Autor: Pérez-Llorca Rodrigo, José Pedro. 
   Ambigüedad y semidesarrollo     
 
 El País.    25/02/1979.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Ambigüedady semidesarmüo

JOSÉ PEDRO PEREZ-LLÜRCA

Candidato de UCD al Congreso por Madrid

Desde el momento en que se pudo advertir con toda claridad que la Corona propiciaba el proceso de

cambio hacia la democracia, nuestro país se enfrentó a una opción decisiva: la del cambio mediante la

reforma o la del cambio mediante la ruptura. La de Suárez y la del PSOE.

La primera opción se materializó en el programa del Gobierno Suárez y después en el programa electoral

de UCD del 15 de junio. En esa ocasión, UCD expuso de forma explícita y con absoluta claridad su

estrategia y sus contenidos político-constitucionales, en una oferta electoral concreta que, avalada primero

por una mayoría de los electores, fue luego desarrollada y cumplida. Buena prueba de ello es el contenido

concreto de la Constitución democrática y hasta la convocatoria de las presentes elecciones.

La oferta rupturista, fundamen-talmente protagonizada por el PSOE, y de carácter radicalmente opuesto

en su estrategia, medios y fines, estaba y está explicada en las resoluciones adoptadas por el PSOE en

diciembre de 1976 en su XXVII Congreso y publicadas en las páginas 115 a 142 del libro editado por el

partido, actualmente «agotado». Sin embargo, en la campaña electoral del 15 de junio el PSOE no

explícito esa oferta política, ni en la televisión ni en los mítines. Eludió la confrontación programática real

de aquellas elecciones, cómo llevar el proceso de transición y qué contenidos habría que dar al

ordenamiento constitucional a desarrollar. La sustituyó por unas borrosas y nun-:a concretas

«alternativas» a otros sroblenias que no eran el eje esen-;ial de aquella contienda. Eso en la •adió y en la

televisión. Pues en los nítines, ni en el mejor de los casos, os contenidos fueron susceptibles le reducción

a una oferta política onereta, racional y moderna.

En momento tan fundamental, el PSOE escurrió su papel. Eludió definirse sobre lo que estaba en ´juego y

lo hizo porque sabía que el electorado prefería el esquema de transición UCD y había, por tanto, que

presentarse moderadamente y no discutirlo, por una parte, pero escabullir el cambio de postura ante su

militancia, por la otra. El producto resultante, referencias a los cuarenta años y a las eternas alternativas,

prometía éxito y no comprometía políticamente. Así sucedió.

Verificado el cambio según el esquema UCD, las elecciones del primero de marzo habrían sido una

magnífica ocasión para una confrontación programática. Es cierto que el texto constitucional ha zanjado

la discusión básica en cuanto a modelo de sociedad, sistema económico y estructura del Estado y que el

abandono total de posicio- • nes del PSOE en estas materias no fue, ni debe ser, criticado por quienes

desde un campo adverso, pero con una óptica pluralista, no quieren destruir y aniquilar a su adversario

como ellos a UCD y advierten la conveniencia de que dicho partido se vaya convirtiendo en una fuerza

política racional, moderna y europea, sin duda un muy largo camino por recorrer.

Sin embargo, la Constitución, aunque^menos que otras, deja res-, quicios-que permitirían presentar ahora

esas famosas alternativas socialistas. Y, en efecto, ahora que la gran incertidumbre se ha disipado, UCD

salió a la palestra a presentar, explicar y ofrecer, con el máximo ´• detalle, un programa concreto para

problemas concretos. Un programa coherente con unos principios ideológicosy su Congreso.

Pero el PSOE se camufla de nuevo. Elude la cuestión y presenta un programa ultramoderado, ni siquiera

socialdemócrata, cuya única nacionalización es la del Banco Rural y Mediterráneo, sin duda como un

rasgo de humor dirigido a su sufrida militancia. Sustituye la confrontación ideológica y programática por

la petición de un duelo al sol y en singular combate. Enfoca su campaña en la protesta por que televisión

no ignore que existe un Gobierno y en la pataleta de que las municipales tengan lugar un mes después y

no antes de las generales. Vale la pena recordar que las municipales se han convocado de acuerdo con los

plazos fijados por una ley votada por el PSOE y las generales en el momento exacto que pidió el XXVII

Congreso, al entrar en vigor la Constitución. Y, al mismo tiempo, nos sorprende con la defensa de un

programa liberal, individualista y antiestatalista, sin ninguna referencia al socialismo.

