partir del

declive o la vacilación en la línea de los cambios, algunas inversiones extranjeras se han ido retirando;

pero a mí me parece que este país despierta interés para las inversiones reales. Sigue despertando interés

como centro de atracción del turismo y también lo va a volver a despertar para las informaciones

financieras.

EL REFLEJO

—´Señor Aguilar, la Bolsa, que, según Sayous, «tiene adjudicado el papel de establecer en cada momento

una especie de índice medio del dinero de que disponen los capitalistas y especuladores, y es la gran

reserva colectora de los capitales de ahorro», es, sin duda, un fiel barómetro de la situación social, política

y económica del país. Es tal vez el instrumento más sensible, que detecta inmediatamente el nivel de

incertídumbre o de inseguridad de una sociedad. Es por ello que en estos momentos ´hay una pregunta

obligada en la mente de todos: En las últimas semanas del año anterior el papel de la política había

perdido cierto interés o, mejor, cierto reflejo en la Bolsa: sin embargo, ahora, con los´ lamentables sucesos

acaecidos en éste mes, el factor político parece que vuelve a predominar en el ambiente bursátil.

—Yo creo que, a pesar de los hechos lamentables ocurridos últimamente, la Bolsa está mucho más

sensible a lo estrictamente económico que a -lo político. En definitiva, a- mí me parece interpretar una

esperanza grande en ´la decisión y en la firmeza con que el Gobierno está ´llevando la evolución política, a

pesar de todos tos tropiezos que se encuentra en su camino y que encontrará, sin ninguna duda. Creo que

lo que tiene sensibilizada a la (Bolsa es la realidad económica —unas cifras macroeconómicas, que en

1976 han sido -flojas; negativas en cuanto a paro, comercio exterior, inflación, desarrollo del producto

interior bruto (PIB...—.Esto es lo que ahora preocupa más a la Bolsa. Y el-mero hecho de que esta

preocupación está «llegando a las altas esferas del Poder permite afirmar que la Bolsa lo acusa de una

manera positiva a través de esta -situación un poco tristona, un poco incierta, en que está el mercado; pero

que supone una especie de flotación, con pequeñas reacciones y pequeños retrocesos, que no demuestran,

de ninguna manera, la existencia de pánico, de desfallecimiento total, sino más bien la fidelidad de mucho

- público, que está soportando con esperanza y con ilusión el que los cambios importantes en el terreno

económico y político se culminen y que iniciemos una etapa de menores incertidumbres.

LOS PERJUDICADOS

—Hablemos, por último, de los grandes perjudicados con la situación de la Bolsa, del pequeño inversor,

de la gente que arriesga su dinero en la Bolsa como también juega a la lotería.

—En los últimos años se ha desarrollado la inversión colectiva a través de sociedades de cartera y de

fondos de inversión, que de una manera directa han ido a favorecer y a estimular la inversión de los

pequeños ahorradores. Desde luego, desde que aparecen estos instrumentos, a partir de 1964, con el

empuje del período comprendido entre 1968 y 1972, me parece que el pequeño inversor ha salido bien;-

parado de la experiencia en ´Bolsa. Ahora, claro, el inversor que se haya "incorporado - en estos últimos

dos o tres años, pues, indudablemente, le ha cogido la ola de baja y tiene todo el derecho a estar

entristecido y desanimado. Pero en la ´Bolsa todo pasa; todos los cambios pasan y todos los cambios

vuelven. Ya superaremos esta crisis, que, por cierto, no es la primera que yo he conocido; yo ya he

conocido las crisis de finales de los años 40, 30, 60 y 70. Esta del 75 y 76 ha supuesto una precipitación

en este ciclo que he mencionado. Pero, sin duda, también pasará y los tiempos se enderezarán y el

pequeño Inversor encontrará otra vez en la Bolsa un buen refugio.

—Y entonces, con este optimismo y cono síndico de la ´Bolsa madrileña .¿qué le aconseja al pequeño in-

versor? ¿Qué le puede decir en estos momentos?

—Pues yo les diría simplemente que en estos momentos la ¡Bolsa está a unos niveles que ofrecen unas

rentabilidades que son dignas de tener en cuenta, y que el hecho de que haya bajado tanto la Bolsa ha sido

malo para el que ha tenido que vender; pero el que no se ha visto obligado a desprenderse de sus valores

puede mantener la esperanza de la recuperación, y, en todo caso, el que tenga fondos tiene la oportunidad

de, por lo menos, comprar barato, que ya es algo.

E1 bullicio ha desaparecido prácticamente. Las corbatas y las carpetas se olvidan de guarismos durante

unas horas. El panel duerme con las últimas grietas. Afuera, la lotera continúa cantando los números de la

suerte y la plaza de la ´Lealtad se ha desprendido de chóferes y del insolente cinturón automovilístico.

Roberto SANTOS

 

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