Autor: Aleixandre, José Javier. 
 Así es y así piensa. 
 Leopoldo Calvo-Sotelo  :   
 Candidato al Congreso por Madrid. 
 El País.    14/02/1979.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Así es y así piensa LEOPOLDO CALVO-SOTELO

Candidato al Congreso por Madrid

Por una huelga, una boda. Los nombres de los apóstoles. Un corazón ferroviario. Más de veinte

años diputado. Con vela latina por la ría del Eo. Unamuno, profesor de religión. Música de

piano.

Había huelga en las Escuelas Especiales. Leopoldo Calvo-Sote-lo, estudiante de ingeniero de

Caminos, y como representante de sus compañeros de curso, estaba metido en el grupo que

acaudillaba aquella huelga, y fue citado por el entonces ministro de Educación, don José

Ibáñez Martín, en su domicilio particular. Las dos horas de antesala, desde las siete de la tarde

a las nueve de la noche, se le hicieron cortas con-la emoción de que iba a dialogar, mano a

mano, con un miembro del Gobierno.

Entró en su despachó. Se enfrascaron en la conversación. De pronto se abrió la puerta y entró

una chica de 18 años para preguntar: ;>> Papá, ¿cuándo cenamos?». Eran las 12 de la noche.;

Al día siguiente, Leopoldo se gastó los pocos duros que tenía para mandarle a Pilar unas

flores, con las que se disculpaba por haberla obligado a cenar tan tarde. Ella le convidó a un

guateque. Y, bueno, ahora tienen ocho hijos. Siete de ellos, varones. Los dos últimos, de trece

años, gemelos, se llaman Pablo y Andrés.

— En cuanto vimos que. la familia iba para numerosa, decidimos echar mano del Colegio

Apostólico para encontrar suficientes nombres.

Para el ministro de Relaciones con Europa no poder atender tanto como quisiera su vida

familiar es el mayor sacrificio que le exige su dedicación política, mucho más exigente que las

obligaciones empresariales, a las que ha dedicado veinticinco años. Con una experiencia

intercalada en el sector público como presidente de Renfe, que le dejó una profunda huella.

—Los ferrocarriles tienen algo especial, y uno se siente ferroviario, aunque, como yo, haya

pasado rápidamente junto a ellos.

Sin embargo, Leopoldo Calvo-Sotelo tenía que acabar siendo político. Por sus dos apellidos le

acuciaba la vocación. Sobradamente conocido su tío José, hermano mayor de su padre, su

abuelo materno — Ramón Bustelo— perteneció al grupo /.liberal de don Segismundo Moret y

fue diputado a Cortes por Ribadeo en todas las legislaturas desde 1899 a 1923, salvo en

alguna, en que salió senador. Y Leopoldo vivió con su abuelo Ramón desde que, a tos-siete

años, se quedó sin padre.

´ Quince tenía cuando llegó a Madrid, en 1 941, y su amigo Juan. Duran le Ilevó al círculo de

jóvenes dé Acción Católica Nacional dé Propagandistas, del que era Secretario Federico Silva,

y donde intimó, entre otros, con Fernando Álvarez Miranda, José Luis Ruiz Navarro, Alfonso

Osorio, José María Ruiz Gallardón y Miguel Sáncttez Mazas. Poco después se afiliaba a las

Juventudes Monárquicas, de las que era presidente Joaquín Satrústegui:

En Ribadeo, un año antes de venir a la capital, un inglés le regaló una traducción española

prohibida, de la encíclica de Pío XI contra el Reich alemán. Y se enfrentó aun Madrid

germanófilo —de los 125 alumnos de su clase en el Instituto Cervantes eran aliadófilos única-

mente dos— enarbolando las ideas liberales de su abuelo Ramón.

Precisamente en ese Instituto pareció que le nacían dos vocaciones, la física teórica y la

filosofía, influido por dos magníficos profesores: Antonio Mingarro y Manuel Cardenal Iracheta.

Pero su madre, viuda, no andaba sobrada de recursos en aquellos difíciles años cuarenta y

había qué olvidarse de teorías y de sueños para estudiar una carrera que le permitiera ganar

dinero pronto. Se hizo ingeniero de Caminos.

Sin embargo, la política le tenía bien cogido. Y ahora quiere volver a ser diputado, porque

piensa que la política no es verdadera si no hunde sus raíces en la confianza de la gente, y esa

confianza sólo se puede buscar a través de unas elecciones.

Cuenta con una experiencia interesante. Por razón de su trabajo ha contemplado la evolución

política española vista desde fuera, donde ha escuchado opiniones de gentes importantes que

la consideran ejemplar.

—A pesar de que las apariencias no sean de color de rosa, vamos a entrar en una etapa de

consolidación y resolveremos definitivamente los problemas que no nos han dejado vivir en paz

desde hace 150 años. Hay dificultades por delante, Pero con un camino abierto. Perfectamente

vencibles.

Y volvamos al hombre para descubrir en Calvo-Sotelo los más sorprendentes contrastes. De

apariencia seca, de gesto duro, le suenan por dentro imprevisibles cuerdas sensibles, artísticas

y deportivas.

Es político, pero mas que a los políticos admira a los escritores. Durante ocho años, influido por

la amistad con el hermano menor de su padre, el prolífico dramaturgo Joaquín Calvo-Sotelo,

asistió a todos los estrenos teatrales de Madrid. Pero, ave nocturna, aparentemente sometida a

la tiranía de los espacios cerrados, era un enamorado de la naturaleza al aire libre. Andarín de

montaña y amigo de navegaren un bote con vela latina de los que se utilizaban para pescar en

la ría del Eo, antes de la invasión del motor. Incluso, tardíamente, ha empezado a esquiar para

dis-, frutar del departe de la nieve con sus hijos.

—Cuando tenía la edad adecuada no disponía dé dinero para el equipo y ahora que me lo pue-

do comprar ya no estoy para aprendizajes.

Incluso su postura religiosa —se confiesa profundamente creyente—, me dice que no la ha

adquirido en ningún colegio confesional, al que nunca asistió, sino leyendo libros prohibidos. Y

tiene qué agradecer a Unamuno que le ayudara a superar la típica crisis de los veintitantos

años y le devolviera la profundidad de la fe.

Pocas veces ha perdido el sueño. Y más por heridas superficiales que por heridas profundas.

Pero, a media noche se levanta para tomar notas y fijar ideas. Ya no me extrañaría que

también se pusiera a tocar el piano a la luz de la luna.

—Pues, la verdad es que, efectivamente, tengo un par de cursos de solfeo. Puedo leer música

con alguna dificultad y toco el piano muy mal, pero me divierte mucho.

Totalmente imprevisible; Punto.

JOSÉ JAVIER ALEtXANDRE

 

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