Autor: Fuentes Quintana, Enrique. 
 Coyuntura económica. 
 Ciclo político, elecciones y política económica     
 
 El País.    11/02/1979.  Página: 44. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

EL PAÍS, domingo 11 de febrero de 1979

ECONOMÍA

COYUNTURA ECONOMICA

Ciclo político, elecciones y política económica

Después de plantear .el papel que el Estado juega en el control de los precios y en la creación dé empleo,

el profesor Enrique Fuentes Quintana analiza en este artículo las interdependencias en las democracias

occidentales entré el ciclo político — léase los procesos electorales— y la política económica. Destaca él

autor que la orientación de votó de los elementos depende en buena medida del planteamiento que el

candidato hace de temas como el paro, la inflación y el crecimiento dé rentas. Y añade los efectos que

esto tiene en los candidatos a la hora de formular sus programas y sus actuaciones desde el Poder cuando

el procesó electoral está cerca: Esto supone la aparición de lo que puede llamarse ciclo económico

electoral, es decir, de una política económica desde el Poder y la Oposición orientada únicamente al

servicio de la consecución del triunfo electoral.

Dos grandes economistas de este siglo, el británico John Maynard Keynes y el polaco Michael Kalec-ki,

llegaron —casi simultáneamente en la década del treinta— a una misma y —entonces— revolucionaria

conclusión: el funcionamiento del capitalismo, gobernado por el sistema de precios, no garantiza ni el

pleno empleo, ni la estabilidad de precios. El paro y la inflación constituyen males arraigados en los

mecanismos económicos del sistema capitalista que puede corregir la política económica estatal. El

Estado, inspirándose en las conclusiones del análisis económico, puede convertirse en un actor importante

del proceso económico para despejar el camino hacia el pleno empleo o contener el crecimiento de los

precios.

Esa posibilidad de actuación estabilizadora del Estado, abierta por Keynes y Kalecki, ha producido dos

consecuencias prácticas en los largos cuarenta años que nos separan de sus obras:

1ª El Estado ha actuado extendiendo sus dimensiones y sus intervenciones en la vida económica. Nuestro

capitalismo actual es, en verdad, un capitalismo mixto en el que ¡el calificativo tiene; tanta importancia

como el sustantivo., pues con frecuencia el Estado extiende su poder hasta el 50% del PNB.

Los ciudadanos de las sociedades actuales creen que el Estado puede dirigir la economía y estabilizarla

evitando el paro y la inflación y piden a los políticos y Gobiernos que lo hagan. Los ciudadanos juzgan,

en consecuencia, la actuación de los políticos por la situación económica del país y en una democracia

orientan sus votos en función del estado de la economía.

Los políticos pasan a ser así —siguiendo esta concepción— parte del sistema económico. El funcio-

namiento de la economía no puede explicarse, en consecuencia, sin la intervención de los políticos. La

vida económica de un país no discurre al margen de su vida política, ni los hechos políticos la afectan tan

solo ocasionalmente. Más bien, lo contrario es cierto: la vida económica vibra al ritmo que le marca el

ciclo de la política. Existe un ciclo político que debe estudiarse como parte de la economía, ya que los

políticos no son extraños a la economía (no son una variable exógena, en la jerga de los economistas),

sino parte del proceso económico (son parte endógena del proceso económico), al que sus decisiones

afectan y condicionan por entero.

A partir de este planteamiento general, los economistas han tratado de explicar la interacción mutua de los

sectores económico y político en las distintas sociedades. Dos son los modelos básicos ofrecidos para

ello:

• Los modelos marxistas que arrancan del construido inicialmente por Kalecki en 1943 y que,

considerando al Estado como servidor de los intereses de la clase capitalista, no permite la continuidad de

una política económica de pleno empleo. Las intervenciones del Estado impulsan, en principio, al gasto

nacional para garantizar el pleno empleo de acuerdo con las conclusiones del análisis económico, pero esa

situación no es duradera, pues origina un crecimiento de salarios y precios que perjudica a empresarios y

rentistas, que obligan al Estado a detener el gasto para doblegar salarios y precios. La disminución de

precios y beneficios, consecuencia de la paralización del gasto, lleva, tras algún tiempo, a que el mundo

empresarial pida de nuevo una política expansionista, que el Estado concede, El sistema económico oscila

así entre el «go» y el «stop» del gasto nacional, que generan el ciclo político característico del capitalismo

actual.

