Autor: Faura Ventosa, Ignacio. 
 Elecciones 1979. 
 ¿Qué pretende Bandera Roja?     
 
 El País.    10/02/1979.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

¿Qué pretende Bandera Roja?

IGNACIO FAURA VENTOSA

Secretario general de la OCE (Bandera Roja)

El Gobierno ha convocado elecciones generales, primero, y municipales, inmediatamente después. Dice

qué para actuar democráticamente, de acuerdo con la Constitución. Es falso. Las razones de la

convocatoria electoral son la debilidad del Gobierno Suárez y su demostrada incapacidad de hacer frente

a la grave crisis económica que atraviesa el país.

Suárez, gracias a la colaboración del PSOE y el PCE, ha conseguido el paso del franquismo a la demo-

cracia monárquica manteniendo intacta la misma estructura del poder anterior, al servicio exclusivo del

gran capital. La corrupción del régimen de Franco ha sido heredada por el nuevo. Las libertades

conquistadas tienden a ser vaciadas de todo contenido útil a la liberación de los trabajadores y pueblos de

España, la actual ley Antiterrorista es la mejor prueba de ello.

Estas elecciones serán muy distintas de las del 15 de junio. Las ilusiones se han roto y la realidad es

demasiado dura para que las falsas promesas despierten el entusiasmo del pueblo. Hoy se han formado

dos campos. El campo del capital, de los que apoyan a la Monarquía. Y el campo de los trabajadores, del

pueblo.

La situación de los trabajadores ha empeorado durante este tiempo. El paro, que afecta ya a millón y

medio, es una auténtica plaga social. El coste de la vida continúa subiendo. El campo está abandonado. La

pequeña industria, sin ningún tipo de apoyo estatal, entra en bancarrota ante la voraz competencia de los

grandes monopolios. El sector estatal de la economía es vendido al imperialismo (SEAT, Pegaso-Sava,

Mevosa...) ante el silencio y la aceptación de los nuevos parlamentarios. Las «contrapartidas» de los

pactos de la Moncloa han quedado en un simple papel mojado, descubriendo así lo que significa el

llamado pacto social.

Pero los pactos, consensos y componendas han llegado a su límite. El fracaso del Gobierno Suárez ante la

crisis económica, el rápido aumento del desengaño popular y la exasperación social han hecho imposible

la continuidad del Gobierno UCD.

Estas son las razones que han obligado a la convocatoria de las nuevas elecciones.

El gran capital y el imperialismo necesitan ahora un Gobierno fuerte que, mediante el control pleno del

Parlamento, imponga una dura política de austeridad social o, mejor dicho, de sobreexplotación y

opresión de los trabajadores como la única vía que tiene el capital para hacer frente a su propia crisis.

Para ello precisa que los partidos burgueses organicen mejor sus filas, y situar ya al PSOE como una

fuerza de relevo posible para la gestión de los negocios de la burguesía, contando con el apoyo y

colaboración del PCE. Necesita un Gobierno de coalición, con amplia base de apoyo, que imponga una

auténtica dictadura parlamentaria sobre el pueblo.

Ello no será fácil. El campo burgués va a estas elecciones más dividido que en la anterior ocasión. Las

fuerzas derechistas van separadas en dos grandes bloques: por un lado, la Coalición Democrática de

Fraga-Areilza; por el otro, UCD. Las burguesías medias de Catalunya y Euskadi tienden a distanciarse del

poder central, agrupadas en torno a Convergencia Democrática y PNV.

La división de voto puede dar lugar a un Gobierno de coalición aún más débil que el de UCD, lo que

ocasionaría un desgaste rápido del mismo. Incluso una alianza UCD-PSOE se vería, de hecho, corroída

por las presiones de la Coalición Democrática, por un lado, y el PCE,-por el otro. Y ello sin contar con la

oposición de las fuerzas revolucionarias y populares.

Estas elecciones deben despejar el camino a una política comunista que sirva a los intereses y necesidades

de los trabajadores. A una política capaz de hacer converger las luchas actuales en la perspectiva de la

revolución socialista. A una política para forjar la unidad obrera y popular contra el capital.

Se trata de desenmascarar los planes de la burguesía para levantar frente a ellos una amplia oposición

popular. Se trata de rechazar el nuevo plan energético previsto, basado en la multiplicación de centrales

nucleares. Impedir la continua venta dé empresas estatales y privadas al imperialismo, exigiendo su

nacionalización. Luchar contra el paro que sirve de chantaje social para mantener salarios de miseria. Y

combatir el abandono y deterioro del campo, que facilita la penetración del capital monopolista en el

mismo, para conseguir la tierra para quien la trabaja y la planificación de la producción agraria.

Porque, hoy por hoy, la única política del gran capital ante la crisis consiste en una dependencia superior

del imperialismo americano, el reforzamiento de los monopolios, y el cargar los costes de la crisis a los

trabajadores.

Desde los barrios, las fábricas y los pueblos es preciso enfrentarse a esta política. Y parar los pies a la

burguesía. Impedir la política de pactos y subordinaciones. Imponer las reivindicaciones de los trabaja-

dores. Nuestros objetivos en esta campaña electoral son:

1. Avanzar una política comunista, un programa y unos objetivos que permitan romper los planes del

capital, favorecer la mejora de las condiciones de vida y trabajo del pueblo, y abrir el camino hacia la

revolución socialista.

2. Agrupar a los trabajadores en torno a esta política y nuestro partido; ampliando así las bases de

influencia y organización comunistas.

3. Preparar las condiciones para la entrada de auténticos tribunos comunistas en los ayuntamientos,

impulsando la unidad de los comunistas de cada localidad en las elecciones municipales.

Aunque difícil, la entrada de diputados comunistas al Parlamento sería un gran paso adelante para los

intereses del pueblo y de la revolución.

 

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