Autor: ;Baena, Alberto. 
   Sí al divorcio, otro sí al divorcio     
 
 El País.    13/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Sí al divorcio

El editorial de EL PAÍS «Por una ley del divorcio», con la que por cierto estoy de acuerdo, suscitó una

carta al director (5 de julio) rebatiéndolo con una serie de argumentos, a mi juicio subjetivos y faltos de

una base lógica aceptable.

En primer lugar el orden moral, como el jurídico, cambia según la época histórica o el lugar geográfico

del globo, no existiendo en ninguna parte —y si no que me lo demuestren—, un orden moral único y

universal, por lo que es difícil aceptar qué el divorcio quiebre la conexión entre ambos. Más bien al

contrario, el orden moral imperante en la mayoría de las sociedades acepta la disolución de la pareja.

Segundo, que el divorcio afecte o no al mismo matrimonio, ya que Cristo lo instituyó como sacramentó,

es algo que no tiene nada que ver con las leyes, sino con un pensamiento religioso, y por cierto no

compartido por todos los católicos y cristianos practicantes; ; las leyes están para regular a todos los

ciudadanos, y muchos, como puede ser mi caso, no profesan religión alguna o bien pertenecen a otras. No

se puede imponer los criterios religiosos de una parte de la población a toda ésta.

Tercero, el bien común que tendría que mantener o negar la indisolubilidad del matrimonio es algo que

toda la población, corno parte, afectada debe decidir, y no ningún moralista o abogado.

Cuarto, la familia es una base importante de la sociedad, pero debe estar en función de los individuos que

libremente la componen para poder así ser útiles a la sociedad, ya que éstas existen en base a las personas,

y no, las personas en base a aquéllas. Además, la sociedad y la familia no son algo estático.

Quinto, el divorcio es un derecho de los ciudadanos y no le resta nada el que estuviese o no comprendido

como tal en la Declaración de las Naciones Unidas de 1948. Tampoco en su día era un derecho humano

reconocido el derecho a no ser vendidos como esclavos.

Sexto, no creo que se trate de imitar porque sí a Europa al establecer una ley del divorcio, sino de

implantar una ley humana útil y. aceptada por la mayoría de los españoles.

Séptimo. El divorcio no impide la reconciliación de los cónyuges ni engendra divorcio, sino que sanciona

legalmente a una pareja que no funciona. A malia Gómez Madrid

Otro sí al divorcio

Contesto a la carta que, en contra del editorial «Por una ley del divorcio» fue publicada en su diario él

martes 5-7-77, firmada por don Manuel Garrido.

Dice este señor que sus argumentaciones «quiebran la legítima conexión entre el orden jurídico y el orden

moral», afirmación que aún habría que poner en duda si consideramos «orden moral» él impuesto por la

Iglesia católica, pero parece olvidarse que este país no se ha declarado católico en las urnas, como lo

demuestra el hecho de que haya puesto su confianza en la izquierda y en la amalgama centrista, que sólo

cuenta con un pequeño partido confesional, y sin embargo ha dado la espalda a los que utilizaban la

religión como arma electoral.

En cuanto a que Dios había querido qué el matrimonio fuese indisoluble antes de que Jesucristo lo elevase

a la categoría de sacramento, le remito a la Biblia (en Mt. 1-19 se dice expresamente que San José

«resolvió repudiarla-—por María— en secreto» al ver que estaba encinta sin su intervención). En una

edición de la Biblia de Jerusalén, que cuenta con el «nihilobstat» y el «imprimatur» en 1966, en una

anotación al pie de página, a propósito de Mt..19-9, se dice: «Esta solución, en la que no se pensó

mientras el divorcio estuvo permitido...», es evidente que hasta que no se institucionalizó como

sacramento, era legítimo el repudio de la mujer y el posterior matrimonio con otra.

En cuanto a que no existe el derecho al divorcio en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948,

lleva usted razón; pero argumentar eso en contra del divorcio me parece tan poco serio como argumentar

que tampoco existe el derecho a impedir que la gente se divorcie en la citada declaración. El que la

monarquía haya firmado la declaración citada no significa que los únicos derechos humanos que existen

son los que ahí vienen expuestos.

Por último alude usted al Anuario Demográfico de la ONU, según el cual «poseen índices mayores de

criminalidad juvenil, consumo de estupefacientes, a la vez que aparecen trastornos o perturbaciones

síquicas y aumentan los porcentajes dé hijos ilegítimos» los hijos de divorciados. ¿Habla ese anuario de

los índices de criminalidad juvenil, consumo de drogas, perturbaciones síquicas que aparecen en los hijos

de matrimonios mal avenidos, que están obligados a soportar batallas campales en su casa y a respirar

violencia desde su nacimiento? Alberto Baena Málaga

 

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