Autor: Romero, Miguel. 
   El 2 de marzo, ¿qué?     
 
 El País.    13/02/1979.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

El 2 de marzo, ¿qué?

MIGUEL ROMERO

Del Comité Ejecutivo de la L CR y dirigente de la IV Internacional

Se ha dicho, y es cierto, que el 2 de marzo los problemas fundamentales del país, desde el paro a las

amenazas reaccionarias, seguirán pendientes. Precisamente por eso las elecciones deben ser la ocasión

para buscar nuevas soluciones a estos problemas. O, diciéndolo con más precisión, para buscar solucio-

nes. Porque en los veinte meses transcurridos desde el 15 de junio esas soluciones no han existido.

UCD ha gobernado según los intereses de clase a los que sirve. Y es una regla histórica sin excepciones

que, en los momentos de crisis como los que vivimos, los partidos de la burguesía tienden a gobernar

cada vez más «a la derecha». En nuestro país estamos comprobando esta tendencia con creciente

brutalidad: sirva de muestra el reciente decreto, llamado cínicamente de «seguridad ciudadana», y sirve

de caricatura el idilio «Martín Villar Conesa», presentado en sociedad por el señor ministro ante las

cámaras de la RTVE.

Ciertamente estos partidos necesitan regularmente «balones de oxígeno» desde su izquierda, que en

nuestro caso, PSOE y PCE han suministrado cuantas veces ha sido necesario. Pero en cuanto llegó el aire

a los pulmones de UCD se archivaron los compromisos y se dio un paso más a la derecha. Esta ha sido la

historia real de los pasados meses.

Y por ello mismo la opción real que se plantea ante el 1 de marzo, y más allá del 1 de marzo, consiste en:

o mantener la política de pactos y consenso, con formas más o menos diferentes a las del pasado, o

levantar una alternativa de unidad de los trabajadores para vencer a UCD y acabar con la reacción.

Por el primer camino sabemos a dónde se va: al aumento del paro; al fortalecimiento de las provoca-

ciones reaccionarias (con nuevos episodios del tipo «operación Galaxia», el entierro del general Ortín o el

plante de oficiales de la Policía Nacional); al incremento^de la presión política derechista de instituciones

del aparato de Estado y de fuera del aparato de Estado (particularmente la Iglesia); en fin, por no hacer la

lista interminable, a un desarrollo de la Constitución que,^n especial en lo referente a los estatutos de

autonomía, recortará o negará derechos y libertades fundamentales. Al cabo de pocos meses, los

problemas fundamentales de la sociedad española no sólo se mantendrían pendientes: se habrían

agravado.

Y esto ocurriría así porque pactando con UCD no es posible ni llevar adelante un plan de obras públicas

que proporcione empleo masivo.

Por eso el lema político central de todos los trabajadores y trabajadoras debe ser: vencer a UCD.

Pero desgraciadamente este no es el lema central de los partidos obreros mayoritarios.

La dirección del PSOE se prepara para gobernar con UCD- Si se constituyera un Gobierno así, aunque su

presidente fuera Felipe González, los trabajadores no contarían con un «Gobierno firme». El precio que

UCD reclamaría para colaborar en un Gobierno de mayoría PSOE y el que exigiría pagar al PSOE a

cambio de algunos ministerios, en el caso de que UCD fuera la dirigente de la coalición, sería respetar

escrupulosamente los intereses capitalistas básicos. En estas condiciones, quien terminaría beneficiándose

de la coalición sería la derecha.

Por su parte, la dirección del PCE es la más decidida partidaria del Gobierno UCD-PSOE, dirigido por

UCD. Que con esta política se reclame a los militantes socialistas que «voten PCE», como medio de

«salvar al PSOE del hundimiento en una política social-demócrata y antiunitaria», es uno de los aspectos

más decididamente grotescos y demagógicos de la actual campaña electoral. Harían . falta instrumentos

de alta precisión para establecer quién hace una política más «socialdemócrata», si es la dirección del

PSOE o del PCE.

Así, los partidos obreros mayoritarios, que son los que actualmente podrían y deberían protagonizar la

alternativa frente al Gobierno de la derecha, no quieren hacerlo del único modo posible: levantando la

alternativa de un Gobierno socialista, basado en la alianza de los partidos obreros mayoritarios PSOE y

PCE. Que sus ministros sean de ambos partidos, o solamente del PSOE, tiene una importancia secundaria.

Lo que tiene importancia es que no haya un solo ministro de un partido burgués. Un Gobierno como este,

con un programa que recogiera las necesidades fundamentales de los trabajadores y buscara el apoyo de

los sindicatos y la movilización de masas si sería un Gobierno firme y fuerte.

Significativamente, cuando se afirma que este Gobierno es «imposible», no se utilizan argumentos

electorales; no se dice que este Gobierno no podría tener la mayoría absoluta en las Cortes. Lo que se dice

es que el aparato de Estado no lo toleraría. Pero ante la presión reaccionaria del aparato de Estado sólo

hay dos opciones: o se la deja seguir creciendo, cantándole la nana de «la unidad del pueblo y las Fuerzas

Armadas», o se la afronta decididamente y cuanto antes mejor.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Cómo llevar adelante una política de unidad e independencia de clase de los

trabajadores, cuando los partidos y las direcciones sindicales mayoritarias se niegan a hacerlo? Pues hay

que fortalecer a quienes defienden esa política en las palabras y en los hechos: hay que reforzar y ampliar

el «ala izquierda» del movimiento obrero, la izquierda obrera, en las luchas de todos los días. Y hay que

votar a quien asume decididamente esa política: hay que votar LCR.

El 2 de marzo puede haber o no diputados de la LCR. Si los hubiera, serían los portavoces de la política

unitaria y anticapitalista que nuestro partido defiende todos los días en las fábricas y en la calle. Y si esa

política ha demostrado ser útil en las luchas cotidianas, también lo sería en el Parlamento. Si no

conseguimos diputados, los votos que obtengamos serán el imprescindible apoyo político para las tareas

que nos aguardan, para construir desde CCOO y UGT una izquierda sindical unitaria, para impulsar los

movimientos «olvidados», como el feminista o el de la juventud, en fin, para construir la alternativa capaz

de vencer a UCD y acabar con la reacción.

Este es todo el sentido de la campaña electoral de la LCR y para esto pedimos el voto.

 

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