Autor: González Márquez, Felipe. 
   El apoyo del pueblo es nuestra fuerza     
 
 El País.    25/02/1979.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

TRIBUNA ELECTORAL

El apoyo del pueblo es nuestra fuerza

FELIPE GONZÁLEZ

Candidato del PSOE al Congreso por Madrid

Vengo comprobando a lo ancho y a lo largo del país, en los múltiples contactos directos que la presente

campaña electoral me brinda, el inquietante aumento de los sentimientos de inseguridad y de esconfianza

que se están enquistando dentro de la gran esperanza del pueblo de plasmar la libertad y la solidaridad.

Si efectuamos una valoración política del proceso de democratización desde sus inicios hasta la

promulgación de la Constitución, pasando por el 15 de junio, hemos de concluir que, objetivamente, ha

sido un éxito y un ejemplo de equilibrio y madurez de las fuerzas populares. La causa de ese sentimiento

evidente de frustración no se encuentra, pues, en los resultados políticos básicos de la vía emprendida

hacia la democracia; no hace falta ahondar mucho para constatar que esos sentimientos de inseguridad y

de desconfianza proceden de una evidente desinformación pública sobre el desarrollo del propio proceso,

de la incapacidad de gobierno para amortiguar los costos de la crisis económica, de los intentos

minoritarios del terrorismo seudonacionalista o de extrema derecha para hacer fracasar la democracia y

de la impermeabilidad a todo cambio democratizador de las viejas y todavía supervivientes estructuras del

franquismo, que a nivel de actividad cotidiana hacen perdurar los antiguos esquemas de funcionamiento

autoritario e injusto. Hay que superar estas causas de frustración rápidamente, si no queremos que se

conviertan en una desmoralización definitiva y paralizante.

El deterioro sufrido por el naciente sistema democrático es imputable en su totalidad a la derecha

española, y, especialmente, a su gestor, la UCD. Mientras el pueblo ha dado sobradas muestras de

tranquilidad y de generosidad, la derecha española ha demostrado su incapacidad para encabezar el

cambio político y la modernización socioeconómica que España precisa en esta coyuntura histórica, de-

bido al bloqueo mental y a la esclerosis moral que sufre por el hecho de ser la heredera directa del

autoritarismo del reciente pasado. Su incapacidad conduce inexorablemente —como ya se está com-

probando— a la congelación de la democracia en su raquitismo actual, con sus secuelas de distorsiones,

tensiones y corrupciones en todos los ámbitos sociales, económicos y culturales. El estancamiento, de

persistir, producirá, a su vez, un desgaste progresivo que minará el ánimo nacional y amenazará

permanentemente la convivencia pacífica entre las gentes y pueblos de España. La democracia ha de

sentirse y vivirse en el municipio, en las fábricas, en las escuelas, en los hospitales, en las universidades,

en los talleres, y dejar de ser un instrumento abstracto para uso exclusivo de los políticos profesionales o

de los que estamos obligados a hacer política en razón de nuestro compromiso ideológico o moral.

El pueblo desea consolidar la auténtica democracia y sabe que puede lograrlo a través de su extensión y

de su profundización mediante una gestión firme y decidida en la que se integren y corresponsabilicen los

ciudadanos de carne y hueso y todas las nacionalidades y regiones de España.

Hay dos orientaciones claramente diferenciadas y opuestas entre sí. La que sustenta la derecha, la UCD,

que supone paralizar de forma más p menos enmascarada el proceso en curso para mantener las

posiciones de poder actual y los privilegios, al tiempo qué se intenta legitimarlas, y que por extrañas y no

claras razones estimula una cierta izquierda minoritaria.

La orientacRm que propugna la izquierda responsable y madura, que impone una dinámica de cambio

continuo, renovador y profundo, sin saltos bruscos, perq sin retenciones. La posición conservadora que

propugna el mantenimiento del statu quo actual, apoyada por cierta izquierda minoritaria en el Parlamento

y sectaria en sus planteamientos, llevará al país a la impotencia y a un permanente desgaste improductivo

de energías. La progresista, protagonizada por el PSOE, nos conducirá a convertirnos en un pueblo seguro

de sí mismo, condición indispensable para encarar con decisión el retó de hacer una sociedad justa.

Ante esta disyuntiva, el PSOE, por su historia, por su implantación actual, por su preparación técnica y

por su representatividad, es él partido mejor situado política y socialmente para ser el motor de la

alternativa progresista y transformadora y hacia él debe converger sin vacilaciones el respaldo popular

masivo para hacerla posible.

 

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