Autor: Porcel, Baltasar. 
   Aviso sobre las Fuerzas Armadas     
 
 ABC.    16/10/1982.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

SÁBADO 16-10-82

tomas de posición

Aviso sobre las Fuerzas Armadas

Por Baltasar PORCEL

En todo este nuevo episodio del proyectado golpe militar lo único que queda muy claro en el ánimo de la

opinión pública, cuando me dispongo a escribir este artículo, es el desprestigio del Gobierno, la creencia

de que se halla sumido en una extrema debilidad. Porque si esa «Operación Marte» es tan terrible como se

anunció, ¿por qué no ha habido más detenciones? Y si sólo consta de tres presuntos implicados, ¿cómo se

la ha revestido de tantísima importancia? Porque esto de levantarse ef 27 de octubre y tomar en Madrid

Ministerios, cuarteles, emisoras: de radio, TVE, Barajas, la Moncloa, Ja Zarzuela, amén de «neutralizan»

a una serie de personalidades, a la par que en el resto de España apoderarse de las Capitanías Generales, y

hacerlo todo a base de comandos con refuerzo artillero que sólo tardaran dos o tres horas en culminar el

plan, requiere una red de complicidades y organización literalmente fabulosa, sin contar con

entrenamientos y exámenes para adecuar la logística a la práctica operativa. Desde luego, centenares de

oficiales tendrían que estar ya a punto dé echarse al asalto con miles de soldados y suboficiales

especialmente seleccionados. Pero sólo son acusados dos coroneles y un teniente coronel, lo reitero, que

al parecer ni siquiera Contaban con mandó directo de tropa. ¡Ya únicamente veinte días del Día D!

Porque hay qué confiar en que no haya ahí electoralisrno ucedista... Cuidado: no pretendo minimizar ia

posible intentona. Tenemos las declaraciones oficiales y los quinientos y picó folios con planos, listas y

análisis. Hay sectores de la sociedad española y del Ejército con una ideología y un temperamento

político que no admite de ninguna manera a España tal cual es y a la que desearían ver destruida para

exaltar sobre sus cenizas la bandera dé su grupúsculo. Son Ía ETA, los ultras de la derecha, el GRAPO,

Miláns del Bosch y Tejero, etc. Con una clara gradación de gravedad, además, que se centra en e) País

Vasco, a través del decisivo componente nacionalista, y en las Fuerzas Armadas, por haberles sido

inculcada una especial noción del patriotismo y por la naturaleza de las mismas, que les confiere un poder

materia! absoluto. La «Operación Galaxia», el «Manifiesto de los Cien», la toma de) Congreso, la

desgraciada incidencia golpista de ahora pueden muy bien ser simples eslabones dé lo que cualquier día

se convierta en un brutal y sangriento, triunfante golpe de Estado. Hay que luchar contra elfo sin

descansó. Por lo cual asombra, insisto, lo. ocurrido ahora, por mucho que el Gobierno afirme que controla

la situación. ¿Qué situación?, se pregunta uno otra vez. Si todo iba a ser tan vasto y sangriento como lo ha

pintado el ministro del Interior, ¿se impedirá con una simple vigilancia, con el mecanismo-de unas

investigaciones que la inmensa maquinaria del golpe se paralice? Es que, de estar tan preparado, como se

afirma, con una simple consigna transmitida por teléfono les bastaría a los sediciosos para, al menos,

desencadenar en diez minutos un principio de guerra civil. No insistiré más sobre el tema. Pero para traer

a, colación alguna otra anomalía, menos espectacular, pero acaso tanto o más significativa: la evidente

contradicción que hay entre la actitud del Ministerio del Interior y el de Defensa en torno,a la valoración

de la «Operación Marte. Mientras Juan José Rosón ha sido quien la ha presentado llena de tintes negros y

de inmediato y enorme .peligro, Alberto Oliart se ha casi limitado a reconocer su existencia, y aun

condicionándola en muchos,aspectos, yendo siempre y con sordina a remolque de Interior. Acaso en esta

diferencia resida uno de los principales problemas de fondo cara a la solución del problema. Se habla

mucho de que los militares, p determinados militares que manifiestan su hostilidad al actual Estado,

deben acatar la Constitución, es decir, la voluntad de la soberanía nacional, que reside en el pueblo. Desde

luego nadie discutirá este, principio. Como queda fuera de toda cuestión; que las leyes deben ser

obedecidas. Pero en la práctica, obviamente, las cosas resultan mucho más complejas, y tanto como

legislar hay que estudiar la manera de que la gente acepte y respete dicha legislación. Y que esto ocurra

aquí, .porque muy distinto sería el mismo problema trasladado a Estados Unidos o a Holanda. Desde hace

un siglo el Ejercito español ha creído y se le ha incuf-cado que es el arbitro supremo de la patria, y

entendiendo ésta según un esquema tradicionalista,: jerárquico y conservador, para decirlo con brevedad.

