Autor: Armas Marcelo, Juan José. 
   El general no tiene quien le escriba     
 
 Diario 16.    02/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

J. J. Aunas Marcelo

El general no tiene quien le escriba

Una insólita noticia acaba de saltar por encima de las barreras del entusiasmo de las últimas elecciones, y

ha ocupado lugares de cierta importancia en los medios informativos. Un general español ha dejado

voluntariamente su lugar de mando y ha decidido retirarse de las Fuerzas Armadas españolas. Diferentes

motivos parecen encontrarse en la etiología de una determinación tan importante para un militar de tan

alta graduación. Según noticias, el general Luis Pínula ha tomado esta decisión como irrevocable,

aduciendo especialmente razones personales, frente a las que nadie puede entrar a discutir. Es obvio y,

además, reconocido el talante democrático y liberal del general de división Luis Pinilla, respetuoso

siempre con la Constitución que los españoles se han dado. Es obvio y notorio que hombres de su talla

moral y de su formación intelectual no son abundantes hoy por hoy, en las escalas sociales del mando

español. Y cuando decimos mando, no estamos hablando específicamente del Ejército, sino de la clase

que ejercita el poder en España, de la clase política y de. la clase que maneja los entresijos del poder, el

Gobierno y la gloria de nuestro país de maravillas. Cabe ahora preguntarse, sin metafísicas de ningún

género¡ por la razón última de esa determinación definitiva de un hombre de la envergadura humana de

Luis Pinilla. ¿Sé agotó, acaso, la paciencia de un ciudadano de uniforme, hasta el punto de decidir el

mutis por el foro y retirarse de su vocación vital, la milicia? ¿Quién o quiénes son (o somos) culpables de

una determinación de esa categoría? El general Luis Pínula, según los expertos, es un hombre, un

ciudadano libre de toda sospecha, alejado de todo rumor y naturalmente incorporado a los tiempos que

vivimos, llenos de temores, pero también de esperanza: Cabe ahora, en la hora de la reflexión y la pérdida

de un militar tan exigente como democráticamente homologado, intentar buscar esas razones que se nos

escapan entre los dedos de la mano, como si de agua se tratara. Ni España ni sus Fuerzas Armadas pueden

permitirse, en ningún momento, la pérdida del activo (y positivo) humano que tiene a su alcance.

Las altas competencias del Estado, y en este caso el ministro de Defensa, tendrían —tal como están las

cosas a estas alturas del rumor— que dar el do de pecho, un verdadero golpe de ánimo y sacar del

marasmo a esos militares que, agotados en la espera más inicua y estéril, deciden tomar las maletas y

dejar colgado el uniforme militar España no debe permitirse pérdidas como las del general Pinilla,

demócrata militar donde los haya. Nosotros, los dudada, -tíos de a pie, tampoco podemos permitir que se

canse a esos militares demócratas hasta el hastío y el abandono. Ya se ha avisado al nuevo Gobierno de

los peligros que entraña un olvido de este género. El nuevo Gobierno socialista, salido de las urnas con la

esperanza, debe dar a cada uno lo suyo y asumir las esperanzas y las ambiciones legales de los militares

demócratas de este país. Máxime si pesa sobre ellos el respeto más severo a la Constitución española.

 

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