Autor: Angulo Uribarri, Javier. 
   Las asociaciones de vecinos ante las elecciones municipales     
 
 El País.    16/02/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Las asociaciones de vecinos ante las elecciones municipales

JAVIER ÁNGULO URIBARRI Sociólogo

Antes de analizar cuál debiera ser la postura del movimiento ciudadano ante las elecciones municipales,

es preciso tener en cuenta un dato básico en el que muchos coinciden: las asociaciones de vecinos han

sido, hasta la fecha, quienes, por su práctica, han aportado más elementos para una alternativa municipal

democrática, y, a través de su organización y sus luchas, más han concienciado en orden a la necesidad de

una política municipal al servicio del pueblo. Si esto es así —y no hay, de hecho, personas que lo

nieguen- parece lógico que el movimiento vecinal no deba ser el convidado de piedra de las elecciones

municipales, sino que deba tener una participación-activa en las mismas. En la actualidad se está conce-

diendo gran importancia a una reflexión en profundidad sobre los objetivos de las asociaciones

de.vecinos. En mi opinión, tan sólo excepcionalmente las asociaciones debieran presentar candidaturas,

como tales, para las elecciones municipales. Ello, en el caso de que. existiera un consenso generalizado

entre las fuerzas políticas y sociales de un municipio, lo que podría darse ea el caso de una asociación

muy prestigiada y en pequeños municipios; por tanto, con carácter excepcional. Otra cosa es que hombres

del movimiento ciudadano formen parte de candidaturas de partidos o coaliciones, a título personal o de

partido, lo que es absolutamente legítimo y normal. Sin embargo, las asociaciones como tal no deberían

presentar candidaturas. No porque, en teoría -y al margen de la normativa electoral prevista— no tengan

posibilidades de triunfo; en casos las tienen, y no pocas. Tampoco, contra lo que se ha dicho en ocasiones,

la razón que lo impediría estribaría en el interclasismo del movimiento vecinal. Los partidos que han

anunciado que acuden solos a las elecciones, no han dado, en ningún caso, la razón de que el contenido de

clase de su partido sea lo que impida una coalición. Para algunos partidos, según ellos mismos han

manifestado, no existiría inconveniente en determinadas alianzas con otros partidos, cuyo contenido de

clase difiere y aún se contrapone fuertemente entre sí. La. razón de mayor peso que aconseja que el

movimiento ciudadano no partícipe, con candidaturas propias, en la lucha electoral, estriba en que las

asociaciones deben ser instrumentos de unidad. De una unidad, no cerrada, como hecha de una vez por

todas, sino conseguida día a día, resultado de las distintas opciones que se expresan en el seno de la

asociación. El debate abierto, sin «golpes de estado» de socios unidos ideológicamente que acuden

cuando hay una votación y con posibilidades de expresión de todas las tendencias, en el seno de las

asociaciones, es algo que no sólo habría que tolerar como mal menor, sino que incluso habría que

promover. Algunos han manifestado su temor de que, por ejemplo, los partidos extraparlamentarios con

peso en el movimiento ciudadano se sirvieran d,e las asociaciones como posible coladero de sus hombres

en el aparato municipal. Que, por lo que conozco, y no sólo en Madrid, no sea esa su postura, es un dato

expresivo acerca de la valoración que hacen del movimiento ciudadano, y contradice la imagen que

algunos pretenden crear de los extraparlamentarios, poco justa y acorde con la realidad. En principio, no

hay nadie que recomiende pasividad al movimiento ciudadano ante las elecciones municipales. Lo que se

recomienda, por algunos, es neutralidad. Pero la neutralidad es una forma de beligerancia. Y las aso-

ciaciones ni pueden ni van a ser neutrales ante las características que debe reunir un ayuntamiento

democrático. No es ése —no ser neutrales— el riesgo en que pueden incurrir las asociaciones de vecinos

ante el proceso electoral, sino otros; como pbr ejemplo:

— El de ceder en la actuación reivindicativa habitual, como sucedió en las elecciones generales.

— O el de que hombres del movimiento ciudadano utilicen la lucha reivindicativa para crearse una

imagen, en una perspectiva electo-ralista, distorsionando el sentido de la lucha de los barrios.

— O el de convertirse en reserva electoral, en comparsa de tal o cual partido o coalición ante las elec-

ciones municipales.

Las elecciones municipales son una excelente ocasión para que el movimiento ciudadano difunda sus

plataformas reivindicativas, recoja e interprete críticamente su práctica de relación con los ayuntamientos;

exprese las alternativas y posibilidades de solución que ha ido generando a partir de sus luchas. En mi

opinión, la consecuencia no será, en contra de lo que algunos han manifestado, una «descapitalización»

de las asociaciones. Todo lo contrario. Poner al servicio de quienes afirman acudir a las elecciones para

defender los intereses del pueblo todo su caudal de experiencias, sus análisis sobre la problemática dé los

barrios y pueblos, sus observaciones sobre prioridad y urgencia de soluciones; sugerir fórmulas de

participación y control vecinal en los futuros ayuntamientos; comprometer a los candidatos y conseguir

garantías para la futura gestión municipal, todo estOj no supondrá un vaciamiento de las asociaciones,

sino una contribución obligada a la consecución de un ayuntamiento democrático. Con este tipo de

actuación, las asociaciones pueden salir fortalecidas de las elecciones municipales. Y, lo que es también

muy importante, facilitará que las asociaciones desarrollen posteriormente una práctica correcta de

relación con los futuros ayuntamientos democráticos.

 

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