Autor: Pagador, José María. 
 Las elecciones de 1979. Mil quinientas personas del PSOE, CD y UN. 
 Suárez, zarandeado en Badajoz     
 
 Diario 16.    17/02/1979.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

Diario 16/17-febrero-79

Las elecciones de 1979

La campaña se calienta. A Suárez se, le convirtió ayer en Badajoz el olor de multitudes en un abucheo

electoral, al salirle al camino una curiosa «coalición» extremeña de adversarios, compuesta por

socialistas, derechistas de Fraga y piñaristas. Horas más tarde, el líder socialista Felipe González le retaba

a un debate televisado. Suárez le contestaba, casi simultáneamente, que con ese debate sólo quería

González predeterminar el bipartidismo y que los socialistas dicen unas cosas en un sitio y otras en otro.

Como dijo también el comunista Carrillo en Asturias, ésta es la campaña de la confusión. El debate

público electoral se calienta cuando entramos en la semana decisiva.

Mil quinientas personas del PSOE, CD y UN

Suárez, zarandeado en Badajoz

José María Pagador

BADAJOZ, 17 (Corresponsal D16). — Militantes ultraderechistas y del PSOE, entremezclados con otros

de Coalición Democrática, zarandearon, abuchearon e insultaron al presidente del Gobierno y líder de

UCD, Adolfo Suárez, cuando andaba por las calles de Badajoz ayer durante la visita que realizó en

campaña electoral. Por primera vez, sorprendentemente, signos de socialistas y franquistas figuraron jun-

tos contra un objetivo común.

Por el contrario, Suárez fue aclamado en su visita a Cáceres y otros pueblos de Badajoz.

El peor cuarto de hora de lo que lleva de campaña electoral, lo pasó el líder de UCD en la capital

extremeña, donde inició su segunda gira de fin de semana, en la que, además de Cáceres y Mérida, hoy

visitará Algeciras, Jerez de la Frontera, Cádiz y Sevilla. Mañana se trasladará a Córdoba y Granada.

El presidente llegó a Badajoz, procedente de Madrid, sobre las tres de la tarde en helicóptero.

Prácticamente desde las once de la mañana vehículos y militantes de partidos de la oposición, como

PSOE, Coalición Democrática, Unión Nacional, etcétera, se habían concentrado en la plaza de España,

donde se anunció que lleqaría el presidente Suárez.

Sin embargo, la llegada del presidente no estaba prevista directamente a la olaza de España, sino a la

plaza de Minayo, situada a unos doscientos metros de aquélla.

Mil quinientos vociferantes

En la citada plaza de Minayo, desde la una de la tarde, se fueron agrupando alrededor de unas trescientas

personas, en las que la mayoría eran de UCD. pero eran pocos para «contrarrestar» la avalancha de

militantes de la oposición y de parados de la ciudad, que confluyó en la mencionada plaza.

Hacia las dos de la tarde, una oeoueña multitud, que puede calcularse en unas mil quinientas personas,

desembocó en la plaza de Minayo, expresando claramente su actitud hostil hacia el presidente y su

partido. Los vehículos de estos partidos de la oposición, con sus altavoces y sus banderas, aparcaron en

mitad de la calle, en una de las zonas de la plaza de Minayo, sin que la Policía Nacional consiguiera

hacerles desistir de sus propósitos.

En este ambiente, de gran tensión, se aouardó la llegada del presidente, que apareció con su coche oficial

y con los coches de escolta, pasadas ligeramente las tres de la tarde.

Inmediatamente estalló un gran clamor y, nada más salir de su coche, el presidente fue rodeado por la

multitud, que le zarandeó y le abucheó. Las escasas medidas de seguridad tomadas —una docena, si

acaso, de policías nacionales había . en la citada plaza, además de los inspectores y de la exigua escolta

del presidente— no pudieron contrarrestar el empuje de la airada multitud.

Suárez hizo el recorrido previsto, rodeado por la muchedumbre que no dejó en ningún momento de

presionar hacia él y de increparle, pero sin poderse detener en ningún punto de los que tenía previstos.

Al llegar a la plaza de la Soledad, donde está ubicada la ermita de la Virgen de la Soledad, patrona de

Badajoz, donde Adolfo Suárez tenía previsto rezar unos momentos, el clamor popular contrario subió de

tal modo que el presidente tuvo que introducirse en su coche que se abrió paso con, dificultad entre la

multitud, ululando las sirenas de los coches de escolta.

Durante todo el recorrido, apenas quinientos metros, la multitud oposito-, ra gritaba «fuera, fuera», «no

están, no se ven las banderas de. UCD», «Suárez traidor cantaste el cara al sol», etcétera. Los coreaban,

en cada caso, gentes de Unión Nacional, socialistas, gente de Coalición Democrática y parados. Al

término de un almuerzo con las fuerzas vivas de UCD local tuvo lugar una rueda de prensa en la que el

presidente se esforzó por quitar importancia al incidente.

No pasó miedo

Al ser preguntado por D16 sobre si se había sentido en peligro, y si consideraba que las medidas de .

seguridad tomadas, escasísimas, eran idóneas para velar por la integridad de un presidente de Gobierno,

Adolfo Suárez respondió que no había tenido sensación de peligro.

«Me siento bastante seguro siempre. En cuanto a la segunda parte de, su pregunta, creo que se han

tomado las medidas normales de protección. Lo que pasa es que ha habido un poco de excesiva pasión en

ios manifestantes contrarios y, además, no creo que hubiera en ellos deseo de hacerme daño alguno.»

Desde el mismo lugar del almuerzo, el presidente se trasladó en helicóptero a las localidades de Don

Benito y Villanueva de la Serena, y a Cáceres capital, para volver a Mérida donde pernoctó.

Aclamado en Cáceres

En contraposición de los incidentes registrados en Badajoz, Adolfo Suárez fue recibido en olor de

multitud en diversos pueblos de la provincia y en Cáceres. Unas cuatro mil personas —según Efe—

recibieron a Suárez en la plaza mayor de Don Benito.

En Villanueva de la Serena fueron centenares los entusiastas que le dieron la bienvenida. Y en Cáceres —

también según Efe— varias personas lo aclamaron cuando fue a visitar un asilo de ancianos, encontrando

muestras de simpatía cuando después recorrió diversas calles de la ciudad.

 

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