¿A qué obedece todo ello? A que los líderes del PSOE saben que, verificado el tránsito en la razonable

línea sostenida por UCD, las soluciones a los problemas concretos son sólo las que tolera la economía

española, desea la mayoríay ofrece el centro.

Pero como esa, evidencia no pueden admitirla, hay de nuevo que distraer la atención y levantar cortinas

de humo con otras cuestiones para eludir a cualquier precio la confrontación nó:,;ya ideológica, sino

incluso programática. ..´.

En el fondo, igual qué el 15 de junio el único contenido concreto diséerniblé era «nosotros somos más

demócratas», ahoía´laáceptación de las soluciones centristas se oculta "tras el contenido esencial de esta

campaña: «nosotros haremos la política del centro mejor que el centro».

Pero no es así. El PSOE, que habría sido el irremediable administrador temporal de los desastres de la

ruptura de haber triunfado esa opción, es claramente el peor dotado para administrar la política reformista

que exige la consolidación del proceso democratizador logrado al alto precio del consenso.

De la aplicación del programa del XXVII Congreso podría deducirse una oferta nítida y específica,

aunque netamente alejada de los deseos de la mayoría del pueblo español, pero mientras no cambien las

bases ideológicas, las actuales ofertas, bañadas de aparente cautela, sólo pueden, considerarse una

operación electoralista, sin conciliación posible con el programa de dicho Congreso.

En dos ocasiones electorales los dirigentes del PSOE han evitado pronunciarse entre militancia y

votancia. Pero, por mucha que sea la capacidad que se les atribuya, ¿es posible pensar que el PSOE pueda

asumir responsabilidades reales de gobierno, adoptar las medidas que el momento impone, con la

inseguridad que generaría su hipotético triunfo; rechazar la presión que inevitablemente ejercía la UGT y

sus bases izquierdistas, completar la modernización política del país, sanear la economía, encauzar las

autonomías y, al mismo tiempo, poner su propia casa en orden? ¿Y todo ello aplicando el PSOE un

programa dé centro? La aventura de. apostar, por todo y. al mismo tiempo, a nadie se le escapa. Y esa, y

no otra, es 1¿ cuestión.

Antes de acercarse al Gobierno, el PSOEvnec&sita clarificar sus /contradicciones en un congreso. Sería

trágico que ese Congreso se celebrase con los socialistas en el poder, porque sus problemas

internos percutirían no sólo sobre los votantes del señor González, sino sobre todos los españoles. Cien

años dan para mucho y ya en una hora crucial para España la ocasional mayoría izquierdista de un órgano

directivo del PSOE impidió a Indalecio Prieto constituir un Gobierno cuya existencia bien pudiera haber

alterado nuestros destinos.

Quien vota PSOE no vota sólo al señor González y a su aparente programa electoral, sino que pone los

destinos del país en manos de una mayoría de militantes con posibilidad de imponerse, inevitablemente, a

todos en el XXVIII Congreso. ¿Y si fueran los de Atar-fe? ¿O los de la pancarta de Fuéri-tevaqueros, o

los que pedían las 200.000 depuraciones?

Hace años, en un sugerente ensayo, señalaba Tierno Galván la ambigüedad que —según él— reviste la

ética cristiana en una sociedad semidesarrollada. El actual estado de desarrollo del PSOE le hace ser un

partido fundamentalmente ambiguo en sus perfiles, sus fórmulas, sus acciones y su estrategia.

La definitiva consolidación de la democracia, la modernización de España y la solución de nuestros

problemas no permiten llevar la ambigüedad al poder. Y si el país quiere tener realmente una alternativa

para el futuro, que se la deje madurar para que en próximas ocasiones pueda comparecer con genuinas

propuestas y con rasgos distintivos. Que consagren de nuevo o eliminen el marxismo es su problema. Que

no hablen de esta cuestión o la escamoteen en la televisión, lo es de ellos y de quieres ´puedan votarles,

fiórqüé pueden votar sin saber qu,^ votan. Que se clarifiquen de una vez es problema de todos.

Sería;trágico para ellos y para el país que tal clarificación y tales batallas internas tuvieran lugar desde las

líneas del Boletín Oficial del Estado.

 

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