Autor: Prados de la Plaza, Luis. 
   Los resultados y las costumbres     
 
 ABC.    25/11/1982.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Contraventana

LOS RESULTADOS Y LAS COSTUMBRES

Inevitablemente, después de la espera, la fiesta y el cansancio, todos los políticos se han retirado de las

pantallas y de los micrófonos con un aire de triunfo que cuesta trabajo entender. Más o menos, como

siempre. Se lo han tomado como costumbre. No sé cómo se las arreglan para explicar, uno por uno, que

cada cual valora muy positivamente los resultados de esta consulta y que su partido considera (aquí, un

matiz y un vocablo que no me gusta nada) que se puede o no se puede «extrapolar» las cifras...

Acostumbrados a pronosticar la victoria y a levantar los brazos, como si de verdad hubieran arrasado

todos, los políticos no suelen dar su brazo a torcer fácilmente, y mucho menos en las primeras horas del

batacazo. Negar la evidencia es signo característico en la fórmula de fidelidad de los candidatos, muy por

delante, por supuesto, del propio cumplimiento de las promesas electorales.

Me cuentan -y no puedo creérmelo- que don Alfonso Guerra tiene previsto otro viaje a Galicia para seguir

repasando con sus habituales improperios algunas fantasías y pronósticos de lágrimas que se le han

quedado en el maletín, con las prisas. La vehemencia no es la mejor virtud. Y el buen ejemplo para

demostrar que el vicepresidente del Gobierno es capaz de tirarse en paracaídas, en cuanto se pone en

trance, nos lo acaba de brindar su compañero don Felipe González, prudente a más no parar para

explicarnos tos verdaderos motivos de su excursión a bordo del yate «Azor». Aunque se haya servido de

las páginas de «The Washington Post», no queda más remedio que reconocerle agudeza al presidente del

Gobierno por la idea de aprovecharse de un crucero de placer para «finalizar el simbolismo negativo de

cuarenta años de franquismo». De no haber sido por el riesgo arrostrado de hacer naufragar, de paso, el

simbolismo del partido obrero, a estas horas bien podría considerarse la intuición y la jugada como la de

un maestro. Muy fino lo del simbolismo.

Los resultados de Galicia están llenos de victorias simbólicas, clavo ardiendo al que se agarran desde los

que no ganan hasta los que pasan gloriosamente inadvertidos. Ese sí que es un milagro electoral:

conseguir que muchos españoles se vayan a la cama sin el menor síntoma de perplejidad y con el

convencimiento de la «extrapolación» para que los mensajes y los avances de resultados le casen y

lleguen a soñar tanto éxito y tanto regocijo por un descalabro que ni rebozado se puede entender. Todo un

juego del absurdo.

Ganar, lo que se dice ganar, no han podido ser todos. La valoración, por mucha retórica con que se

adorne, tampoco tiene vuelta de hoja. El arte de explicar una tabla exacta por métodos tan apasionados

como pintorescos no deja de ser un soplo de magia verbal que, acaso, sirva para desinflar poco a poco los

ardores de la campaña.

Mientras se reponen del esfuerzo los señores candidatos, tanto los triunfadores como los demás, resulta

saludable la recomendación de que nadie olvide los parlamentos de las últimas semanas. Lo único que no

debe fallar en el futuro inmediato es el cumplimiento de las promesas, la responsabilidad de los

programas y el respeto al electorado. Porque los gallegos, todos los que ponen sus anhelos en la tierra y

en el mar de Galicia, sí que merecen sentirse ganadores después de estas elecciones del otoño de 1985.

Luis PRADOS DE LA PLAZA

 

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