Autor: Prades, Joaquina. 
 Elecciones 1979. Los marginados, un sector conflictivo e incómodo para los partidos políticos /2. 
 Los minusválidos desconfían, y la mayoría de los gitanos optan por la abstención     
 
 El País.    18/02/1979.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

EL PAÍS, domingo 18 de febrero de 1979

POTJTTCA Elecciones 1979

La situación de dos grandes grupos marginados, los minusválidos y los gitanos, es abo´rdada de manera

muy distinta por los partidos políticos. Mientras que los primeros forman parte de la casi totalidad de los

programas de las fuerzas políticas que concurren a los comicios del 1 de marzo, la problemática gitana

únicamente es mencionada por el Partido Socialista Andaluz. La respuesta de unos y otros es incierta. Los

minusválidos se muestran recelosos ante la labor de los futuros parlamentarios y los gitanos opinan que la

política es cosa de payos, según el testimonio recogido por Joaquina Prades en la segunda parte de este

informe.

Los marginados, un sector conflictivo e incómodo para los partidos políticos/2

Los mimisválidos desconfían, y la mayoría de los gitanos optan por la abstención

La Constitución, en su artículo 49, contempla de manera específica la situación de los minusválidos, otro

de los grandes grupos de marginados sociales. «Los poderes públicos realizarán una política de previsión,

tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a los que

prestarán la atención especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los

derechos que este título otorga a todos los ciudadanos.»

La declaración constitucional supone la garantía para los minusválidos de que, teóricamente al menos, su

situación puede empezar a cambiar con el nuevo régimen democrático. Otra cuestión será que los

responsables de esos «poderes públicos» se avengan a cumplir lo pactado. La gran mayoría de los

partidos recogen en sus programas políticos las reivindicaciones de los minusválidos en mayor o menor

medida. En España hay un total de millón y medio, entre físicos y psíquicos. De esta cifra, sólo 86.000

son beneficiarios de la Seguridad Social, y 140.000 reciben algún tipo de ayuda por parte del Instituto

Nacional de Previsión.

Los partidos hacen hincapié en la importancia de la medicina preventiva, hasta ahora prácticamente

desconocida para los minusválidos de este país. Los minusválidos se quejan de esta falta de previsión y

deben sentir cierto hormigueo angustioso cuando oyen decir a los médicos que un porcentaje considerable

de disminuidos podría haberse evitado si la ciencia se hubiese ocupado de ellos desde antes de nacer,

mediante el control de las embarazadas. Es después, una vez que ha nacido un niño minusválido, cuando

sus posibilidades de sobrevivir sin sentirse excesivamente rechazado se reducen casi a la mínima

expresión. «Los niños, es terrible como lo pasan en la escuela. Que si las escaleras, que si las largas

ausencias de las clases por el tratamiento sanitario, el no poder jugar como los demás, el mismo rechazo

de los compañeros del colegio o de los padres de los niños sanos, que nunca les hace gracia que sus lujos

tengan a un minusválido por amiguito.» María Jesús pertenece al grupo Disminuidos Físicos de Base, y se

permite generalizar porque conoce muy bien lo que se siente cuando no se nace «como los demás» o

cuando de pronto un accidente te empuja a engrosar las filas de este batallón de marginados. «Todo el

proceso que se sigue en la escuela condiciona al niño de tal manera que a lo largo de su vida jamás dudará

de que es un ser rechazado, dice María Jesús, y este rechazo social tan acusado responde a los criterios

estéticos de nuestra sociedad. Sin embargo, nosotros no queremos escuelas separadas, queremos ser un

grupo más en la sociedad, pero dentro de ella, no fuera.».

Cumplir la ley a medias

Cincuenta y tres mil niños minusválidos se encuentran sin puestos escolares, el 37% de los adultos son

analfabetos, 60.000 tienen un puesto de trabajo y el 85% del total se encuentran en paro forzoso. «Bueno,

es que lo nuestro con el trabajo es una cosa seria.» El lenguaje desenfadado que utiliza María Jesús no le

impide reflejar que la faíía de empleo es quizá su principal problema. «El caso es que no se cumplen las

pocas leyes que el Gobierno ha decretado sobré el empleo de los minusválidos físicos, este es el gran

problema, porque la ley obliga a que el 2% de las plantillas de las empresas esté formado por

minusválidos, pero, esto no significa nuevos puestos de trabajo. Las empresas ocupan estos puestos con

los minusválidos que la misma empresa produce, es decir, con aquellos trabajadores que sufren un

accidente laboral y quedan disminuidos. Asi es que, la ley la cumplen a medias.».

«Por otro lado, sigue diciendo María Jesús, los centros de empleo pretegido resultan ser en la práctica una

tomadura de pelo. Ocurre muchas veces que va un señor con poco dinero y solicita subvenciones estatales

para crear un centro de empleo protegido, con la mayoría de los puestos de trabajo cubiertos por

minusválidos. Pero después, en cuánto el negocio empieza a funcionar, ese señor se deshace poco a poco

de nosotros y nos despide por las causas más diversas. Lo más lamentable es que no hay inspectores

estatales suficientes para evitar estos fraudes.»

