Autor: Trías Fargas, Ramón. 
 Elecciones 1979. 
 Faltan a la verdad y saben por qué lo hacen     
 
 El País.    13/02/1979.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL PAÍS, martes 13 de febrero de 1979

POLÍTICA

Elecciones 1979

TRIBUNA ELECTORAL

Faltan a la verdad y saben por qué lo hacen

RAMÓN TRIAS FARGAS

Presidente de Convergencia Democrática de Catalunya

Nacionalistas, sí; separatistas, no. Corre cierta versión que acusa a Convergencia Democrática de Ca-

talunya (CDC) de separatista. Creo que debe dejarse irremisiblemente sentado que esto no es así. El

nacionalismo no tiene por qué ser separatista y menos en el momento histórico de las grandes federacio-

nes supranacionales. Léase a Pi y Margall y a Almirall por la izquierda, a Torras i Bages y a Prat de la

Riba por la derecha, y a Truseta por el lado del progresismo científico, para comprobar que el

nacionalismo es un acto de espe-cialización biológica y social y, por tanto, es también un factor de

interdependencia, cooperación y, en fin de cuentas, de agregación entre los pueblos, mientras que el

unitarismo, uniformista y centralista, separa y dispersa a los pueblos y a las personas. Nadie quiere

romper nada del lado de los nacionalistas catalanes, sino todo lo contrario. Al potenciar la libertad y con

ella la personalidad de las distintas nacionalidades de España se piensa enriquecer el conjunto español, a

cuyo destino quieren contribuir los nacionalistas catalanes con la cara muy alta y en pie de igualdad con

los demás pueblos de España. En vez de la sumisión amorfa de cada individuo a un centralismo

esterilizante, creemos en la fraternidad de los pueblos libres que, ricos de su plena personalidad, podrán

con igualdad de trato y de iniciativa obtener para el conjunto mejores frutos. Los que acusan a

Convergencia Democrática de Catalunya de ocultos deseos de romper la baraja, simplemente faltan a la

verdad y saben por qué lo hacen.

Modelo de sociedad. Los periódicos y algunos políticos tienen especial interés en vincular a

Convergencia Democrática de Catalunya, mediante supuestos pactos públicos o secretos, a las fuerzas

marxistas y muy concretamente al PSUC. Los que esto proclaman o insinúan, faltan a la verdad y saben

por qué lo hacen. Hemos repetido a diestra y a siniestra que nuestro modelo de sociedad es preciso, claro

y concreto. Huye de todo aventurismo y se niega a poner a España en el banco experimental. Es un

modelo que dentro del realismo de las formas de gobierno que funcionan ante nuestros ojos cree en la

libertad de la persona y en el respeto a sus valores humanos, en la mayor productividad de la empresa

privada y de la libre iniciativa y en la fraternidad entre los hombres, por la que la mayor producción

resultante del sistema se pone al servicio de la justicia social y, sobre todo, se emplea en la defensa de los

indefensos, a la vez que conserva la gallina de los huevos de oro que lo hace todo posible.

Nuestra vocación tiende, en consecuencia, a algo bien conocido, que no será perfecto, pero que es mejor

que nada, cuyo funcionamiento se haya podido ver con nuestros ojos y tocar con nuestras manos. Me

refiero a las democracias de la Europa occidental (Italia y Portugal expresamente excluidas). Algunos

añicos dirán que esto es algo que hoy en día ofrecen todos los partidos como su programa electoral. Ello

significa que el objetivo es bueno, puesto que todos lo proclaman. El elector debe, ante esta situación,

saber distinguir a los que dicen la verdad de los que faltan a ella por motivos electorales. Hagan, señores

votantes, un poco de memoria. La derecha dice aspirar a una sociedad como las del Occidente europeo.

¿Cómo compaginan esto con su protagonismo en el régimen franquista del partido único, del sindicato

único, del idioma único? UCD también aspira a un modelo de sociedad europeo, dice. Pero a la hora de

regular temas que nos podrían aproximar al objetivo buscado, como fue el de la negociación laboral

colectiva o el de la reforma de la empresa, vacilaba entre la pura demagogia y el inquebrantable

inmovilismo. Así no se llega a Europa. ¡Así no se sabe a dónde se va! Los señores socialistas, por su

parte, tres cuartos de lo mismo. ¿Cómo hacen compatibles las ideas que informan el modelo de sociedad

vigente en el Occidente europeo con sus tesis de autogestión de las empresas, de propiedad pública

generalizada, de la guerra de clases, y con sus postulados marxistas aprobados una y otra vez en los

congresos de partido en cuanto las elecciones se alejan? Y, ¿qué decir de este novísimo converso a la idea

democrática de la Europa occidental que es el PCE y su filial el PSUC, que hace cuatro días eran rusófilos

y estalinistas hasta los tuétanos? Y enemigos irreconciliables de Occidente, por más señas.

Creo que se puede decir con justicia que nuestro amor por el modelo europeo occidental es por lo menos

más antiguo que el de nuestros competidores. Nosotros podemos probar documentalmente que desde

nuestra primera juventud política, en 1950,1960,1970y 1979, según los casos, militábamos en las filas del

europeísmo democrático occidental más convencido y más beligerante. ¿No recuerdan hoy los europeístas

de nuevo cuño electoral, que nos llamaban decadentes demoliberales desde la derecha o explotadores

capitalistas imperialistas desde la izquierda? ¡Señores, un poco de seriedad! El electorado no se chupa el

dedo y sabe distinguir. Si desde ahora, de repente, para ganar elecciones, todos creen oportuno decir lo

mismo que venimos diciendo nosotros desde siempre, me parece natural que los ciudadanos nos voten a

nosotros, que hace más tiempo que nadie que lo decimos.

En resumen:

A) Nacionalistas, sí; separatistas, no.

B) Europa occidental, sí; marxismo, no, e inmovilismo, tampoco.

Más claro, el agua, ¿no les parece? Los que nos imputen otra cosa faltan a la verdad y saben por qué lo

hacen.

 

< Volver