Autor: Ballarín Marcial, Alberto. 
   Del mal año económico, la agricultura no fue lo peor     
 
 Ya.    19/01/1977.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

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19-1-77

PAGINAS ESPECÍALES DE ECONOMÍA y SOCIEDAD DEL MAL AÑO ECONÓMICO, LA

AGRICULTURA NO FUE LO PEOR

El año 1976 ha sido desastroso para la economía en general. De lo malo malo, la agricultura no ha sido lo

peor.

La cosecha de trigo fue 4.300.000 toneladas, lo que se considera bastante aceptable para nuestro país. La

cebada y la avena registraron una producción del 20 por 100, lo mismo que/sé redujo la superficie del

maíz en ese porcentaje, lo cual debe considerarse un punto negro, pero compensado inteligentemente con

una aplicación de los «stocks» de cebada acumulados, mediante los cuales se logró un descenso de las

importaciones ,de maíz sorgo de bastante importancia, 900.000 toneladas. Es de desear que continúe la

misma política sustítutiva que nos conduzca a mayores reducciones.

Mejoró la balanza comercial agraria gracias al aumento de las exportaciones y reducción de las

importaciones • La subida global de precios de marzo fue insuficiente e injusta si se compara con las de

Inglaterra e Italia • Los incendios forestales, la gran calamidad: destruimos más árboles de los que

plantamos • Los grandes proyectos de desarrollo agrario conjunto con los árabes serían la gran solución

para equilibrar los pagos por petróleo

En cuanto a ganadería, se puede constatar ,un aumento en la producción de cerdo, si bien sus •precios han

oscilado en demasía causando los naturales quebrantos e inquietudes en el sector; la carne de vacuno ha,

bajado su producción y la, leche y la mantequillas han aumentado, pero sólo un 3 por 100, lo que es muy

poco si se tiene en cuenta, el déficit crónico de la producción española. Lo mismo ha ocurrido con los

huevos. Las pérdidas debidas a la sequía era el centro de la Península Ibérica fueron valoradas en 16.000

millones de pesetas, . las cuales han sido reembolsadas por el Estado con cierta rapidez.

La. producción de cítricos ha descendido. Las exportaciones se situarán para la campaña 1976 -1977

alrededor del millón y medio de toneladas. El algodón, el tabaco y las patatas han tenido una disminución

de alrededor del 10 por 100.

Es de destacar el incremento de nuestras exportaciones agrarias en general, lo que ha mejorado, pues,

junto con el descenso de las importaciones, de un modo importante nuestra, balanza agraria.

La subida de marzo, insuficiente

En cuanto a los precios, no podemos emitir juicio favorable. La subida global del 9,75 por 100 que tuvo

lugar en marzo fue insuficiente, francamente injusta podríamos decir, comparándola con las subidas del

15 y 19 por 100 en Italia o Inglaterra, países con parecidas tasas de inflación. En realidad se usaron los

precios del campo como arma contra, ésta, o sea, para que los demás ciudadanos pudieran gastar más

dinero en cosas inútiles, que es justamente lo que han hecho, pues ya se sabe que en 1976 ha subido el

consumo y somos, por cierto, el único país de Europa que no ha conseguido restringir, en forma a

preciable, su gasto de energía.

Para colmo tuvimos, con el nuevo ministro, la subida de los fertilizantes. Así se vio que los grupos

industriales no están dispuestos a contribuir de igual modo a la lucha contra la inflación, y, en efecto, la

espiral precios-salarios ha seguido hacia arriba con caracteres alarmantes, al producirse en 1976 un

aumento salarial del 30 por 100. Basta este dato para saber que la renta de los agricultores se habrá

deteriorado en 1976, pues ellos no han tenido mejoras de tal porte. En cambio, hay que reconocer y

agradecer algunas intervenciones del Ministerio, de Agricultura, en ciertos casos de excedentes, ´si bien

con motivo de la fruta veraniega se ha puesto de relieve que uno de nuestros principales problemas es el

de una falta de ordenación de cultivos, y plantaciones, así como la falla de integración agrocomercial y

agroindustrial, pues, frente a . la subida del 9,75 por 100, los precios de la alimentación han subido el 20,5

por 100.

SE subió el precio de garantía del maíz, pero ello no ha bastado para evitar la especulación que hay en

torno a este grano en perjuicio de los productores. ¿De qué sirven las subidas del precio de garantía si no

existe una red suficiente de secaderos y, por tanto´, han de claudicar frente al sector comercial, ligado a las

multinacionales, las cuales hacen bajar los precios a su antojo, operando dentro de España y fuera de ella?

Hay que dar, de una vea, "la, batalla del maíz"-, como la ha pedido ARA, afrontando la problemática

global: semillas, secaderos, precios, sistema de importación, comercialización...

