Autor: Dávila, Carlos. 
 Todos, excepto, AP, consideran intolerables las declaraciones de Soteras. 
 Los grupos políticos temen una escalada en la presión militar     
 
 Diario 16.    15/09/1983.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Todos, excepto AP, consideran intolerables las declaraciones de Soteras

Los grupos políticos temen una escalada en la presión militar

Las declaraciones del teniente general Soteras Casamayor produjeron una «gravísima preocupación» erí

todos los ambientes políticos, donde se pensaba ya ayer —momentos antes de la resolución del Consejo

de Ministros— que tales manifestaciones no tenían justificación alguna y deberían ser seriamente

sancionadas por el Gobierno con el cese.

Carlos DAVILA, corresponsal político

Madrid — Momentos antes de que el Consejo de Ministros decidiera la destitución del teniente general

Fernando Soteras Casamayor del mando de la Capitanía General de Valladolid, la impresión generalizada

en. los medios políticos españoles era que las declaraciones del capitán general de la Vil Región Militar

constituían la última ola de una cascada que ha anegado la tranquilidad política y militar. Todos los

partidos estudiaban con especial interés las declaraciones de Soteras, que inciden en dos puntos: el golpe

del 23-F estaba justificado y a sus autores hay que indultarles cuanto antes. LOS partidos políticos de la

oposición y, principalmente, el Demócrata Popular, que preside Osear A/zaga, aseguraban que el

Gobierno no tenía otro remedio que destituir al capitán general de Valladolid, porque, en otro caso, e^

poder civil quedaría seriamente mermado en su autoridad ante el nuevo desafío dé un oficial general del

Ejército. Los democnsuanos se mostraban ayer enormemente pesimistas sobre el estado de crispación en

ios ambientes castrenses y sugerían que Soteras Casa-mayor había pronunciado, sencillamente, el último

de una serie de «toques de atención», que ni siquiera se.sabe si se pueden dar por terminados. En

cualquier caso, la oposición creía unánimemente que el alegato de Soteras ha sido una clara falta dé

disciplina y que, como tal, puede ser castigado. ¿Qué hará entonces la oposición? «La oposición —

respondían— debe quedarse callada, porque en estos temas existe muy escaso margen de maniobra.» El

ex vicepresidente Suárez que tiene una especial sensibilidad por el papel de las Fuerzas Armadas en la

sociedad democrática española, calificaba ayer; a Diario 16 de «intolerables» las declaraciones de Soteras

y aseguraba: «Pero, ¿cómo se puede hacer profesión de monarquismo y de democracia desde posiciones

en las que, precisamente, se está atacando la Monarquía constitucional y se defienden tesis

antidemocráticas:´» Suárez coincidía con la minoría ^parlamentaria catalana en el Congreso de los

Diputados en temerse una «escalada» del poder-militar, si el Gobierno no pone coto a manifestaciones tan

claramente desestabilizadoras Los démocristianos, en este mismo sentido, manifestaban que ya en el mes

de agosto otro capitán general, esta vez cesante, se había permitido manifestaciones de apoyo al golpismo

sin que el ministro de Defensa y el Gobierno hubieran actuado punitivamente. Otro de los aspectos que se

entrevén,´según los círculos políticos, en los argumentos del general Soteras, es la reivindicación de la

«autonomía .militar», un concepto extraconstitucional que los militares —o algunos muy

caracterizados— pretenden acuñar cuando, por ejemplo, señalan su dependencia casi exclusiva de la Junta

de Jefes de Estado Mayor, olvidando que ésta se encuentra directamente ligada al poder civil por medio

del Ministerio de Defensa. Pero, sin duda alguna, el punto .que más ha preocupado entre todas las

inquietantes manifestaciones del general Soteras es la justificación del «motivo» golpista, una

justificación que ha construido sobre l-as mismas claves que -utilizaron los propios involucionistas.

Todos los partidos, excepto Alianza Popular que hasta ahora no se ha pronunciado, indicaban que el

llamado «desgobierno» no puede ser base de actuaciones ilegales como ia efectuada por Milans,: Tejero y

Armada. Molins, portavoz dé los catalanes en (a Comisión de Defensa del Congreso, decía: «Sólo puedo

recordar la famosa anécdota del a/miran te inglés que se quejaba ante su primer ministro de la falta de

capacidad del Gabinete, y que recibió una respuesta similar a ésta: La próxima vez no nos vote: El

ciudadano normal se comporta retirando la confianza en las urnas y los militares deben acostumbrarse a

saber que son ciudadanos norma/es.» Finalmente, y en cuanto al indulto de los golpistas, los partidos —

salvo,; claro está, Afianza Popular, que no ha tenido a bien pronunciarse— se muestran absolutamente en.

contra porque, piensan que el momento no es propicio para. conceder la gracia del perdón a unos jefes

militares que pusieron en serio peligro el orden constitucional. El- argumento, también usado, por

Soteras, de que el golpe fue incruento, se cae por su ¿ase, según opinión extendida de todos los partidos

demócratas, porque la actuación de Tejero en el Congreso pudo provocar una «masacre», una carnicería

con la que repetidamente amenazó a diputados,, periodistas e invitados, si no cumplían estrictamente sus

órdenes. El Partido Socialista esperaba ayer la rápida declaración del Gobierno sobre la crisis militar;

pero uno de sus - portavoces, -que dijo aplazar su pronunciamiento hasta que se produjera la decisión del

Gabinete que preside Felipe González, afirmó textualmente a Diario 1.6: «Las frases que ha vertido el

teniente general Soteras son las más graves que se han oído no sólo contra este Gobierno sino contra

cualquier Gobierno democrático.» Por su parte y finalmente, el secretario general adjunto del PCE,

Enrique Curiel, consideraba «inaceptables» las manifestaciones del general Soteras, pedía al Gobierno el

inmediato cese en la Capitanía General de la VIl Región Militar, e indicaba que «la sentencia del Tribunal

Supremo contra los golpistas debe ser respetada en su integridad».

 

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