Con el agravante de que han sido solicitadas sus intervenciones armadas, aplaudiéndolas durante largos

periodos de tiempo muchísimos ciudadanos: Martínez Campos y la restauración, .Primo de- Rivera y la

dictadura, Franco y el Estado nacionaí-sindicalista, etc. ¿Cómo, pues, adecuar esta realidad, esta enorme

realidad, a unas nuevas circunstancias? El que diga que; basta con exigir sencillamente el acatamiento

constitucional sabe que falsea por abstracción los términos del problema. Al igualque hace demagogia

aquel que sostiene pue comprendiendo dicho problema se aceptan sus presupuestos. No. Los dos jefes de

Gobierno de UCD, Adolfo .Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo, parece como si hubieran considerado la

cuestión militar desde un mismo ángulo, que lía basculado entre el maximalismo y la negligencia. No hay

que olvidar que el golpe del 23 defebrero –o los tres golpes que coincidieron: el de Armada, el de Miláns

y el de Tejero—se había gestado en contra de UCD y de Adolfo Suárez. Lo que no excusa ni un ápice a

los conspirados, a sus tanques-y metralletas. Pero revela una inaudita crispacion entre la milicia y un

todavía más inaudito desconocimiento de la situación por parte del presidente del Gobierno y de su

vicepresidente militar, el general Gutiérrez Mellado!. Adolfo Suárez, en un principio, se entendió´ incluso

cordialmente con el Ejército. Pronto, sin embargo, comenzó tanto a relegar sus reuniones con los jefes

militares como a saltarse compromisos y normas que iban desde la sorpresa con que eí Viernes Santo

anunció la legalización .del PC hasta a disponer de ascensos y nombramientos al margen de los usos

establecidos. Quien en el seno del Ejército encarnó esta política fue sustancialmente el teniente general

Gutiérrez Mellado —cuyo valor en el Congreso frente a los facinerosos nunca será suficientemente

alabado-—¡ ocasionando un grado de tensión exacerbadfsimo, Incluso contra su persona, .. El presidente

Suárez negligtó esta realidad, llevando" adelante sus por otra parte admirables maniobras políticas de la

transición. Pero sin darse cuenta de que una parte capital de su fuerza para hacerlo le venía dada,

precisamente, por el apoyo militar —y no exactamente por su acatamiento constitucional— al nuevo

Estado que se estaba configurando. Usar a las Fuerzas Armadas menospreciándolas era imposible.

Leopoldo Calvo-Sotelo, al parecer, ha sido más ambivalente en su actuación, pero desde ´una perspectiva

idéntica a la suarista. Primero, negándose a nombrar un ministro de la Defensa militar, |o que debió

considerar vejatorio para e! poder civil, supongo que imaginando qué el Ministerio de Rodríguez Sahagún

había sido algo más que un pintoresco vodevit. Después, con su extremada reacción ante las sentencias

del juicio del 23 de febrero. Si en realidad tuvo un día para preparar su declaración, y no sólo unas horas,

como se ha dicho, ¿cómo no aceptar; con tranquilidad las ejemplares condenas contra los principales

implicados, dejando para un discreto segundo término —sin por ello perder nada de su efectividad— su

discrepancia sobre otras condenas? Escasísimos editoriales de Prensa, para poner un ejemplo y no

precisamente militarista, fueron los que .reaccionaron de mánera distinta. Calvo-Sotelo contestó igual que

Adolfo Suárez, en la ^práctica .una descalificación en bloque, en buena parte injusta ante ¡a realidad dé

los hechos y desde luego fatal cara al necesario entendimiento con el brazo militar. Paralelamente, sin

embargo, Leopoldo Calvo-Sotelo ha situado a Alberto Oliart en et Ministerio de Defensa. Y este ministro

ha actuado, o lo ha hecho hasta cierto punto, de un modo harto diferente ai de Calvo-Sotelo. Lo revela,

una vez más, el debate de estos días en torno a la «Operación Marte»; la prudencia de Oliart, en contraste

a la exaltación de Rosón --tan cauto y eficaz, !an excelente ministro del interior por lo demás— y, en

definitiva, de Calvo-Sotelo, que ha sido quien ha dado á esas detenciones el sesgo sensacionalista e

incongruente que vienen teniendo, o que lo ha permitido. La experiencia ha demostrado que Alberto

Oliart ha establecido un amplio y cada vez más comprensivo diálogo con las Fuerzas Armadas, ío que ha

contribuido decisivamente a que la atmósfera en ios cuartos de banderas se distendiera, a que pudiera

celebrarse-y con notable efectividad el juicio del 23 de febrero, a que la trama golpista sólo esté dando

vueltas, al parecer, en torno siempre a/las mismas personas, a que comience a aplicarse un amplio plan de

adecuación del Ejército a ios nuevos tiempos y que abarca desde su ´formación académica hasta el

rejuvenecimiento del escalafón, .etc. Sí esta «Operación Marte» se halla tan localizada y a la postre

controlada, ¿no será también un efecto de dicha política de acuerdos y de-sintoxicáción? Recordemos i´a

confusión que existía entre determinados altos ambientes castrenses el 23 de febrero del pasado año,..

Excuso añadir que Alberto Oliart y su línea de actuación son •viva;-mente contestados por los sectores

partidarios de una política de en-frentamiento y fuerza. Se ¡e acusa de tibieza, de marginar a los militares

«democráticos»´ de los puestos de mando c!ave —-´en iá JUJEM, en la Capitanía General de Madrid, en

otros despachos— en beneficio de jefes más opacos o dudosos; de una táctica errónea, en suma, por

cuanto los golpistas´ continúan conspirando sin cesar. En todo caso, una terrible burla se está sucediendo

sin que el ministro de .Defensa o el Gobierno la atajen con energía:-´el lujo, las infinitas facilidades, la

chulería con que viven algunos golpistas en su lugar de reclusión —como pasa con el teniente coronel

Antonio Tejero Molina— o estos discursos dé Blas Pinar, que el otro día aconsejaba a gritos en un cine

madrileño que todos quienes estuvieran «contra e! sistema, qué voten a Fuerza Nueva». ¡Y ahora, Tejero

Molina hasta saldrá en televisión para popularizar aún más su zarzuelera imagen y sus zafias y peligrosas

ansias de destrucción! "Día 29 de octubre, en fin, esta dicotomía será. la políticamente más grave que

tendrá que dirimir el nuevo Gobierno. Él diálogo o la fuerza, resumiente- este «aviso», O una infinita

habilidad para trnc^ ner, con autoridad, un tira y afltf* *

 

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