Receta para la crisis económica. 
 Doce meses de vigorosa política de precios y rentas     
 
 Ya.    04/01/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 12. 

RECETAS PARA LA CRISIS ECONÓMICA

DOCE MESES DE VIGOROSA POLÍTICA DE PRECIOS Y RENTAS

El profesor Figueroa, partidario de imitar a los ingleses, que han reducido del 26 al 12 por 100 la

inflación, utilizando asimismo una política selectiva de inversiones y de crédito • Don Julio Alcaide

Inchausti propone que los más relevantes economistas del país, independientes y de todas las ideologías

políticas sin exclusiones, redacten un programa económico de urgencia que alcance el beneplácito de

Gobierno, partidos y centrales sindicales

La actual situación económica, grave a juicio de todos, nos obliga a ocuparnos de ella a fondo en las

páginas de nuestro periódico. Con este motivo, iniciamos hoy una serie de encuestas en las que los más

relevante» economistas del país ofrecerán, a partir del diagnóstico ya conocido de todos, sus opiniones

acerca de las medidas que de inmediato deben tomarse para salvar la crisis.

DON EMILIO DE FIGUEROA

Don Emilio de Figueroa catedrático de Política Económica de la Complutense, dice lo siguiente: La

situación que padecemos obedece a causas muy complejas y, por tanto, no existe, a coito plazo, ninguna

solución satisfactoria. Como es bien sabido, coexisten una inflación galopante (de dos dígitos), un paro

alarmante (alrededor del 7 por 100 de la población activa) y un estancamiento económico debido a la

declinación de las inversiones privadas. Frente a una situación como ésta no sirven los "modelos

prefabricados" de tipo keynesiano o monetarista.

Una estabilización monetaria aumentaría el paro y, al incidir positivamente sobre los costos financieros

de las empresas, deprimiría aún más las inversiones sin frenar el alza de los precios.

Una reactivación de la demanda global aumentaría todavía más la tasa inflacionista y el desequilibrio

exterior.

Una nueva devaluación de la peseta, de no venir precedida de una estabilización interior de los precios,

llevaría a la conocida espiral viciosa: devaluación -> fonación —>-devaluación -> ..., y así

sucesivamente, como ha demostrado la experiencia de los países suramericanos.

Por tanto, a corto plazo sólo cabe el intentar reducir 1a tasa de inflación actual (del 3» por 100) hasta

alcanzar el ritmo de los principales países europeos (es decir, por bajo del 10 por 100), adoptando una

vigorosa pslítica de precios y de rentas que se oponga a todo aumento de los mismos—me refiero aqui,

naturalmente, a los "precios administrados" y no a los "precios de mercado", que sólo aumentan cuando

crece la demanda o decrece la oferta—durante un período mínimo de doce meses y una política selectiva

de inversiones y de crédito (pie, al concentrarse exclusivamente en los sectores productivos más

eficientes, no provocaría, nueva inflación. Esto es lo que han hecho precisamente los ingleses,

consiguiendo reducir en sólo doce meses una inflación del 26 por 100 en otra del 12 por 100 (la cual no

fue menor a causa de la devaluación de la libra).

El pretender erradicar completamente los males conjuntos de la inflación, el paro forzoso y el

estancamiento económico con las medidas estabilizadores convencionales o invocando una pretendida

libertad económica sin llevar a cabo antes reformas estructurales e institucionales, como vengo repitiendo

machaconamente desde hace más de quince años en estas mismas páginas, es algo tan inútil como querer

curar un cáncer mediante un ayuno preventivo de dolencias gástricas.

DON JULIO ALCAIDE 1NCHAUSTI

Don Julio Alcaide Inchausti, director de Estudios de Coyuntura del Banco de Bilbao, opina por su parte:

Después de oír y leer el discurso del ministro de Hacienda, seriar C ar r i les, saco la impresión de que

sigile sin captarse en toda su profundidad I a grav edad de! problema económico español. Las me d i d a s

que se proponen, y que pudieran adoptarse, no son suficientes para corregir los desequilibrios que nos

atenazan. El problema es complejo y requiere un programa de saneamiento que afecte al nivel de rentas,

compatible con la productividad real, una financiación equilibrada del sector público y una distribución

equitativa de la carga que el ajuste económico va a imponer. También acciones inmediatas sobre la

estructura productiva y la vuelta a las prácticas usuales de una economía de mercado que restablezca la

iniciativa, la competencia y los beneficios empresariales.

Creo que la complejidad del problema económico español no tendrá solución nada más que dentro de una

cierta estabilidad económica. Quiero decir que para mí es absolutamente necesario frenar la tendencia

alcista de precios y salarios que hoy se padece. El freno o limitación de la tasa de inflación pasará

necesariamente por una política de rentas que, en la España actual, requiere un cierto pacto social. Mis

aspiraciones serían muy modestas. Sentar las bases para que 1978 no comenzara con las expectativas

inflacionarias, ya irreversibles por comprometidas, con que se inicia 1977.

El problema económico debe debatirse y estudiarse por los economistas profesionales y ellos deben

ofrecer al país las soluciones adecuadas. Para ello sería necesario reunir a los más relevantes economistas

del país, independientes y representantes de todas las ideologias políticas, sin exclusiones, para, que

redactasen un programa económico de urgencia que, sometido al Gobierno y a los partidos políticos y

organizaciones sindicales, pudiese alcanzar el beneplácito de toda !a nación. No se olvide que el problema

económico no es otro que la pugna de intereses encontrados, que sólo con el diálogo, buena voluntad y

sentido patriótico, puede alcanzar solución válida. Tal reunión de economistas tendría que estar presidida

por alguien que ofrezca las necesarias garantías por su capacidad, prestigio y objetividad, ante el grupo

heterogéneo de economistas convocado, que por cierto, no debería sobrepasar el número de diez o doce.

 

< Volver