Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Tiempo y divorcio     
 
 ABC.    23/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Tiempo y divorcio

Don Marcelo, víctima de una actitud excluyente y por eso muy poco católica cuando ocupó la

silla episcopal en Barcelona, quizá no ha pensado, al hacer su gesto toledano, en que un

ministro que, precedido por otros, ocupa su puesto en el momento en que va a consagrarse

una ley de Divorcio, puede ser católico o no serlo, que eso pertenece a la intimidad del

personaje, pero en tanto que ministro es algo más que una persona, es símbolo del Estado, del

mismo modo que el arzobispo aun por encima de don Marcelo es símbolo de la Iglesia.

Cuando entre símbolos anda el juego, cualquier forma de intolerancia es inconveniente. En

Italia, donde un Gobierno con socialistas y democristianos promulgó una ley de Divorcio que

fuego fue confirmada por un referéndum, ni la Iglesia ni el Gobierno han roto, ni nadie se ha

permitido declarar que el pueblo italiano ha dejado de ser mayoritariamente católico porque

muchos católicos italianos han admitido, vayan ellos & usarlo o no, la posibilidad de que las

parejas fallidas puedan encontrar legalmente otra forma de paz y de convivencia.

Como respondiendo a ese ejemplo italiano, que ya ha tenido aquí su espejo en la primera

votación del proyecto de divorcio en el Congreso, el grupo parlamentario socialista pide

ahora que cuando se vote la llamada cláusula de dureza» del proyecto de ley, reintroducida en

él por el Senado, la votación sea secreta. Significa esta petición y no hay por qué ocultarlo, que

los socialistas desean que los diputados estén libres de toda coacción al expresar mediante un

voto su voluntad. Además de la coacción de la disciplina de grupo, existen la coacción religiosa,

la social e incluso la familiar.

Nuestra sociedad es muy difícil e incluso en cierto modo, muy anticuada. Perviven en ella

fuerzas, poderes, que ya no son activas en otros países europeos. La evolución lenta, continua,

aquí poderosamente frenada durante decenios, ha resuelto con suavidad problemas que ya no

lo-son pero para los españoles suponen situaciones que se dramatizan.

Felipe II solía decir: «El tiempo y yo, contra otros dos.» Aquí se ha suprimido el tiempo. E)

progreso, la evolución, no pueden contar con el tiempo para enfrentarse a otros dos

adversarios: el dogmatismo y el poder fáctico. Quizá por eso entre nosotros es tan difícil, tan

penoso, todo progreso real. Dejemos al tiempo-que intervenga, pero para que así sea tenemos

que ir, como Proust a «la recherche du temps perdu» y no sólo por nostalgia, sino para que

actúe, ya que antes no se le dejó • actuar. En esto del divorcio como en otros problemas, el

tiempo que ha pasado y no contó, tiene que contar. Incorporarnos al tiempo de Europa supone,

ante todo, ingresar en el tiempo de Europa. Que en muchas cosas es más nuestro futuro que

nuestro tiempo.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO

 

< Volver