Autor: Carracedo, Rosario. 
   ¿Una ley de divorcio feminista?     
 
 El País.    13/10/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Cartas al director

¿ Una ley de divorcio feminista?

Lamentamos tener que unir al triste espectáculo que nos está ofreciendo la izquierda parlamentaria, con

su actitud de manifiesta pasividad ante la imposición de UCD de un seudodivorcio «bendecido» por la

Iglesia, el no menos triste espectáculo de la división del movimiento feminista en un tema; que afecta

principalmente a las mujeres. Pero ante las afírmaciones hechas por Empar Pineda en la tribuna libre del7

de octubre «Divorcio, sí; ¿pero qué divorcio?» nos vemos obligadas a precisar:

1. Existe un importante sector dentro del movimiento feminista que no suscribe el proyecto de ley

elaborado por la mayoría de los grupos que integran la Coordinadora Feminista del Estado Español, y

que, por el contrario, lleva varios meses trabajando en la recogida de firmas para hacer llegar al

Parlamento el proyecto elaborado por la Asociación de Mujeres Separadas.

2. Una ley de divorcio que pretenda servir a la mujeres deberá ocuparse, en primer termino, de asegurar

la subsistencia material de las mujeres divorciadas sin recursos económicos propios. El proyecto de la

Coordinadora resuelve esta cuestión diferenciando entre las mujeres cuyos maridos poseen unos ingresos

superiores a cuatro veces el salario mínimo interprofesional (que deberán recibir una pensión a cargo de

éstos) y las mujeres cuyos maridos no lleguen a esta cantidad (que percibirán un subsidio a cargo del

Esta-do y una formación profesional encaminada a acceder a un puesto de trabajo). Según esto, a una

mujer cuyo marido ganara 80.000 pesetas mensuales tendría que pagarle la pensión su ex esposo,

mientras que a otra cuyo marido ganara 79.000 pesetas tendría que pagársela el contribuyente. Nos

preguntamos en virtud de que lógica. Porque, o bien el trabajo que ambas mujeres han realizado durante

su etapa matrimonial ha beneficiado al marido, o bien ha beneficiado al Estado, o bien ha beneficiado

simultáneamente al marido y al Estado, pero lo que no se puede mantener es que el trabajo, de la primera

ha beneficiado exclusivamente al marido, y el de la segunda, exclusivamente al Estado. 3. A través de

una ley de divorcio no es posible modificar la situación de falta de autonomía económica de las mujeres;

lo único que puede conseguirse es que éstas no tengan que soportar una convivencia no deseada. Además,

aun suponiendo que el acceso a la formación profesional fuera materia de una ley de divorcio —que no

lo» es—, no serviría de nada, ya que una sociedad capitalista en vías de desarrollo y con dos millones de

parados no podría absorber el tra-bajo de todas estas mujeres.

- 4. Es curioso que la Coordinadora haga de la inexistencia de causas una cuestión de principios en

nombre de las mujeres, cuándo precisamente la mayoría de las mujeres, dado que toda su vida se

desarrolla en función de la familia, suelen tener un motivo para quererse divorciar. En cambio, si unimos

a la inexistencia de causas la exención de responsabilidades monetarias a un gran porcentaje de maridos,

nos encontramos con qué la Coordinadora está propugnando el despido libre sin indemnización o,

llamando a las cosas por su nombre, la legalización del repudió.

5. A la vista de todo ello, parece que la ley de la Coordinadora se ha preocupado más de salvaguardar los

intereses —los bolsillos— de los sufridos maridos trabajadores que de buscar una solución realista,

práctica y viable qué permita divorciarse, aquí y ahora, a todas las mujeres que lo deseen. A este respecto,

resultan altamente significativas las notables coincidencias entre las propuestas de la Coordinadora y las

de la Asociación de Hombres Separados, cuyo machismo ha quedado patente en repetidas ocasiones.

¿Cómo explicar esta incongruencia en una ley que se presenta como rabiosamente democrática y

feminista? Quizá pueda echar alguna luz sobre el asunto el hecho de que gran parte de las mujeres que

integran los grupos de la Coordinadora son militantes de partidos de la izquierda extraparlamentaria,

dotadas de una falsa conciencia que las lleva a identificarse con los intereses de sus compañeros de

partido, y de los cuales la propia Empar Pineda, miembro del comité federal del Movimiento Comunista,

constituye un claro exponente. Rosario Carracedo Por el Colectivo Feminista de Madrid Madrid.

 

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