Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La urna y la pantalla     
 
 ABC.    25/11/1985.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Escenas políticas

LA URNA Y LA PANTALLA

EL triunfo de Coalición Popular, de! moderantismo, la prudencia y la política de mano tendida de don

Gerardo Fernández Albor, y el personalísimo de don Manuel Fraga en su tierra de Galicia no deja de tener

un significado muy expresivo, a pesar de estar cantando en los sondeos previos a la elección.

Los populares habían puesto muy alto el listón de sus aspiraciones: en la mayoría absoluta. Según los

datos que hasta ahora se conocen, cuando sólo falta para terminar el recuento algún dato de La Coruña,

esas aspiraciones han quedado solamente a uno o dos escaños. De los 71 escaños del Parlamento gallego,

Coalición Popular obtiene 34 ó 35. Un gran triunfo. Sin rodillo, pero un gran triunfo. Casi hay que

felicitarse de que incluso las victorias más claras y contundentes no lleven aparejado el rodillo. Eso es una

garantía de moderación.

Coalición Popular logra un avance espectacular en votos respecto de las últimas elecciones: las generales

del 82. Gana casi cinco puntos, aproximadamente los mismos que pierde el Partido Socialista. Con estos

resultados, el partido de Fraga, alimentado y fortalecido por las coaliciones posteriores, pasa de un 12 por

100 en las elecciones del 77 a más del 40 por 100 de votos en estas de ayer.

Otro hecho significativo es el buen resultado alcanzado por Coalición Gallega, heredera en parte de la

UCD. Don Pablo González Marinas, con un equipo joven y con una campaña electoral inteligente ha

superado con mucho las previsiones de los sondeos y las encuestas. De tres a seis escaños se le daban, y

ha obtenido once o doce, según los datos que tengo a la vista, todavía no definitivos, pero muy cercanos

al final. Entre Coalición Popular y Coalición Galega, o sea, el centroderecha, se llega a casi los cincuenta

escaños, los mismos -algunos menos- que la suma de UCD y AP en las anteriores. Queda claro, como ha

afirmado Fernández Albor, que Galicia no es socialista. Y éste es un dato que puede abrir la esperanza a

quienes piensan que España tampoco lo será en las elecciones del año próximo. Nuestros socialistas

pueden perder, como les ha sucedido a los socialistas portugueses y como parece que sucederá a los

socialistas franceses.

Oíros datos menos relevantes, pero también dignos de reseña, son la desaparición del mapa electoral de

Galicia de dos formaciones políticas: el Partido Comunista y el partido de don Alfonso Suárez. El

material procedente del derribo del centro se reparte entre Coalición Popular, Coalición Galega y -menos-

el socialismo. Por lo que se sabe, el CDS no hereda ni un escaño de la vieja UCD, y su líder, Adolfo

Suárez, pasa a ser un líder sin representación parlamentaria en Galicia. Las divisiones internas del Partido

Comunista y su escisión en varios grupos ha dado en Galicia su fruto negativo.

Pero lo que más me ha chocado de estas elecciones gallegas ha sido, sin duda, la «guerra de las cifras» en

la noche electoral. Los socialistas y algunos sondeos particulares iban por un lado; la Xunta y Coalición

Popular iban por otro. Los socialistas afirmaban que CP quedaba lejos de la mayoría absoluta. El

candidato Fernández Laxe ya se disponía a formar Gobierno en Galicia con el apoyo de todos los

restantes partidos. Don Alfonso Guerra, desde la Moncloa, firmaba el fin del Gobierno del centro-derecha

en Galicia. Se trataba de pequeñas diferencias: dos o tres escaños, pero los suficientes para convertir en

derrota la gran victoria aliancista. Hubo comentarista de televisión que preguntó a don Alfonso Ossorio si

Fraga se retiraría de la política después de estos datos.

Lo más pintoresco de la noche electoral gallega es comprobar, una vez más, pero de manera risible, que el

país va por un lado y los socialistas y su televisión por otro. Las urnas dicen una cosa y la pantalla de

Calviño la contraria.

Jaime CAMPMANY

 

< Volver