Autor: Otero Fernández, Luis. 
   Elecciones municipales y unión de la izquierda     
 
 El País.    09/09/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL PAÍS, viernes 9 de septiembre de 1977

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

Elecciones municipales y unión de la izquierda

LUIS OTERO FERNANDEZ Ex comandante de Ingenieros

Para cualquier español interesado en los problemas de la comunidad en sus diferentes niveles (nacional,

regional, local), aunque no tenga una militancia o participación política activa, es evidente que las

elecciones municipales tienen una importancia extraordinaria de cara al futuro de nuestra convivencia. El

tema, por otra parte, empieza a ser tratado, aunque de manera incipiente, por los distintos grupos, partidos

y entidades políticas y ciudadanas, y hay que confesar que en ocasiones, para ese español de que hablaba,

clásico ciudadano de «a pie» (entre los que me cuento), el tratamiento que se le da es, en cierta manera,

preocupante: partidos que piensan acudir en solitario a las elecciones, búsqueda de nombres brillantes

antes que elaboración de programas, superficialidad, etcétera. Bajo esta impresión, me gustaría aportar mi

modesta contribución como´habitante de un municipio (concretamente Madrid, en el que también nací) y

no perteneciente a ninguno de esos grapos o partidlos, aunque no por falsas neutralidades n¡ purismos

éticos o intelectuales, sino por imposiciones profesionales pasadas que una largamente esperada amnistía

supongo que transformará en presentes; así, pues, mí perspectiva es puramente ciudadana. Por un lado,

creo que las elecciones municipales tienen la importancia política de toda confrontación electoral, que

siempre permiten comprobar el respaldo que los distintos grupos e ideologías tienen entre la población.

Aunque en España están muy recientes todavía las elecciones generales del 15 de junio, que, por primera

vez en cuarenta años, nos dieron un perfil de ese respaldo, no cabe duda de que en estas próximas

elecciones ese´perfil puede quedar mucho más dibujado, al trasladar el ámbito de los comicios del plano

provincial (en realidad nacional) al local, con la posibilidad de elegir personas conocidas como tales y no

como mitos lejanos. Además, las circunstancias han variado en cierta medida en este corto período de

tiempo, pues de una parte han sido legalizados algunos partidos políticos y, sin duda, lo serán el

resto.próximamente; hay ya Unas actuaciones, aunque incipientes, y también unas omisiones, desde el

Poder o la Oposición, de ios partidos con representación parlamentaria; finalmente, el miedo a lo que

significan unas elecciones, a manifestar una opinión, lógico después de una tan larga dictadura, se ha di-

sipado en parte con la práctica anterior. Por otra parte, esas elecciones significarán también la liquidación

práctica de unas instituciones típicamente fascistas («municipio, familia, sindicato») que permanecen

inalteradas en formas, práctica.y personas desde hace mucho tiempo, constituyendo cada día que pasa una

mayor incongruencia con la realidad ciudadana e incluso con otras instituqionés que, mal que bien, van

adquiriendo un aspecto democrático. Pero sin duda el aspecto primordial de esta oportunidad electoral es

la posibilidad que ofrece de ir cambiando la vida, tanto ciudadana como rural, de una deshumanización

creciente en algo en que el hombre y la naturaleza (único entorno consustancial dé aquél) sean los

verdaderos protagonistas. Parece:claro actualmente que a la situación que en nuestro país ha dejado la

dictadura, con su corrupción descontrolada, se añade una crisis generalizada de la llamada civilización

occidental, que pide, con iguaí o mayor urgencia que nuevas formas de gobernarse los pueblos, nuevos

moldes de convivencia, distintas maneras de relación, diferentes ambientes para la vida de los humanos.

