Autor: Tulla, Alfonso. 
   Alarmante crecimiento del número de parados  :   
 La disminución de actividad y caída de las inversiones, principales causas. La crisis económica no debe demorar el ajuste del sistema monetario. El Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa, una interesante oportunidad. 
 Hoja del Lunes.    17/01/1977.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Lunes 17 de enero de 1977 Página 17

ALARMANTE CRECIMIENTO DEL NUMERO DE PARADOS

La disminución de activiciad y caída de las inversiones, principales causas.

La crisis económica no debe demorar el ajuste del sistema monetario.

El instituto de la Pequeña y Mediana Empresa, una interesante oportunidad.

MADRID. (Crónica económica exclusiva de la agencia Lagos, por Alfonso Tulla.)

Pasadas las alegrías navideñas, que, por supuesto, no tuvieron traducción en la Bolsa, nos llegan las

últimas estadísticas sobre la situación de desempleo en España; y son cada vez más preocupantes. Según

datos facilitados por el Ministerio de Trabajo, el número de parados en la segunda quincena de diciembre

representaba el 4,16 por 100 de la población activa, o sea, 560.000 trabajadores.

Por otra parte, según la última encuesta de población activa del INE—que son más realistas, pero que se

publica con gran retraso—, el número de trabajadores sin empleo, más los temporeros sin trabajo, dan un

total cercano a las 800.000 personas en paro, es decir, rayando el 6 por 100 de nuestra población activa.

Eso significa que, pese a las parcas medidas, encaminadas a frenar el desempleo, que enumerara el

ministro de Hacienda el 29 de diciembre en ¡as Cortes, sigue aumentando a un fuerte ritmo (era el 3,8 por

100, del Ministerio de Trabajo, al 31 de octubre), debido no sólo al descenso de la emigración (en

septiembre salieron apenas 800 personas), sino, más bien, a la disminución de la actividad interior y a la

importante caída de las inversiones (á-e septiembre de 1975 a septiembre de 1976, el índice de inversión

aparente cayó un 5,2 por 100), por desconfianza de empresarios e i n v e rsionistas ante la reforma

política. Aquí está el meollo de la problemática económica actual, y en ese sentido habría que actuar muy

enérgicamente, porque, como decía el líder del Partido Socialista Popular, profesor Tierno Galván, "no se

puede esperar un minuto más", al tiempo que solicitaba un cierto convenio o acuerdo en el que todos los

españoles concurran para soportar un período de austeridad que va a tener mucho de sacrificio.

Billetes grandes

Esta crisis económica no debiera demorar más el ajuste de nuestro sistema monetario a las necesidades

del intercambio real de bienes y servicios en la España de 1977. Nos estamos refiriendo a los billetes de

5.000 y 10.000 pesetas, que pronto, al menos los primeros, deben salir al torrente de la circulación

fiduciaria.

El que los billetes de mil pesetas, que ya se emitieron cuando la creación de la peseta, en 1874, sigan

siendo los de más valor y, también, loa de más uso, revela bien a las claras un proceso depreciativo en la

capacidad adquisitiva de nuestra moneda, como de cualquier otra, incluido el mi-tico dólar, que es pueril

desconocer. Baste decir que hoy para efectuar el mismo pago de mil pesetas de 1913 (por poner una fecha

intermedia) es necesario llevar 50 billetes en lugar de uno solo. Y no digamos del volumen de

transacciones que se realicen, infinitamente mayor, sino incluso de aquellas cuyo valor medio es superior

a mil pesetas, y que forzosamente se liquidan con este tipo de billetes (piénsese en qué se puede comprar

hoy con "un verde").

Se impone, pues, que en vea de desmentir su inminencia de lanzamiento, el Banco de España saque ya a

la calle esos billetes de mayor denominación, que facilitarían muchísimo la vida mercantil, con notables

ahorros de tiempo y espacio y aumentos de seguridad y comodidad no sólo para las entidades crediticias

(bancos, cajas, etc.) y empresas en general (pago de nóminas, etc.), sino para el simple particular, que no

tendrá que sacar un fajo de billetes para cualquier retribución importante.

Promoción de la PME

Para contribuir a la adecuación de las pequeñas y medianas empresas el Consejo de Ministros ha regulado

la organización y funciones del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa Industrial, adscrito al

Ministerio de Industria.

Por fin parece que se empieza a reconocer la decisiva importancia no sólo cuantitativa (el 97 por 100 de

las empresas españolas son PME), sino también cualitativa, que tienen en nuestro país. Y todo lo que se

haga para ayudar a la reorganización, reconversión, modernización y financiación de esas empresas es

poco. Sólo cabe pedir que este Instituto represente el mínimo de burocracia y el máximo de vitalidad para

ayudar a esas empresas con grandes problemas (v. gr. de descapitalización), pero que forman el

entramado económico de nuestro sistema productivo.

Por último, no estaría de menos ir pensando en un ente similar para las que se desenvuelven en los

sectores agrario y de servicios, donde también son, con mucho, la inmensa mayoría, y a las que, quizá, no

llegue la actuación de ese organismo ahora regulado.

 

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