• Los modelos de ciclos electorales que4ratan de explicar cómo se comportan ciudadanos y Gobierno en

una democracia pluralista. Los electores valoran la actuación de los políticos a través de distintas:

variables qué traían de identificarse y, a su vez los políticos procuran ofrecer unos "programas que res-

pondan a los deseos de los ciudadanos para ganar las elecciones. La producción de estos modelos es hoy

una industria en pleno auge, abierta pollos trabajos pioneros de Downs Nordhaus y Lindbeck.

Todos los modelos que tratan de explicar el ciclo económico electoral parten de las interdependencias que

recoge el siguiente esquema:

Dos son en él las relaciones funcionales clave; la valoración de la política y políticos por los electores,

que se conoce como función de valoración, y la que describe la forma en que los políticos tratan de influir

en sus oportunidades de elección, relación que se denomina función política.

El apoyo del electorado a los políticos puede medirse bien en función del voto (resultados electorales) o

en función de la popularidad (encuestas de una muestra de la población). Numerosos estudios

empíricos apoyan la hipótesis de que determinadas variables económicas condicionan decisivamente el

apoyo electoral a los políticos. Esas variables económicas son tres: tasa deparo, tasa de inflación y tasa

decrecimiento de la renta disponible.

Los datos del cuadro 1 recogen para tres países la influencia de las tres variables económicas sobre la

valoración de los políticos. Según sus cifras, un aumento de la tasa de paro de un punto porcentual origina

una caída en la popularidad del Gobierno de 4,2 puntos en Estados Unidos, seis puntos-en Gran Bretaña,

poco menos de un punto en Alemania. Los resultados ofrecí dos se interpretan de forma semejante para

las restantes variables. Esos resultados son homogéneos para los tres países, aunque de diversa intensidad

para cada variable.

Los políticos son conscientes de esta valoración del electorado, y como aspiran al poder y/o a su

permanencia en él, tratan de vender programas que favorezcan al máximo la consecución de esos

objetivos para lograr los votos de los ciudadanos. Ese enfoque de la actuación de los políticos altera el

comportamiento ingenuo inicial-mente contemplado por los keynesianos, que creían en el político

ilustrado guardián idealista del bienestar general de la sociedad, confeccionador de programas eficientes

en favor de la estabilidad económica. No hay tal. La elaboración de la política económica responde a la

consecución de los resortes del poder, lo que fuerza a aplicar medidas para permanecer en el poder (al

partido del Gobierno) o a mantener presiones o proponer programas que dificulten el éxito de las medidas

gubernamentales y ofrezcan una alternativa más deseada por el electorado (a los partidos de la oposición).

Edward R. Tufte ha intentado comprobar si el ciclo político electoral existe o no, tratando de analizar si

los Gobiernos de los países democráticos alteraron en años electorales las variables económicas para

atraerse al electorado. De los veintinueve países en los que en 1970 existía una democracia pluralista,

veintisiete disponían de datos suficientes para realizar la prueba, consistente en comprobar si la renta real

disponible se aceleró por programas públicos con más frecuencia en años electorales que en años sin

elecciones. Pues bien, en diecinueve de esos veintisiete países existía clara evidencia del ciclo económico

electoral en el período 1961-1972. La política económica —fundamentalmente la política presupuestaria

y la monetaria— se orientó a mejorar la renta real disponible en años electorales y/o a prometer políticas

expansivas que remediaran los males del momento (paro, corto crecimiento de la renta) o mejoraran los

ingresos familiares (mayores pensiones o subvenciones, impuestos menores).

El clima de competencia política en el que se elaboran, según-el ciclo político, las decisiones sobre la

economía en una democracia tiene consecuencias y costes importantes. Empuja a prometer políticas

imposibles en años electorales, ya que para los políticos los costes se aproximan a cero si los programas

conducen al poder tras un día afortunado de elecciones. El sesgo inflacionista de los programas políticos

se explica por el ciclo electoral: atajar la inflación no se valora igual que aumentar el gasto para tratar

(¡sólo tratar!) de remediar el paro. Atemorizados por la impopularidad, los políticos conceden más que

gobiernan. No afrontan los problemas de fondo del país, más bien alimentan su continuidad. Como ha

afirmado Tufte, «el ciclo económico electoral ha producido en el mundo entero una economía vacilante

entre el paro y la inflación estimulada por las intermitentes medidas del ciclo político». Más aún: la igno-

rancia del público sobre los temas económicos puede explotarse por los políticos. Se elaboran así pro-

gramas económicos miopes para votantes miopes que inevitablemente terminarán pagándose por la

sociedad, porque en economía nada es gratuito. Los costes del control político de la economía pueden ser,

pues, considerables.