Sin poder utilizar la ciudad

Si para un minusválido encontrar trabajo es casi un hecho de ciencia ficción, salir a la calle puede resultar

una arriesgada aventura. «La ciudad está planificada de tal manera que no podemos utilizarla. Con las

barreras arquitectónicas (escaleras y bor-dilíos)no se puede dar un paso con tranquilidad, siempre

tenemos que llevar a alguien a nuestro la- • do para que nos ayude. Y en cuanto a los transportes..., bueno,

como no cojamos un taxi no hay quien se desplace y los taxis son tan caros...» María Jesús dice que salir

a la calle es «jugarse el tipo». Los partidos políticos hablan de establecer desgravaciones fiscales para

aquellas empresas que empleen a los minusválidos; de crear centros sanitarios suficientes, tanto para el

tratamiento como para la rehabilitación, todo por cuenta de la Seguridad Social, y de prestar una atención

preferente a la prevención de la subnormalidad. Los partidos de izquierda incluyen además proyectos de

elaboración de planes de urbanismo para facilitarles el acceso y el uso de las ciudades con cierta

seguridad. Los parlamentarios elaboraron un proyectó de ley sobre minusválidos y subnormales, a través

de la Comisión Especial del Congreso, que está pendiente de aprobación, y no olvidaron dedicar uno de

los artículos de la Constitución a su especial situación. Sin embargo... «Aquí, en el colectivo, la gente en

general no piensa votar. Los que voten, desde luego, lo harán a la izquierda, porque con la derecha no

hemos avanzado nada. Pero la verdad es que no confiamos tampoco demasiado. En las elecciones pa

sadas aún teníamos cierta esperanza, muchos votamos con la ilusión de que la izquierda cumpliese, al

menos en parte, todas aquellas promesas que hizo durante la campaña de 1977. Pero luego en la práctica

no se ha conseguido nada. No se puede olvidar esto: en una sociedad capitalista como la nuestra, en la que

todos sus mecanismos giran en torno de la producción y la rentabilidad, apenas hay lugar para los

minusválidos.».

Quizá María Jesús se haya desencantado demasiado pronto, porque los resultados tangibles que ella pide

a lo mejor no se´demoran demasiado, en virtud délo estipulado en la Constitución y del proyecto de ley

que ya está elaborado. Sin embargo, también parece lógico que una persona que se ha sentido marginada

desde siempre, que no dispone de rampas para subir o bajar de su casa, que no puede utilizar el ascensor

porque no es lo bastante ancho para su silla de ruedas, que tiene que gastarse una fortuna en taxis, como

ella dice, y encima que no encuentra trabajo, tenga más prisa (o más necesidad) que cualquier otro

ciudadano.

E! aislamiento de los "calés"

Los gitanos, esos cientos de miles de personas sobre los que no se puede dar ninguna cifra estadística, al

carecer la mayoría de documentación y no figurar, por tanto, en ningún censo, no son mencionados en los

manifiestos electorales de los partidos, a excepción única del Partido Socialista Andaluz.

Un factor determinante en la marginación de los calés ha sido, sin duda, su concepción del trabajo,

opuesta a los cánones tradicionales de la sociedad capitalista. «El gitano no trabaja doce horas diarias para

consumir su vida pagando letras, como hacen muchos payos, dice Manuel Martín, miembro de la

Coordinadora de Asociaciones Gitanas. El gitano no concibe el trabajo como un bien, sino como un mal

necesario para cubrir sus necesidades mínimas y nada más. En cuanto las tiene cubiertas, deja de

trabajar.»

Manuel Martín se defiende de los mitos negativos que pesan sobre el pueblo gitano, su supuesta vagancia

y el deseo de apoderarse de lo ajeno por la vía del hurto. «El gitano roba para comer, pero no estafa a un

montón de familias humildes con una inmobiliaria fantasma, por citar algún caso. Además, tres

robagallinas no configuran una comunidad. Eso sería como decir que todos los vascos son unos

terroristas.»

La sanidad, la vivienda y la cultura son los tres grandes han-dicapsdel pueblo gitano. La edad media de

vida de los gitanos está fijada en 42 años, al mismo nivel que los países tercermundistas, mientras que el

promedio estimado para cualquier español nacido en 1979 es de 76 años. Entre los gitanos, sólo un 3%

cumple o rebasa la edad de 63 años. Las enfermedades sobrevenidas por falta de higiene, de asistencia

médica y de la alimentación deficiente son seis veces superiores al promedio nacional, y su contagio,

debido al hacinamiento de las familias gitanas en las chabolas de los cinturones industriales de las

grandes ciudades, multiplica esta cifra. La mortandad infantil es, asimismo, siete veces mayor entre los

gitanos. Y este1 problema se presenta de difícil solución, porque el tema de la prole tiene connotaciones

culturales en la comunidad calé. «Hablarle hoy en día a un gitano de controlar la natalidad y planificar la

familia sería como hablarle en chino.» Manuel Martín reafirma su aseveración alegando que la tradición

gitana acumulada a través de los siglos tiene como «orgullo de raza» tener mucha descendencia, aunque

después carezcan de medios para su subsistencia o escolarización. La mayoría de los gitanos son

analfabetos, y los niños normalmente crecen en la calle, sin pisar una escuela. «Las autoridades educa-"

tivas no han mostrado ningún interés por escolarizar a nuestros niños.»

El ambiente electoral que se observa entre las asociaciones gitanas refleja que la mayor parte de los

gitanos se abstendrán el día 1 de marzo. «En primer lugar, porque el 65% no están censados y, por tanto,

no pueden hacerlo, pero también porque, en vista de sus condiciones de vida, cuando a un gitano se le

habla de política, sonríe escépíico y dice: "Eso es cosa de payo.?."»

 

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