Autor: Zubiri, Ramón. 
   El movimiento ciudadano en las elecciones municipales     
 
 Informaciones.    22/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL MOVIMIENTO CIUDADANO EN LAS ELECCIONES MUNICIPALES

Por Ramón ZUBIRI

A mediados de la década de los sesenta comenzó a desarrollarse con fuerza en España el movimiento

asociativo de carácter urbano. Este hecho tenía como base objetiva el proceso de urbanización que en esos

años se produce hasta llegar a la situación actual, en que el 40 por 100 de la población española habita en

ciudades de más de cien mil habitantes, así como las características de falta de planificación y control

democrático en que se realizó este trasvase masivo de población. Pero además se daba en nuestro país

como rasgo adicional peculiar el que, este movimiento asociativo venía a cubrir no sólo la necesidad

natural de la defensa de unos intereses comunales, sino la falta de otros cauces asociativos que

permitieran la expresión en el plano político de los ciudadanos que no compartían las posiciones del

franquismo. La ley de Asociaciones de 1964 permite la constitución de organizaciones de vecinos, de

amas de casa, dé consumidores, al margen del Movimiento Nacional, atribuyendo la competencia de

autorización y regulación al Ministerio de la Gobernación. Y aunque éste actúa dentro del criterio

restrictivo más riguroso, esta desideologización parcial del derecho de asociación es aprovechada

inmediatamente por todos aquellos partidos políticos que desde la clandestinidad propugnan la

organización y movilización de masas. Si se parte además del hecho irrefutable cíe que en aquellas

circunstancias cualquier actividad reivindicativa tropezaba inmediatamente con la falta de instituciones

democráticas, es fácil comprender que la suma de unas y óticas circunstancias tenía que determinar el que

las asociaciones- así constituidas acentuaran rápidamente sus rasgos sociopolíticos y tomaran parte

claramente en los problemas políticos generales. Las asociaciones de carácter urbano han tenido un

desarrollo desigual, pero en conjunto considerable. Aunque, como es natural, ha sido y es un fenómeno de

vanguardia, su implantación es real e irreversible. Sin embargo, su evolución va a depender en buena

medida de su capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias que vive el país. La existencia de

partidos políticos legales que de forma lógica van a incidir en todos los planos en que lo han venido

haciendo las asociaciones, debe determinar necesariamente una modificación en la actuación de éstas.

Del mismo modo, es presumible que va a haber un mayor impulso a otras formas asociativas masivas de

carácter cultural, deportivo, de inquilinos, etc., que cubrirán campos en los que antes tan sólo intervenían

las asociaciones vecinales. Si bien una primera visión superficial de estos fenómenos puede llevar a la

idea de que las nuevas circunstancias van a suponer una dis-(tninueión de la importancia del movimiento

asociativo ciudadano, en realidad éste tiene ahora la ocasión de adquirir proporciones masivas y hacer

posible la. participación de la mayoría de los vecinos en los asuntos de su interés específico. - Las

próximas elecciones municipales van a ser el primer «test». En las asociaciones ciudadanas hay

lógicamente sectores que podrían calificarse de populistas, favorables a que éstas jueguen "un papel pro-

tagonista que comenzaría con la presentación de .candidaturas propias al margen de los partidos políticos.

Estas tendencias se ven favorecidas por el hecho de que algunos de los grupos políticos que el 15 de junio

no obtuvieron representación parlamentaria y que razonablemente no la van a conseguir en los comicios

municipales, ven en esta vía la única ocasión de colocar electoralmente a sus hombres. El fortalecimiento

de esta posición perjudicaría a sectores de la izquierda y a las propias asociaciones, que inevitablemente

se desgarrarían en muchos casos. En efecto, hay partidos que tienen a muchos de sus miembros

prestigiados como dirigentes vecinales por su trabajo en las distintas asociaciones, que de forma lógica

querrán hacerlos figurar en sus listas electorales. Dadas las circunstancias españolas, no cabe ver !en esto

un fenómeno dé mero interés partidista, sino una actitud necesaria para consolidar la democracia a través

del sistema de partidos políticos, objetivo que en estos momen-. tos debe ser prioritario. Lo contrario sería

un intento de contraponer a la democracia parlamentaria y partidista una democracia indirecta sustentada

más en divagaciones que otra cosa. No cabe duda de que la confrontación, si llegara a darse, se resolvería

fácilmente a favor de los partidos poli-, ticos, pero sus efectos para el movimiento asociativo serían

desastrosos y paralizantes y dificultaría el objetivo netamente democrático de una progresiva conjunción

entre las instituciones .representativas y las organizaciones de masas. Conjunción en la que no puede

verse la inexistencia de critica o de conflic-tividad, todo lo contrario, sino la defensa común de un modelo

político democrático en el que se desarrolle y garantice la actividad rei-vindicativa y de control.

 

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