El poder municipal     
 
 El País.    19/04/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL PAÍS

DIARIO INDEPENDIENTE DE LA MAÑANA

El poder municipal

EL PACTO de la izquierda y de algunos partidos nacionalistas para proveer de alcaldes de oposición a

numerosas capitales de provincia y ciudades importantes constituye una noticia política de primera

magnitud. La llegada de la izquierda al poder municipal supone un cambio cualitativo sustancial del mapa

político español respecto alo que la gran mayoría de ciudadanos ha conocido en toda su vida. Por otro

lado, supone también el primer ensayo global de ia Oposición en la aceptación de las responsabilidades de

la gestión pública y administrativa en una de las áreas en las que ha existido mayor caos y corrupción

durante él antiguo régimen. Del resultado de los pactos de la izquierda, explicitados en el acuerdp-marco

PSOE-PCE, hay varios aspectos que merecen un comentario pormenorizado. No es el menor de ellos la

actitud del PSA, que se ha comportado en está ocasión con racionalidad y coherencia políticas. Al PSA le

va a costar trabajo desprenderse de ios tintes de amari-Uismo al servicio del Gobierno con que ha nacido,

pero si es posible arrumbar de los dos lados los prejuicios, muchos de ellos personales, existentes entre

ellos y el PSOE, quizá el panorama de la izquierda moderada en Andalucía no sea en el futuro tan

confuso como lo parecía después de las elecciones del 1 de marzo. El segundo de los aspectos a comentar

es el pánico del partido del Gobierno ante la unidad de la izquierda en el poder municipal. Los temores, si

respetables, nos parecen un tanto injustificados. De la lectura del acuerdo-marco no se desprende nada

que se parezca a un frente popular, y la unidad de socialistas y comunistas es, por lo demás, una actitud

lógica que comporta, a un tiempo, no pocos riesgos para la propia izquierda. La distancia que media entre

PSOE y PCE sigue siendo profunda en muchos temas y noiha de solventarse por el mero hecho de com-

partir unas delegaciones de servicios en las alcaldías. También es preciso ver cómo rueda en la práctica

este qué, en definitiva, no es sino un pacto de intenciones, pues no viene avalado por uri programa previo

de acción común y ha sido fruto de los resultados electorales y no de las,propuestas de cada partido ante

los electores. La presencia de dos alcaldes-socialistas en las principales urbes de la Península (Madrid y

Barcelona), con graves problemas de equipamiento, especulación del suelo, seguridad ciudadana, tráfico

y contaminación, y la de varios comunistas al frente de estas responsabilidades, va a pojier a prueba,

además su capacidad de dar una respuesta técnica diferente a las hasta ahora elaboradas. Por lo demás, el

miedo de UCD, además de injustificado, resulta también culpable después del establecimiento de las

normas de estas elecciones, que son responsabilidad prioritaria del partido del Gobierno y del PSOE. Es

más que discutible la oportunidad de haber concurrido a unas elecciones municipales con listas cerradas y

bloqueadas, que han contribuido a politizar e ideologizar unos comicios en los que por naturaleza es la

persona de los candidatos y las propuestas concretas de solución a los problemas urbanos los que más

deben mover al elector. Y la decisión de elegir al alcalde en segundo grado por los concejales es la que ha

favorecido los acuerdos ahora-firmados. La unidad de la izquierda ha venido así propiciada por la

voracidad de; las dos grandes formaciones políticas del país, ansiosas de proyectar su imagen bipartidista

hasta en la sopa. Ahora resulta que a ÚCD le sale el tiro por la culata. Y todavía se preocupa porque el

pacto con los comunistas puede debilitar al PSOE. La politización de las elecciones municipales y los

ulteriores acuerdos amenazan por todo ello con convertir a los ayuntamientos importantes ea una especie

de UHF del Parlamento, aherrojado -por la imperturbable rigidez de una UCD en excesó prepotente,

Nadie va a salir ganando con eso, y menos que nadie, si es que sucede, los vecinos. También merece la

pena una reflexión el nuevo papel que las diputaciones provinciales han de jugar en el futuro. Salvo

excepciones muy localizadas, éstas eran organismos muertos y casi de relumbrón, con una provisión de

fondos de destino variopinto y un alejamiento absoluto de los intereses y los problemas del pueblo. La

provincia, que fue en su día una creación administrativa sin duda artificiosa y en ocasiones hasta

arbitraria, posee, no obstante, hoy un arraigo muy superior al que algunos sectores políticos progresistas

le quieren reconocer. Las atribuciones de unas diputaciones descentralizadas pueden resultar beneficiosas

para el rodaje de las autonomías políticas y dar cauce inicial a las tensiones que se vienen produciendo en

este terreno. Por último, no es posible,cerrar este comentario sin referirse al pacto que ha originado la

presencia ya casi segura de un alcalde de Herri Batasuna en Pamplona, gracias al apoyo de los votos del

PSOE. Lo menos que se puede decir es que esta es tina medida arriesgada que parece tratar de volcar la

balanza de la polémica sobre el vasquismo navarro en favqr de los que pretenden la integración en

Euskadi. Es más que probable que. con Herri Batasuna al frente del Ayuntamiento la cuestión se resuelva

antes o después, y más bien antes, con un referéndum provincial, que puede además ser esgrimido como

precedente para otros referéndumes solicitados por los nacionalistas vascos. A la postre, es preciso

aceptar que un alcalde de Herri Batasuna, se le mire por donde se le mire, es un alcalde proclive a ETA

militar, y eso ha de provocar tensiones y conflictos de desarrollo,difícil de prever. Pero también, y

paradójicamente, puede suponer el inicio de un intento de normalización política de las posiciones

abertzales más radicales en el seno de nuestro propio y actual marco constitucional. ¿Qué sentido tiene

aceplar la alcaldía pamplónica y no venir a sentarse a las Cortes? Cualquier nacionalista coherente no

debería confundir sus posiciones de independentismo con el localismo de los problemas urbanos. Si el

pacto de-Pamplona sirve para entablar un diálogo más global y profundo sobre lo que en el País Vasco

sucede, para tratar de buscar una solución negociada y pacífica a las aspiraciones vascas en el seno del

Estado español, bien venido sea con toda su peligrosidad. Pero el PSOE tiene la obligación de explicar

públicamente cuáles han sido los mecanismos que le han llevado a signar una cosa así después dé su

enfreritamiénto visceral con las posiciones de Herri Batasuna. Y debe hacerlo cuanto antes si quiere

mantener la coherencia ante los. electores que le depositaron su confianza.

 

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