Autor: Dávila, Carlos. 
 Tertulia electoral en ABC. 
 Don Blas, en la familia     
 
 ABC.    21/02/1979.  Página: 43. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DON BLAS, EN FAMILIA

BLAS «Caudillo» Pinar llegó tarde, entre murmullo* y rumores expectantes. Vino «en líder» y

con acólitos. ¿Se mostraría moderado, cual es su costumbre «n esta campaña? Luego ce vio

que si; que eJ notarlo, dicen que empobrecido pof la política, puede discutir con al Centro e

Incluso estar de acuerdo. Y no se me culpe de engrasar mi imaginación calenturienta; no, don

Blas pareció templado y hasta te-Mz. Le sobraba, sin embargo, cansancio y 8uefto, y a lo peor

tales circunstancias empastaron sus Ímpetus. Iba vestido, naturalmente, «de Fuerza Nueva»; le

acompañaba su mujer y algún que otro guardaespaldas, y al final pudo incluso firmar

autógrafos en fotografías de Franco. En más de una ocasión, por Otra parte, demostró su

ingenio; convivió —únicamente por do* horas— con Cristina Almeida, bastante comunista,

pingüe de carnes y mitinera, y don Blas (a la derecha de todas las derechas) habló cuanto le

dejaron, gesticuló laclalmente lo que quiso, se asombró de pocas cosas, fuese, y no hubo

nada.

Debería decir, sin embargo, que una vez el auditorio le irritó los nervios. Fue cuando una

contertulla repitió «este pafs», y el señor Pinar aseguró «que me está molestando la expresión,

porque se está reduciendo a una nación a la categoría de paisaje bucólico». Pero —usted

disimule, don Blas— nada más lejos de la realidad. Porque si algo quedó claro es que desde la

derecha a la izquierda a «este país» se le sigue llamando España, pasada ya la época hortera

en que los políticos provincianos hablaban de «geografía peninsular» (¿y las Islas?) o «Estado

español», Invento fascista donde los haya.

Cristina Almeida es una señora Irregular, y Carmela García Moreno más que regular. Tiene

encanto, pero, por si me escucha, le aconsejo que no sea plúmbea. Ljo n. Mi vecino —me

confesó, por fin, que era de UCD— decía que «todos los de mi partido parecen meritorios. Se

creen que vienen a pasar un examen». Algunos r—esto ya es cosa mía— aprueban con nota,

otros raspan el «cate». Carmela, madre de dos hijos y poco feminista (perdóneme, pero ésta es

mi Impresión), tiene «I don del ingenio rápido, lo que no es poco en estos tiempos de torpeza

dialéctica que exasperarían a Fernández Ftórez. Carmela, cuando Camuñas (no confundir con

Ignacio, ministro por unos días) quiso prestarle unos papeles, respondió rápida: «No, gracias;

todavía no hemos pactado.» ]Ahl ¿No? Para mi, que sí. Los del PSQE así lo repiten. El

candidato socialista de esta tertulia, tardo en el decir, eia Leopoldo Torres, católico según

confesión, divorcista «malgré sol» y suplente de una titular que, como el Informa] Larroque, dio

una «espanta gallesca». Torres se defendió como pudo de las acusaciones de oportunismo

político y compadreo electoralista que le lanzaron el presidente de los hombres separados

(largas e indefinibles patillas) y tá jefa d« las separadas.

Quedó claro, al fin, que, «a nivel de divorcio, de referéndum, nada»; que «a nivel de familia,

ante todo la protección»; que a «nivel de hijos naturales, es una vergüenza ta situación actual»

y que, a pesar de todos los niveles estúpidos de moda, las Ideas de esta campaña no pueden

ser más comedidas, «a nivel de no asustar al personal».— Cartas DAVILA.

 

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