Autor: Azaola, José Miguel de. 
   Electores vascos y estrategia española     
 
 El País.    24/02/1979.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Electores vascos y "estrategia española"

JOSÉ MIGUEL DE AZAOLA

En un excelente artículo («Poilíti-ca vasca y estrategia española», aparecido en El Correo Español-El

Pueblo Vasco, de Bilbao, el 15 de febrero), Juan Pablo Fusi Aizpúrua, gran conocedor del pasado reciente

y de la situación actual del pueblo vasco (su tesis sobre «Política obrera en el País Vasco», publicada en

Madrid por Ediciones Turner en 1975, es uno de los estudios mejores que existen acerca de ese tema)

explicaba y demostraba que «la proyección estatal (de los intereses económicos y sociales vascos) exige

la activa participación vasca en la dirección y gestión del Estado».

En efecto: el ámbito de la economía vasca no es sólo la reducida superficie de Vasconia. Desde hace ya

un siglo se ha desarrollado en Vizcaya primero, después en Guipúzcoa, y últimamente también en Álava

y en Navarra una actividad económica expansiva que rebasa muy ampliamente las estrechas fronteras de

esas, provincias y las, de todo el País Vasco peninsular, extendiéndose por España entera.

En el pasado año 1978, el Banco de Bilbao ha inaugurado en Aranjuez su oficina número mil, y bien

sabido es que la mayoría de ese millar de oficinas bancadas se encuentra fuera de Vasconia. Y esto es

algo más que mero símbolo. En el mismo caso se encuentra el Banco de Vizcaya, y sería interminable la

lista de las empresas nacidas en el País Vasco y nutridas por un capital que, en su mayoría, es de

procedencia vasca, que se hallan establecidas en el resto de la geografía española, no sólo como

sucursales o agencias de las que funcionan en suelo vasco, sino que tienen fuera de este suelo sus oficinas

centrales, su gerencia y sus instalaciones, sean éstas industriales o del sector de los servicios. Por otra

parte, innumerables son las empresas vascas que, trabajando principal o exclusivamente en su tierra de

origen, venden fuera de ella gran parte de sus productos.

Lo mismo ha de decirse en lo que a la mano de obra se refiere. En proporción muy elevada, los

trabajadores del País Vasco proceden de otras zonas de España, en las cuales es muy frecuente encontrar

hombres procedentes de las provincias vascas que dirigen o administran empresas o que, en el seno de

éstas, desempeñan labores cualificadas.

Si de los aspectos económico y .social (a los que Fusi Aizpúrua se refiere expresamente) pasamos a otras

facetas; de la vida española (la cultural, la religiosa o la deportiva, por citar sólo unos ejemplos), nos

encontramos con una situación parecida. Y es que toda la vida del pueblo vasco peninsular se halla tan

profundamente imbricada en la vida toda del conjunto de España, que ni aquélla se concibe sin ésta, ni

ésta sin aquélla.

Lo que e! País Vasco necesita

Por eso, es indispensable la presencia de vascos en la dirección de la vida política española. Y para que

esa presencia dé los frutos que el pueblo vasco tiene derecho a esperar, es también indispensable que la

política vasca posea lo que Fusi llama una «estrategia española», sin la cual no será posible representar y

defender con acierto, en el marco español, los intereses legítimos de la porción vasca de España. Para

concebir y poner en práctica esa estrategia, debemos disponer los vascos de los instrumentos adecuados.

Y como los instrumentos adecuados para ese tipo de tareas son, en primer lugar, los partidos políticos,

llegamos a la conclusión de que los partidos políticos vascos deben planear y desarrollar esa estrategia

actuando eficazmente como tales en los órganos, a los que corresponde la dirección de la vida pública

española: es decir, en el Gobierno y en-las Cortes.

Frutos de una mentalidad aislacionista e insolidaria, el PNV y las otras fuerzas políticas de la corriente

nacionalista vasca no han sido hasta; ahora capaces de tener una «estrategia española» eficaz. Pudo

esperarse lo contrario de Acción Nacionalista Vasca en los días anteriores a la guerra cjvil (cuando

algunos de sus dirigentes fueron tildados de «vascos renegados, infiltrados del virus españolista»); pero

hace tiempo que ya no es así la presencia de este partido en la coalición Herri Batasuna habla por sí sola.

Hay, en cambio, grandes partidos implantados en España entera, cuyas secciones vascas pueden

y,deben hacer suyo el empeño y llevarlo a término con eficacia y con brillantez. El PC y el PSOE, en la

izquierda, UCD y la Coali,eión Democrática, en el centro y en la derecha, están en ese caso. Como tantas

otras cosas, en estos días de paradojas y de sorpresas, . es el PC el que mejor lo entiende y lo practica.