Y todo esto es tarea que hay que ir acometiendo ya y precisamente a niveles locales, partiendo de las

realidades lacerantes de nuestras ciudades inhumanas y de nuestros pueblos semidesiertos. Entiendo que

la perspectiva necesaria para una tarea tal sólo es posible desde una ideología de izquierdas, en su

auténtica significación, es decir, desde aquella en que se entiende que los hombres tienen derecho, común

e igual para todos, a la posesión y disfruté de los bienes materiales y culturales. Y también entiendo, en

forma contrapuesta, que esto es, o debe ser, común a todos los partidos, grupos o personas de izquierda,

aunque sus conceptos políticos puedan diferir, aun de forma notable: Mucho se ha escrito sobre la unión

de la izquierda, ó quizá con más exactitud, sobre su desunión. Aunque es lamentable a veces la

fragmentación excesiva ó la separación, por personalismos u otras causas, de grupos con ideología

sifnílars sin embargo son absolutamente comprensibles para mí, en términos generales, esas divisiones e

incluso en ocasiones estimables, pues entiendo que la izquierda se mueve por conceptos éticos mientras

que la derecha lo hace generalmente por intereses particulares, con los que es más fácil llegar a acuerdos

y uniones concretas. No obstante esto, creo que si es razonable que por ello se-pro-duzcan actividades

políticas independientes e incluso confrontaciones electorales a nivel legislativo o de gobierno del Estado,

no me parece en absoluto lo mismo en ocasiones como la de las próximas elecciones municipales, pues,

como he dicho antes, entiendo que problemas tan localizados e inmediatos como los de vivienda,

urbanismo, escolari-zación, medio ambiente, abastecimientos, transportes, etcétera, sólo pueden tener

unas mismas o similares soluciones para personas de izquierdas, militen en el partido o sindicato en que

militen o no militen en ninguno. Y si esos problemas no se piensan en abstracto, sino localizados en

barrios y situaciones candentes,, jen-: redados todavía por la Administración de la dictadura; me parece

que las medidas a aplicar :es-, tarían todavía más claras para cualquier ciudadano con aquella

concienciación. Por todo ello, creo firmemente que sería un grave errof que los partidos socialistas y

comunistas de las distintas tendencias pr.e? tendieran acudir separados a las elecciones. Y ello tanto en

los municipios en que se prevea, por el resultado del 15 de junio, minoría para las izquierdas como en los

que se pueda esperar mayoría, como es el caso de Madrid; en los primeros,para presentar una minoría

sólida y coherente dentro de^jos Consejos Municipales que se formen, y en los segúndos,para contar con

municipios y, sobre todo, alcaldes capaces de desarrollar la ingente labor que todos los ciudadanos

esperamos. Acabo de leer en la prensa que los partidos de izquierda gallegos han firmado un acuerdo de

principio para presentarse en bloque, con programas comunes. Ojalá este acuerdo se ratifique y

mantengan ese criterio hasta el final. Desde aquí invito á todos los partidos de esas ideologías con asiento

en Madrid a que, en unión con sindicatos y organizaciones ciudadanas, se autoconvo-quen para formular

un programa concreto y auténtico de actuación municipal y formen la candidatura idónea para

desarrollarlo, con personas de partidos o no, pero de ideología y praxis que hagan claramente esperar una

capacidad de acción para ello. Y no me parecería válida la excusa de que hay que evitar polarizaciones

excesivas, ni tampoco que se esgrima él fantasma de los peligros de un frente popular. Nada de esto

existirá, cuando ya tenemos unas Cortes democráticas, con una correlación de fuerzas contraria, y cuando,

además, la futura confrontación sólo va a tener, lugar a niveles locales. Por el contrario, creo de lo mas

positivo,que las fuerzas; actualmente en el gobierno del Estado tengan un cierto contrapeso en las

administraciones locales, evitando ios peligros (éstos sí muy verdaderos) de un partido que totalice todos

los poderes. Terminaré diciendo que todos los españoles, y más concretamente los madrileños, que hemos

votado y votaremos por partidos de izquierda, tendremos que exigirles responsabilidades a éstos, sí no

impiden democráticamente que los futuros ayuntamientos estén en las mismas o parecidas manos que en

la actualidad.

 

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