Los incendios forestales, la gran calamidad

LA gran calamidad, sin remedio a corto plazo, ha sido la de los incendios forestales, que han batido en

1976 todos los récords, superando ampliamente las cifras de repoblación. Destruimos más árboles de los

que plantamos, lo cual es otro signo de insensatez.: En política de estructuras, empezamos el año con la

danza de. los 4.000 millones de pesetas para regadíos privados, y así se descuidaron, los estatales, que, si

no me equivoco, han caído a la mitad de la superficie lograda en 1975. Tema éste de gran importancia,

pues el tiempo que se pierde en realizar grandes obras se p a g a muy caro luego en divisas. Por fin se

puso en órbita, con bastante éxito, el plan de ayudas para los regadíos particulares, que se darán a partir

del año que viene (1976, pues, ha sido "un año negro" en el tema de la irrigación), y hay que felicitar al

Ministerio por planear la emisión de obligaciones que suscribirán las Cajas de Ahorro para financiar los

grandes planes. Existen precedentes de ello, -pero el Ministerio de Hacienda se oponía a que las Cajas

financiaran los regadíos de sus respectivas regiones y las forzaba al trasvase de recursos hacia la,

industria. Si ahora se va, a cambiar de orientación habrá que celebrarlo. Diremos con optimismo, "el

presente es malo, pero el futuro va a ser estupendo".

YA basta de autopistas, algunas bastante desiertas, financiadas con el dinero de las Cajas y con subidas

del precio de peaje verdaderamente, notables. ¡Si los precios agrarios subieran en la misma proporción

que los peajes, los agricultores. seríamos felices! El colmo, que se hicieran los accesos a Madrid por

autopistas de peaje, con una inversión superior a los 100.000 millones de pesetas; o el trasvase del Ebro,

que sería mucho más costoso todavía, para edificar la Barcelona del año 2000, tipo Nueva York, lo cual

nos llevaría a la misma quiebra económica que padece hoy esa megalópolis. Menos autopistas, más

regadios, más industrias agroalimentarias y rurales; un equilibrio, pues, urbano-rural, que es el gran lema

para la época, nueva que va a salir de la actual crisis mundial de las materias primas, de la energía, de los

alimentos, de las moneda de la polución.

Necesidad de los países árabes

En el ámbito internacional es de alabar la Administración por haberse decidido, finalmente, a que España

participe en el Fondo Internacional de Desarrollo Agrario (FIDA), pero nada se ha hecho para los grandes

proyectos de desarrollo agrario en países- árabes. ¡Y ahí está la solución para mejorar nuestra balanza

comercial con ellos, equilibrando los gastos petrolíferos!

Quizá lo más notable del año 1976 haya sido nuestro estreno de democracia, y concretamente, el surgir de

organizaciones profesionales agrarias con. base en las adhesiones individuales, provistas de un estilo y un

espiritu europeo, como lo tiene ARA, que es una organización de ámbito nacional conocida ya

internacionalmente.

Ello tendrá grandes consecuencias para el campo español en sentido positivo por esta razón; La raíz de

sus males no es económica, es más bien política y cultural. Se ha venido identificando hasta ahora, el

fenómeno del progreso con el de la urbanización. El campo era, pues, un residuo necesario, pero de poca

monta, despreciable. Ahora, en cambio, se va a ver que sus votos pesan y que tiene defensores dispuestos

a luchar no sólo por una paridad de-rentas,. que es básica, -sino por algo, más importante: una nueva

sociedad en la cual se-urbanice él campo y se ruralice la ciudad, la sociedad en armonía del final del siglo

XX.

Que 1977 sea un,año de despegue hacia esa meta. Que se prohiba, con normas drásticas, el crecimiento

urbano. Que se disperse la población y la industria. Que se prohiba expresa y directamente la instalación

de ciertas industrias en las ciudades sobrecargadas. Ese método es el único que ha dado resultado en París

o Londres, y es el que está por aplicar enérgicamente en España.

Argumentos para una subida de precios

Que se parifiquen las rentas, lo cual nos lleva, a pedir unos aumentos de precios agrarios para 1977, que

han de situarse entre el 15 y el 20 por 100. Sería fácil hacer demagogia reclamando el 30 ó el 35 por 100,

pero la. agricultura debe contribuir a la lucha contra la inflación en la misma medida, eso sí, en que los

demás sectores se sacrifiquen. Por éso, podríamos contentarnos con aquel tipo de subida por los

Siguientes argumentos:

1 Las subidas en patees con tasa de inflación semejantes a la nuestra, que citábamos anteriormente.

Procede ahora compensar el cicatero aumento del 9,75 por 100 antes citado.

2 Si la de las rentas salaríales en 1976 han sido del 30 por 100 y la inflación del 80 por 100, parece

moderado que pidamos una subida dé este porte aplicando el criterio que se sigue en la CAE para la

fijación de precios: conseguir rentas para los agricultores no inferiores a, las de los demás sectores.

Cuando para la mayoría de los empresarios españoles, los precios son el salario del trabajo que

realizan en su propia explotación, ese argumento sube de importancia.

3 Conviene incrementar las producciones agrarias y ello ha de lograrse mediante precios remuneradores,

cuya jerarquía ha de establecerse cuidadosamente, a fin de ganar "la batalla del mate", corrigiendo los

defectos que se han producido en 1976, volviendo a un incremento espectacular en su cultivo.

Hagamos votos, pues, para que 1977 sea el año de. la recuperación agrícola. Que los españoles, en

general, tomen conciencia de que la, agricultura no es una carga para la nación. Por el contrario, la

agricultura podría salvar, en buena, parte, o, toda la economía con una condición: que se hiciera una

nueva política en la doble vertiente, nacional e internacional.

Alberto BALLARIN MARCIAL

 

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