La campaña de 1979     
 
 Diario 16.    14/02/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

La campaña de 1979

Lo que más sorprende de la campaña electoral que empezamos a sufrir en estos días es su clara

diferenciación con respecto a la anterior, previa a las elecciones de 1977. En aquella campaña la

politización en todos los órdenes fue fa nota predominante, que se tradujo en el uso, ya arcaico en otros

países, del mitin y la concentración de masas como arma principal de partidos y candidatos. Mítines y

concentraciones de dudosa utilidad, pues está demostrado que a ellos van únicamente los ya convencidos.

Pero que, en cualquier caso, eran explicables, debido a la anemia política que había padecido el país

durante cuarenta años.

Se pueden señalar así cuatro notas que caracterizan la peculiar naturaleza del actual esfuerzo de los

partidos. En primer lugar, es claro que asistimos a una desmovilización de los ciudadanos, que no cabe

duda se hallan fatigados por la falta de entrenamiento político y la inhabitual frecuencia de su visita a las

urnas en comparación con épocas pasadas. Desmovilización que afecta también a los partidos, porque no

se da en la actualidad el mismo ardor militante que en las elecciones de 1977 (baste comparar el índice de

metros cuadrados empapelados).

Por otro lado, en esta campaña se refuerza una orientación que ya era visible en la anterior: la

personalización en favor de los líderes de los partidos y, más concretamente aún, en la de los dos

candidatos a la presidencia, Adolfo Suárez y Felipe González, personalización que, en algunos aspectos,

como el uso de retratos murales, llega a ser a veces demasiado espectacular. En último término se trata de

la confirmación en nuestro país de lo que se denomina la «política como espectáculo», en donde los

candidatos actúan más como miembros del star system que como auténticos líderes ideológicos. Además,

paradójicamente, cuando los problemas son mayores y cuando habría que dar soluciones radicales, se

asiste a una campaña más bien aséptica y anodina. Se ha mantenido que hay un giro a la derecha del

electorado y ello puede ser cierto, pero ha sido más espectacular el giro de los partidos en esa misma

dirección. Se confirma que en las elecciones todos los partidos convergen hacia el centro, lo cual no

significa, ni mucho menos, que «se centren las cosas».

Finalmente, la renuncia a utilizar temas y slogans claramente políticos (y basta una ojeada a los murales

partidistas para verificarlo) provoca un vacío que viene a llenarse con frases hechas, tan claramente

comerciales que posiblemente tengan un efecto negativo sobre el receptor. Y ello tanto más cuanto que

hay que partir de una cierta renuncia del elector a acudir a las urnas, salvo que se le dé un buen motivo

para ello: baste recordar el 33 por 100 de abstenciones en el referéndum constitucional.

 

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