Coalición Democrática es de creación demasiado reciente para juzgarla ahorá¡ por sus resultados; pero el

hecho de que sus secciones vascas, Unión Foral y Unión del Pueblo Navarro, hayan surgido de unos

esfuerzos, que obedecen a preocupaciones genuinamente locales, como han sido las de sus promotores

respectivos, el alavés Pedro Morales y el navarro Jesús Aizpún, es ya de buen augurio. Lo que hace falta

es que esas preocupaciones y los esfuerzos por ellas inspirados se impongan al nivel de la dirección del

partido: cosa posible, dada la presencia en esta dirección de otro vasco, José María de Areilza.

Los dos grandes partidos

Pero, quiérase o no, ni el PC ni Coalición Democrática podrán , ser en las próximas Cortes más que

fuerzas de segundo orden, a las que harán sombra los dos grandes partidos llamados a influir más

decisivamente en los destinos españoles durante los años próximos: el PSOE y la UCD. Y aquí es donde

el electorado vasco tiene un papel importantísimo que desempeñar, a condición de encontrar en los

cuadros de mando de estos partidos la réplica adecuada.

UCD, pese a las defecciones que ha padecido en Álava y en Navarra, parece bien situada para hacer una

política que corresponda a las aspiraciones de una porción considerable de los electores de estas dos

provincias. En Guipúzcoa, donde este partido no ha existido hasta ahora, el ministro Oreja tiene

personalidad, dotes, conocimiento délos; problemas y empuje suficientes para erigirse, si sale elegido

(para lo cual, la conformidad de los electores le es indispensable) y si renuncia a ocuparse durante algún

tiempo de la política exterior española (para lo cual," le harán falta otras conformidades), en paladín de

una orientación original y eficaz de la política vasoaíde UCD. En Vizcaya, donde la ilusión de más de

90.000 votantes del 15 de junio fue inexplicable y lamentablemente defraudada, los hombres nuevos de

este partido tienen que derrochar imaginación y habilidad, para que sus electores vean que son —como en

realidad son— capaces de asumir una función que un amplio sector del pueblo brindó entonces a sus

antecesores, pero que nadie supo desempeñar en la legislatura que acaba de concluir. Claro está que, si el

apoyo popular no se renueva, nos quedaremos sin comprobar si los actuales candidatos de UCD saben o

no hacer honor a él. Pero supongo qué muchos electores vizcainosse darán cuenta deque si UCD carece

de «estrategia vasca» ola, tiene equivocada, será dificilísimo que se resuelvan los problemas vascos; de

que, si no hay en UGD un plantel relativamente numeroso de parlamentarios vascos, esa estrategia no

existirá o estará inspirada por quiénes saben poco, y entienden menos, de los problemas de Vasconia; y de

que, sin una abundante votación, ese plantel se quedará en mero proyecto, y la representación vasca en el

seno de un partido llamado a ser la primera o, cuando menos, la segunda fuerza política española, será

ridiculamente pequeña y, por ende, débil. Hay aquí un buen tema de meditación para los votantes del 1 de

marzo.

En cuanto al PSOE, y siendo de suponer que mantendrá sus posiciones en las cuatro provincias vascas

(quizá con alguna pequeña pérdida compensada por alguna pequeña ganancia), esperemos que sepa

profundizar más que hasta ahora su reflexión, y elaborar una «estrategia vasca» que obedezca menos a la

improvisación o al interés del partido, y más a la necesidad de sentarunas bases solidad, bien estudiadas y

preparadas, sobre las cuales construir pacientemente el futuro democrático, a la vez, de dichas provincias

y de España entera.

Es la conjunción armonizada de las «estrategias vascas» de los partidos españoles la que debe componerla

«estrategia española» de los partidos vascos, que tan acertadamente reclama Fusi Aizpúrua, dejando bien

claro que esos partidos españoles, en la medida en que están respaldados por los electores vascos, son

partidos tan vascos como cualquier Otro. Lo que hace falta ahora es, en primer lugar, que tales partidos

encuentren en estos electores la asistencia que necesitan para enviar a las Cortes un número considerable

de parlamentarios vascos; y a continuación, que coordinen y armonicen entre sí sus estrategias respectivas

poniéndolas al servicio del interés general del País Vasco, dentro del interés general de España, en vez de

servirse cada cual de su estrategia particular como arma en el combate partidista para ocupar el poder o

para conservarlo. Porque esto sería, además de un abuso, un grave error; y quizá sus electores vascos, ó

gran parte dé ellos, no se lo perdonarían.

 

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