Imprevisiones muy caras     
 
 Arriba.    09/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

IMPREVISIONES MUY CARAS

LA impresionante subida de los precios del café —un 124 por 100 con respecto a los precios que regían a

finales del mes de diciembre— ha puesto de manifiesto la imprevisión con que trabajan nuestras

autoridades de abastecimientos. Cualquier mediano observador habrá advertido que desde finales del año

1975, el mercado internacional del café está sujeto a fuertes tensiones que hacían presumir un

encarecimiento de este insustituible producto. La guerra en la ex colonia portuguesa de Angola y la

disminución de la cosecha en Brasil, como consecuencia de las fuertes heladas padecidas en el país

iberoamericano, no indicaban sino que a partir de esos acontecimientos la escasez de café en el mundo se

manifestaría con mayor o menor virulencia. Toda la sismografía del mercado de este producto advertía

con bastante claridad —y más para un experto— que el café sería un producto objeto de especulación en

bastante breve plazo.

Mientras tanto, ¿qué ocurría en nuestro sufrido país? Apenas nada. Los primeros reflejos de esta crisis

fueron recibidos con una simple modificación de sus precios a tenor de la que se experimentaba en los

países productores. Si antes la tonelada se compraba a 84.000 pesetas y después el Estado español la tuvo

que pagar a 117.000 pesetas, con cargar sobre el consumidor el aumento del precio, la contingencia estaba

salvada. Así ocurrió que en el mes de febrero del pasado año los precios del café se incrementaron un 35

por 100.

Y nada más. Por no haber, no hubo siquiera una advertencia de lo que se nos venía encima. Se

mantuvieron las subvenciones —cuya cuantía en detalle nunca hemos conocido —y se cerró la carpeta de

este tema con una especie de «aquí no ha pasado nada» que ahora se presenta con toda su dimensión

catastrófica para el bolsillo de los sufridos compradores. Porque entonces era el momento de replantearse

la política de subvenciones y no ahora, que para mayor escarnio se hace coincidir con la fuerte subida en

los mercados internacionales, con lo que el consumidor tiene que padecer el amargor de una subida por

partida doble. De un lado, recibe el golpe del encarecimiento en origen y, de otro, se queda sin el apoyo

estatal. La lección de suavidad ha sido antológica.

Lo mismo que el sentido prospectivo de nuestras autoridades del Ministerio de Comercio. Aquí el

suspenso debe escribirse en letras de molde, porque no se explica que en este clima de tensiones no hayan

sabido hacer compras en firme y disponer de una reserva que permitiese abastecer el mercado a precios

menos insólitos, al menos durante el período de mayor tempestad de precios. Y conste que no estamos

hablando de una medida excepcional porque existe el precedente de la compra masiva de azúcar a Cuba.

Una adquisición realizada precisamente en previsión de subidas de precios que luego se han revelado

como un espejismo que le está costando al erario español bastantes millones de pesetas y que en el caso

del café, que estaban plenamente justificadas, han brillado por su ausencia, para colmo de los desaciertos.

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