Autor: Areilza y Martínez-Rodas, José María de. 
   A quien votar     
 
 ABC.    18/02/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

A QUIEN VOTAR

TODAVÍA son muy altos los porcentajes del voto indeciso en las encuestas de opinión. Hay un

evidente desconcierto que se compone de electores inclinados a la abstención, acaso porque

no confían ni en la clase política ni en el sistema democrático; y de presuntos votantes que no

tienen tomada su decisión entre las varias opciones existentes que se les ofrecen.

Los primeros, los abstencionistas, representan un síntoma importante por tratarse del primer

ejercicio constitucional del derecho electoral, después de promulgado el texto del ordenamiento

supremo. Y el cotejo con otros porcentajes abstencionistas de elecciones españolas de antaño,

más antiguas que el año 1931, tiene escasa relevancia, teniendo en cuenta la enorme densidad

actual de los medios de comunicación que llegan al último rincón y a! más remoto hogar de la

Península, con lo que la abstención en este caso es mucho más significativa como rechazo

popular o como signo de indiferencia resignada ante un sistema poco sugestivo.

Otro aspecto es el voto todavía dubitativo que es un alto porcentaje de los muéstreos últimos.

Hay motivo para suponer que no corresponde esa duda a los votantes de ´la militancia

partidista, comprometidos desde un principio, y que estamos ante ese ancho mar de los que sin

pertenecer a una ideología bien definida se inclinan, sin embargo, por una tendencia

claramente orientada hacia la moderación. En ellos incide con especial y afilada insistencia la

susurrada táctica del llamado «voto útil». El «voto útil» es en estos momentos la última gran

falacia destinada a engañar a los incautos. Va dirigida a los inocentes de buena fe que

comprueban cotidianamente los evidentes resultados que el bienio último ha producido. La

serie de problemas irresueltos que se han dejado sobre la mesa para «gobernar después». Los

hechos irrefutables que desmienten rotundamente las promesas y las palabras. La crisis de

confianza que invade a extensos sectores de la vida española que no abren un mínimo crédito

de a p.o y o o esperanza a quienes recibieron sus votos masivos en junio del 77 y, olvidando

aquel mandato, tomaron otro rumbo enteramente distinto, cuyas consecuencias observamos en

toda su plenitud. A esa enorme masa dentro de la cual se mueve el voto ´indeciso, se le insinúa

que repita otra vez el lamentable experimento. «Porque —así se le dice— se evita que llegue el

colectivismo al Poder.»

Es la famosa doctrina del mal menor, grata a determinados teólogos del probabilismo y

recogida con incrustaciones tecnológicas y sociológicas por otros teologantes de nuestro

tiempo. Pero, ¿qué tiene de sólido, de cierto, de con» veniente este canto de sirena desespe-

rado de quienes ven fundirse su caudal de votos probables ante el sol de la airo dadora

tendencia popular?

No tiene nada. Ni es argumento válido; ni aa tiene en pie; ni sirve para el caso. Unas elecciones

no se hacen solamente para elegir representantes parlamentarlos, sino también para registrar

los cambios ocurridos en las tendencia» de opinión. Y aquí se quiere que nada cambie. O

mejor dicho, que no se reflejen esas profundas corrientes nuevas. Pero eso es tanto como

falsear el fundamento de un sistema democrático.

El voto útil será el que manifieste con claridad que hay millones de votantes en el centro y en la

derecha que no están de acuerdo con el rumbo y con el desorden que llevan las cosas. El voto

útil será el que transforme esos millonea da sufragios en decenas de escaños capaces de

Imponer con su presencia una nueva orientación coherente y realista a la política ambigua y

equívoca que predominó hasta ahora. Ese voto útil es el que puede impedir con su volumen y

caudal, que la fuerte tentación de llevar a cabo una continuación del consenso, esta vez

extendido a un gobierno centro-Izquierda, lleve a una situación más difícil y agravada a la

coyuntura económica y social y al clima de Inseguridad ambiente. El voto útil es el que puede

ser decisivo para que en este país se consolide definitivamente el sistema democrátivo

evitando la degradación y el descenso hacia situaciones límites. Ese voto útil es el que puede

sacar al país adelante con un programa de gobierno breve, sencillo y realista, que la Coalición

De mocrática propugna y hará público en e! curso de estos días.

Ningún país del Occidente democrático se rige por el consenso. Por el contrario, es el disenso

—the right to dissent— la esencia del sistema político libre. Los Gobiernos en el Poder

mantienen la coherencia de sus programas, sean éstos laboristas, socialdemócratas,

conservadores, liberales o democristianos. ¿De dónde sale esa ridicula advertencia de la

«polarización» derecha-izquierda de la política española que seguiría a un neto gobierno de

centro-derecha? ¿Por qué si la mayoría de! voto y del Parlamento gravita en esa dirección ha

de renegarse de gobernar en tal sentido? ¿Dejaría de hacerlo el socialismo si obtuviera la

mayoría de la Cámara? Evidentemente, no. Y ¿daría ello lugar por ventara a un riesgo de

«polarización»?

Los enfrentamientos civiles no son debidos a que existan dos grandes grupos sociológicos

predominantes en un país con sentido izquierdista o derechista. Ahí están Gran Bretaña,

Francia o Alemania occidental para probarlo entre veinte ejemplos más. Lo que lleva el choque

directo es la falta de desarrollo económico y social o el escaso nivel de educación cívica de una

nación, y España, por fortuna, ha rebasado con amplitud y para siempre los planteamientos de

la violencia fratricida.

¿A quién votar? A quienes en conciencia creáis más capaces de interpretar vuestra voluntad. A

los que sean una esperanza cierta de resolver los graves problemas pendientes.

José María de AREILZA

 

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