Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   El abucheo     
 
 ABC.    21/02/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL ABUCHEO

EJ abucheo es una vieja tradición de la antidemocracia nacional. Aquel a quien no se le quiere oír se le

abuchea par» que otros no le oigan. No es una razón, es una antirraBon, es el anti-diátogo y, en cierto

modo, es la dialéctica del grito, del berreo, precedente de aquella otra, más radical, de «los pu-ftjja y de

las pistolas» cine acaba por desterrar la discusión aleándola a guerra civil.

Siempre que a esto pobre pueblo que «conos nosotros se le ha otorgado o devuelto el derecho a dialogar,

ha reaparecido inmediatamente el abucheo. Podría decirse que la censura ce el abucheo del poder o que el

abucheo es la censura de la debilidad. El caso es que una constante de nuestro comportamiento consiste

en el no querer avenirle a razones, el no escuchar los del otro, el tratar de impedir que otros las escuchen.

Se mire como se mire, la alternativa eensura-abucheo es una constante histórica nacional.

Alguna vez he tenido el honor de ser abucheado. También alguna vez, en años juveniles, he tenido el

honor de ponerme de parte de los abucheados y contra los abucheadores que. Ideológicamente, me eran

más próximos y queridos. Quien tenga en algo la mayor dignidad d«l hombre que es la de discutir, la de

dialogar oponiendo razones a ra-• o n e s y aspirando a convencer por aceptar de antemano la posibilidad

de ser convencido, repudiará como uno de los peores malos modos de esto querido pueblo nuestro tan

cargado de malos modos, la practica de suyo antidemocrática del abucheo.

Todavía no se había instaurado la segunda república cuando, yo adolescente, leí una novela de Estébanez

Calderón que supongo injustamente olvidado, Sólo recuerdo haber reído tanto una noche leonesa, ya en

vísperas de la guerra civil, en la que a solas, a la luz de una vela, releí las páginas del Buscón, de

Quevedo. Uno ríe siempre, habría que preguntarse por qué, con las tristezas. Aquella novela se titulaba, y

titula, «Don Opando o unas elecciones». No he vuelto a hallar un ejemplar. Estébanez Calderón relataba

con gracia malagueña, quizá espolvoreada de sal nn poco ronda, unas elecciones en su tierra. Donosa

democracia. El abucheo ascendía aJlí al garrotazo, a la gresca organizada. La cachiporra adquiría el

esplendor de aquella divisa latina que Luis XFV hacía grabar sobre sus cañones: «ultima ratio regum»,

«última razón del reino». Lo que nos ocurre a nosotros, y nos ocurría ya a mediados del siglo pasado

cuando Estébanes componía cuadros de costumbres, es que el abucheo y frecuentemente la estaca, no es

última razón, medio al que se llega cuando no hay otro, sino primera y potísima razón de discutidores a

berridos.

Es sabido, los psicólogos han desarrollado teorías completas sobre el tema que quien al discutir levanta y

descompone la voz es porque percibe que está perdiendo, que carece de razones convincentes, superiores

a las del adversario. Por eso el abucheo denuncia a quien lo practica y envuelve en clámide de dignidad a

quien lo sufre.

No pueden aspirar a hacerse oír quienes desdeñan el hábito de escuchar. Ya que hay libertad para hacerlo,

es necesario decir y escuchar.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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