Como casi todas las preguntas económicas importantes, ésta tiene distintas respuestas, según a los

economistas a quienes se dirija. Tres son los grupos de respuestas que cabría diferenciar:

1.a Los reformistas que tratan de reducir las oportunidades del ciclo político. Varias son las propuestas de

reforma. La primera se dirige a ampliar el área de los organismos e instituciones independientes de la

influencia del Gobierno y los políticos (un ejemplo es el Banco Central,-que puede ampliarse a otras

instituciones económicas, el Tesoro, por ejemplo). Otra propuesta consiste en ampliar el periodo

electoral: el calendario político de cuatro años limita el horizonte e impide una programación adecuada

para resolver los problemas económicos. La economía vive encorsetada en un ciclo político de duración

tan corta que nada fundamental puede corregirse para no perder el poder. Los programas económicos que

afronten los problemas verdaderos del país, los problemas estructurales, necesitan más dé cuatro años

para dar fruto y, claro está, muy pocos partidos políticos los avalan. Una tercera propuesta es reducir la

oportunidad de quien detenta el poder para determinar la fecha-de las elecciones con el fin de impedir la

posible manipulación de la situación de la economía en favor de la victoria electoral.

2.a La respuesta más radical la darían los monetaristas. Esta respuesta niega la mayor: el mal está en

haber creído con Keynes y Kalecki que la empresa privada, operando en un sistema de precios, era

inestable y que el sector público podía compensar las inestabilidades del sector privado, Quien

desestabiliza es el sector público, como prueba la teoría del ciclo político, que nos ha conducido a la

errática y creciente inflación actual, al aumento del paro y a las tasas: menores de desarrollo. Su remedio

para esta situación es radical: la¡ función esencial del Estado es ofrecer un marco estable donde los

intérpretes id el proceso económico puedan actuar; Ese marco es él de" una ¡economía de mercado plena,

que tiene propiedades estabilizadores intrínsecas.

3.a -Una tercera respuesta consistiría en admitir que el funcionamiento dé la democracia tiene los costes

económicos que el ciclo político comporta, pero habría que afirmar que esos costes son menores de lo que

con frecuencia se afirma, pueden reducirse y, en todo caso, deben soportarse, ya que cualquier otra

alternativa sería peor y más costosa.

Los costes económicos del ciclo político son menores de lo que se dice. Los programas económicos que

los políticos tratan de aplicar /no disponen de todo el espacio posible para una decisión arbitraria: la

situación económica internacional, la de la balanza de pagos, la inercia impuesta por las decisiones

anteriores, la opinión técnica de las instituciones o de los profesionales de la economía limitan o impiden

algunas alternativas. La miopía económica intencionada de los programas políticos no puede tener

demasiadas dioptrías, si pretenden venderse.

Por otra parte, esos costes del ciclo político pueden reducirse. El camino más claro para lograrlo es el de

la publicidad-y la información. La publicidad de todas las decisiones económicas estatales es fundamental

para limitar el control político arbitrado de la economía. La publicidad es al sector público lo que la

competencia al sector privado: una condición imprescindible para su administración. Queda también la

información. Los ciudadanos deben saber que el ciclo electoral existe y deben realizar un análisis serio de

los programas que se le presentan. Mejorar el nivel de comprensión del público de los problemas

económicos constituye un deber importante de los economistas para que los electores puedan valorar y

rechazar los programas políticos miopes y demagógicos.

Cumplidas estas exigencias de la publicidad y de la información, seguirán existiendo —en proporciones

distintas en cada sociedad— costes económicos producidos por el ciclo electoral. La conclusión es que

habrá que pagarlos después de batallar por reducirlos, porque, si algo hay seguro, es que los costes totales

—morales, políticos y económicos— de cualquier otro sistema de gobierno serían mucho mayores.

(Cuadros)

 

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